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H O M I L Í A

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DOMINGO V DEL
TIEMPO ORDINARIO

CICLO A

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¿Qué sentido tiene ser cristiano en el mundo de hoy? Pues bien, el evangelio nos da una respuesta a través de dos símbolos sobre cuyo significado no hará falta hacer grandes especulaciones. El cristiano está llamado, en primer lugar, a ser sal de la tierra. Con la sal damos sabor a las comidas. De lo que se desprende que el cristiano está llamado a dar sabor a la vida...

¿Qué significado tiene la sal? Indica las funciones de purificación, de dar sabor, de conservar aquello perecedero, de dar valor, etc. Aplicado a los discípulos indica que con sus obras y su testimonio del Evangelio han de dar sabor y valor a la humanidad. «Si la sal se vuelve sosa...»: Lo que los discípulos pueden perder es la capacidad de manifestar, con sus obras y su testimonio, el Evangelio. Esta posibilidad de fracaso se aplica a la imagen de la sal, subrayando que, de la misma manera que sería totalmente inútil una sal que no tuviera sabor, también lo sería la comunidad si no hiciese presente en el mundo las obras de la fe.

Vosotros sois la luz del mundo, nos dice Jesús. Y si la sal era importante, la luz todavía lo es más. Sin luz la vida seria imposible. La luz es la que nos permite ver las cosas en su realidad y andar por el camino correcto. En cambio, si vamos a oscuras, lo más normal es que nos caigamos o causemos destrozos. La luz tiene una gran fuerza simbólica: en todos los tiempos y culturas el ser humano ha buscado la luz de la verdad, ha buscado poner luz a los interrogantes más profundos de la existencia. La fe en Jesús Resucitado es la luz que puede dar respuestas a todas las inquietudes del hombre. 

La imagen de la luz nos es familiar, porque a menudo es usada en los evangelios. Pero nosotros estamos acostumbrados a aplicarla a Jesús. En efecto, él mismo nos dice en otro texto: Yo soy la luz del mundo, y el que me sigue no anda en tinieblas. Aquí, en cambio, no se nos dice que Jesús es la luz del mundo, sino que nosotros somos la luz del mundo. Se trata, por tanto, de darnos cuenta de que todos nosotros, los seguidores de Jesús, estamos prolongando la acción de Jesús en cuanto damos testimonio de él. Nosotros seremos la luz del mundo si somos capaces de aportar a nuestra sociedad la fe en Jesús. No podemos ocultarnos, no podemos disimular nuestra fe. Jesús lo dice claramente: No se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. Del mismo modo nosotros debemos ser luz para los demás; es la misión evangelizadora que todos los cristianos tenemos encomendada.

Lo de ser luz es ciertamente una imagen expresiva y sugerente. Sin embargo, nos podríamos preguntar: ¿Y en qué consiste eso de ser luz?

Nos lo dicen muy claro la primera lectura y el salmo. El profeta Isaías nos decía: Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo. Entonces romperá tu luz como la aurora. Ésa es la verdadera luz que podemos vivir y transmitir. Si vivimos en nuestra vida los valores de la caridad, el amor desinteresado, la justicia, la solidaridad, entonces brillará la luz en las tinieblas. Lo mismo nos decía el salmo: En las tinieblas brilla como una luz el que es justo, clemente y compasivo. En definitiva, será por nuestras obras como podremos ser sal de la tierra y luz del mundo. Será por el modo de vivir como podremos mostrar a los demás la luz que ilumina nuestra vida. Será por los valores que vivimos como podremos contagiar la fe, seremos testigos evangelizadores para las personas que nos rodean. Tal como concluía Jesús sus palabras en el evangelio de hoy: Para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Es decir, haced visible en vuestra vida la fuerza transformadora del evangelio; demostrad que el amor nuevo -del que Cristo ha dado ejemplo- es posible. Jesús, pues, está hablando del deber misionero de su comunidad.

Pero hay algo importante: la sal sólo sirve si está fuera del salero. (...) Isaías nos dice cómo debemos salir del «salero»

La luz alumbra cuando se destierra la opresión, la injusticia... y se edifica el amor, la justicia, la fraternidad... En la medida en que los hombres vean que los que se dicen creyentes proyectan la luz de la liberación total, en esa misma medida darán gloria al Padre. La liberación de todo mal es el signo de la presencia de Dios entre los hombres.


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