Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia CATEQUESIS 3: PONTE EN CAMINO


CATEQUESIS 3

PONTE EN CAMINO


PRESENTACIÓN

Iniciamos la tercera catequesis del itinerario catecumenal. Con ella se cierra la primera parte, que ha tenido carácter de desmonte y primer anuncio. Dos han sido los grandes objetivos pretendidos: por un lado, tomar conciencia de que no se podía identificar, sin más, prácticas religiosas y opción de fe; y por otro, descubrir que la fe significa creer en Alguien, que es Jesucristo.

Lógicamente, desde esta perspectiva urge cuestionarse ahora:

¿Podemos conformarnos simplemente con saber que estamos bautizados, pero que no somos "cristianos" responsables y convencidos?

¿Sería honrado y honesto permanecer indiferentes y no tomar una postura u otra?

¿Cabe quizá continuar siendo "bautizado", pero no "evangelizado"?

Estos interrogantes ponen de manifiesto que es importante esta tercera catequesis, orientada a despertar un compromiso serio en los miembros del grupo. De ahí que los objetivos que se pretenden alcanzar sean éstos:

Que el grupo tome conciencia de la necesidad de convertirse, de cambiar el estilo de vida "cristiano" que lleva por un nuevo estilo que responda a una nueva opción de fe.

Que descubra que ese nuevo estilo es el resultado de un proceso de redescubrimiento de Jesús y, por tanto, que esté dispuesto a iniciar ese "camino" explicitado en el Itinerario catecumenal para adultos que hemos iniciado.


 

Observaciones generales

El esquema de la catequesis es el siguiente:

En la primera parte se analiza fundamentalmente el relato de la curación del ciego de nacimiento. Desde su análisis se pretende que el grupo descubra que también está necesitado de pasar de la ceguera a la luz.

En la segunda, el punto central es la "conversión". No se trata de una reflexión profunda sobre todo el mensaje de la conversión en la Biblia, sino de despertar una "actitud de conversión" en el grupo.

Y la tercera parte es una conclusión no sólo de esta catequesis, sino de toda la primera parte, es decir, de todo el libro primero: Camino de Emaús 1. ¿Cuál es mi fe?, ya que lo que se pretende es ofrecerle el Itinerario catecumenal como un "camino" para redescubrir la fe. La oferta irá precedida de la experiencia vivida por los discípulos de Emaús mientras iban de camino.

Los dos relatos bíblicos que se analizan tienen gran importancia porque tratan de experiencias, y en esa clave conviene que se reflexionen.

Para la tercera parte, en el apartado 3: "Oferta del itinerario catecumenal", el catequista puede consultar cuanto se dice en la Introducción general. Allí se recogen textos del Magisterio y se intenta dar respuestas a un conjunto de preguntas al respecto.

No se olvide el catequista que después de esta catequesis tendrá lugar la Jornada de reflexión. Por lo tanto, hay que precisar fecha, lugar, etc.


 

Primera parte

De la ceguera a la luz


1. Introducción

Para iniciar la sesión catequética pueden valer estos u otros puntos parecidos:

Luz y tinieblas son experiencias de las que todos somos protagonistas. Nuestra vida, en cualquiera de sus facetas, está teñida de oscuridades y, a la vez, en ella relampaguean rayos de luz.

Desde la experiencia de nuestra vida cristiana, tal como ha sido analizada en las catequesis anteriores, constatamos que ciertamente hay mucha oscuridad. Por tanto, necesitamos "luz".

Lo importante de esta primera parte es que vamos a reflexionar sobre una experiencia, la curación del ciego de nacimiento. Se trata de que evoquemos nosotros esa experiencia en nuestra vida y nazcamos también a la luz.


2. Relato de una experiencia

Concluida la introducción, se hace la lectura del relato evangélico sobre la curación del ciego de nacimiento (Jn 9,1-38), que aparece en la Documentación.

