LUNES DE LA SEMANA 11ª DEL TIEMPO ORDINARIO
1.- 2Co 6.01-10
1-1.
-Como cooperadores de Dios os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios...
Debió de ser para Pablo un gran gozo, una muy útil certeza el pensar que cooperaba con Dios. Mi experiencia ni coincide a menudo con la de Pablo, y, sin embargo... Pensando en mis trabajos de HOY, trato de considerarlos como una cooperación, como un «trabajo con» alguien, contigo, Señor.
¿Es verdad, Señor, que la gracia que nos otorgas puede resultar vana?
Aplico esta consideración a mi vida... Y concretamente te pido perdón.
-Ahora bien, éste es ahora el momento favorable.
Los profetas del Antiguo Testamento hablaban así. Anunciaban el momento de la prueba «decisiva», la que no se volverá a presentar: una ocasión única que hay que saber aprovechar para convertirse.
¿Cuál es esta llamada para mí?
Lo que nos permite presentarnos como verdaderos ministros de Dios es nuestra vida entera: perseverancia... angustias... dificultades... cárcel... refriegas.. fatigas... noches sin sueño... días sin comer... castidad... conocimiento de Dios... paciencia... bondad... dones del Espíritu... amor sincero... lealtad en la palabra... poder que procede de Dios...
Estos son los signos que nos presenta Pablo de la verdad de su ministerio, de su fidelidad a Dios. Es la imagen que nos da Isaías del Servidor sufriente. Es también la imagen de Jesús. Es la imagen de la vida de Pablo. ¿Es algo la mía? ¿Cuál es mi grado de fidelidad a Dios? ¿Cuál es mi capacidad de superar las pruebas? En gloria y en desprecio... en calumnia y en buena fama...
-Tenidos por impostores, siendo veraces... Como desconocidos aunque bien conocidos.. Tenidos por muertos, estando vivos... Castigados, pero no condenados a muerte... Como tristes, pero siempre alegres... Como pobres, aunque enriquecemos a muchos... Como los que nada tienen, aunque todo lo poseemos.
Es preciso leer de nuevo detenidamente esas antítesis que ponen de manifiesto el contraste entre el aspecto exterior del apóstol y la realidad interior. Aparentemente ¡todo parece perdido! Pero, ¡qué confianza en lo hondo de sí mismo! ¡Qué alegría!
Es una especie de re-edición de las Bienaventuranzas: Jesús había dicho ya: «Felices... Ios que lloran», «Felices... los pobres». Y Pablo lo repite a su manera mediante su propia vida. No, no puede decirse que la vida cristiana sea una vida fácil. Pero no es una vida triste.
La insistencia está claramente puesta en la segunda parte de cada una de esas frases, la parte positiva: «estamos vivos... estamos siempre alegres... lo poseemos todo...». De igual manera que la insistencia de Jesús en las Bienaventuranzas, se ponía sobre la primera palabra: «felices»...
Quizá el sentido profundo de la cruz es ser el triunfo del valor, del amor, sobre todo lo que puede afectar nuestras fuerzas vivas.
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 5
PRIMERAS LECTURAS PARA EL TIEMPO ORDINARIO
DE LOS AÑO IMPARES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 128 s.
1-2. /2Co/06/01-18 /1Co/07/01
Pablo comprende el carácter de su ministerio apostólico como una «colaboración». En realidad es Dios quien lo ha hecho todo en la persona de Jesucristo, el Apóstol se limita a ayudar a los hombres a reconocer la nueva realidad salvadora y a participar en ella. Se han de comprender dos cosas: el Apóstol no puede nunca pretender ser el actor principal del ministerio que ejerce, porque la entidad de este ministerio suyo toca una realidad profunda que le ha sido dada y que le sobrepasa. Es, exactamente, un «tesoro en vasos de barro» (4,7). El Apóstol, como Cristo, es su revelador, su descubridor, pero mientras Cristo es el realizador, él sólo es el administrador. Además, ha de tener presente también que el tono para llevar a cabo este ministerio no puede ser un tono autoritario y coercitivo que, intimidando las conciencias, acaba por conseguir lo que quiere. El evangelio es presentado con frecuencia por el mismo Jesús como una invitación. La exhortación de Pablo tiene bien en cuenta el misterio de la libertad del hombre. La llamada a la conversión puede dejarse pasar, puede caer en el vacío, pero ciertamente su gratuidad no se puede mezclar con motivaciones nacidas del miedo. Quien se decide a optar por el «ámbito de la rehabilitación con Dios» (5,21) ha de hacerlo con la conciencia de conquistar una más plena libertad. Pablo fundamenta su exhortación en un texto de Isaías que habla de un tiempo de salvación y de gracia para el pueblo de Israel (Is 49,8). Y una vez más, el Apóstol lee con plenitud la Escritura y subraya fuertemente su actualidad, identificando el momento de que habla el profeta con el tiempo presente, con el tiempo de su alocución. De hecho, sin embargo, este "ahora" no queda nunca encerrado dentro de unas concretas coordenadas históricas. Se puede decir que, siempre que hay anuncio del evangelio, la gracia y la salvación vuelven a encontrar su «ahora», su momento de presencia. Recordemos que la comunidad cristiana, desde tradiciones litúrgicas muy antiguas y muy distintas, lee este texto al comienzo del tiempo cuaresmal, tiempo en que toda la Iglesia se esfuerza por renovar su conversión y su fe en el evangelio.
A.
R. SASTRE
LA BIBLIA DIA A DIA
Comentario exegético a las lecturas de la Liturgia de las
Horas
Ediciones CRISTIANDAD.MADRID-1981.Pág. 246 s.
2.- 1R 21, 1-16
2-1.
El rey ansía la viña de su vecino Nabot porque las necesidades de la corte aumentan constantemente, como consecuencia de la centralización y de la evolución de la administración. Por lo demás, no es un acto de injusticia, puesto que piensa recompensar ampliamente la expropiación (v. 2).
Nabot se opone a su proyecto por razones carentes de validez.
Cierto que la ley prescribía que cada uno permanecería en la tierra de sus pasados y condenaba toda cesión de propiedad fuera del clan. Pero se trataba de una ley agraria que no respondía ya a las exigencias de la urbanización y de la centralización. Nabot se opone, pues, en nombre de una ley caída en desuso, al requerimiento "moderno" del rey (v. 3; cf. 1 Sam 8, 9-11). Sin embargo, tras esa motivación insuficiente se oculta el derecho imprescriptible a ser feliz en la tierra de la propia elección.
La viña de Nabot representa para él el lugar de su fidelidad a los antepasados y al mismo Yahvé, de quien, según su conciencia, la ha recibido.
Acab parece resignarse a pesar de la gran contrariedad que experimenta (v. 4). Pero Jezabel no siente tantos escrúpulos: en su país se tomaban medidas más radicales (v. 7a). Por eso trama la muerte de Nabot para dejar el terreno libre al rey. La propiedad de las personas condenadas, ¿no revertía acaso a los bienes de la corona? Basta, pues, con hacer condenar a Nabot apoyándose en el testimonio, previsto por la ley, de dos o tres tes