REFLEXIONES ESPIRITUALES
 

Introducción

Las tentaciones de Jesús en el desierto (Mt 4,1-11)

La buena nueva de las bienaventuranzas (Mt 5,1-12)

Las exigencias de la vocación apostólica (Mt 8,19ss)

«Y se transfiguró ante ellos» (Mt 17,1-9)

Su presencia en medio de nosotros (Mt 18,20)

El celibato por el Reino de los Cielos (Mt 19,10-12)

«Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» (Mt 19,16-19)

El peligro del fariseísmo (Mt 23,1-12)

La caridad como forma de la vigilancia evangélica (Mt 25,31-46)

La llamada a un seguimiento especial (Mc 1,16-20)

Designó a doce para que lo acompañaran (Mc 3,13-15)

Los unos al servicio de los otros, en la caridad (Mc 10,42-45)

Una familia reunida en torno a la eucaristía (Mc 14,12-25)

El anuncio y el «sí» que cambiaron la historia (Lc 1,26-38)

¿No sabíais que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre? (Lc 2,40-52)

El Espíritu Santo, nuestro compañero de viaje (Lc 3,21ss)

Libertad de espíritu para la evangelización (Lc 4,16-30)

A los pies del Maestro (Lc 10,38-42)

«Jesús, acuérdate de mí» (Lc 23,33.38-43)

Comunión de corazones, comunión de bienes (Hch 4,32-37)

El seguimiento de los discípulos, llamados a dejarlo todo (Jn 1,35-51)

Jesús y el alimento de la voluntad del Padre (Jn 4,31-34)

La misión de Jesús es cumplir la voluntad del Padre (Jn 6,37-40)

La unción de Betania y el derroche del amor (Jn 12,1-8)

El lavatorio de los pies: una vida según la lógica del servicio (Jn 13,1-5)

Permanecer unidos, amándonos como él nos ha amado (Jn 15,9-17)

Jesús ora por la custodia de los discípulos (Jn 17,11b-26)

La maternidad espiritual de María (Jn 19,25-27)

La carrera de Pedro y Juan al sepulcro vacío (Jn 20,1-10)

Liberados por el Espíritu de Dios, nos atrevemos a decir: «¡Padre!» (Rom 8,14-17)

El consejo de Pablo: «Preocupaos de las cosas del Señor» (1 Cor 7,25-35)

Los dones del Espíritu, una riqueza al servicio de la comunidad (1 Cor 12-14, passim)

Que por encima de todo esté la caridad (1 Cor 13)

Espíritu y libertad (Gal 5,16-26)

El amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento (Ef 3,14-21)

La kenosis del Hijo, modelo de obediencia al Padre (Flp 2,5-8)

Perderlo todo, para ganar a Cristo y configurarse con él (Flp 3,7-11)

«Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad» (Heb 10,5-10)

Llamados de las tinieblas a su luz admirable (1 Pe 2,9ss)

Redimidos de entre los hombres como primicias, cantamos un cántico nuevo (Ap 14,1-4)