Uno del grupo puede hacer la lectura. El catequista hace la observación de que estén atentos al diálogo del relato y, sobre todo, a los comportamientos de cuatro personajes: Jesús, el ciego, los fariseos y el pueblo y padres del ciego.


3.
Diálogo en grupo

El diálogo en grupo se hará a partir del cuestionario adjunto y del comentario al relato que se encuentra en las páginas 130ss de la documentación.

Para la respuesta a la primera cuestión (a) es necesario que el grupo haya leído ya la documentación y, en caso contrario, lo hará después de formulada la cuestión. Cualquiera del grupo lo hace en alta voz, por partes, según el personaje.

a) ¿Qué rasgos, comportamientos o posturas destacarías en cada uno de los personajes y por qué?

Ciertamente, en cada "personaje" aparecen varios comportamientos. Conviene que cada miembro del grupo se manifieste y comente cuál de los comportamientos le ha llamado más la atención y por qué.

Este primer análisis es de profundización, y, por tanto, el catequista debe facilitar la participación. A título indicativo destacamos algunos comportamientos.

En Jesús: Jesús tiene la iniciativa de curarlo; lo hace tras proclamarse "luz del mundo"; se da a conocer como el Señor en la "libertad", tras preguntarle si "cree".

En el ciego:, vive un primer encuentro con Jesús, aún en la oscuridad, y otro al final, desde la luz; desde la oscuridad no identifica a Jesús, no sabe quién es; desde la luz lo reconoce y lo confiesa como "Señor"; entre el primero y el segundo encuentro sufre contrariedad, pero lucha y anuncia lo sucedido...

En los fariseos: representan el poder de las tinieblas y, por tanto, se oponen a que resplandezca la luz; empeño en condenar a Jesús; investigan para condenar, no para buscar la verdad...

En el pueblo y padres del ciego: han conocido lo sucedido, pero no lo han experimentado, por eso no testimonian con claridad; se excusan, escurren el bulto; prefieren seguir con la seguridad de lo que conocían y como vivían...

b) ¿Con cuáles de estas conductas te sientes más identificado? Explicar por qué.

Es un paso del análisis teórico a la aplicación práctica. La importancia de profundizar sobre los personajes y su conducta está en facilitar la proyección de los propios comportamientos del grupo. En definitiva, cada uno va a expresar su propia situación desde los esquemas de comportamiento de los personajes del relato.

c) A la luz de lo tratado en catequesis anteriores y teniendo como referencia el relato del ciego de nacimiento, ¿sientes necesidad de pasar de la ceguera a la luz? En caso afirmativo, ¿cuál sería la ceguera experimentada y cuál la luz necesitada?

Esta cuestión es fundamental porque con ella se pretende que el grupo interiorice la experiencia del ciego y sienta la necesidad de realizar el paso de la ceguera a la luz. No se trata de descubrir una necesidad teórica e intelectual, sino existencial, y para ello conviene que revise sus experiencias de "ceguera", esto es, que evoque todo lo que se reflexionó en las catequesis anteriores y actualice los aspectos negativos de la vida cristiana, reducida casi exclusivamente a prácticas religiosas.

Signos de la ceguera:

Un bautismo no renovado que, por tanto, sigue siendo un rito que se recibió cuando niño.

Unas prácticas religiosas realizadas como respuesta a presiones sociales más que a opción de fe.

Vivir en contacto con Jesús y no conocerlo, no saber quién es.

El catequista puede remitir al análisis hecho en la primera parte de las dos catequesis anteriores.

Signos de la luz necesitada:

Fundamentalmente es Jesús y cuanto a El hace referencia. En consecuencia, los signos de la luz pueden ser:

Una fe más consciente y comprometida.

Una vida cristiana caracterizada por vivir un estilo de vida según Jesucristo.

Unas prácticas religiosas que sean expresión y celebración de la fe.

En definitiva, vivir en la ceguera es vivir como bautizado, pero no como cristiano convertido; y vivir en la luz es vivir reconociendo y confesando que Jesús es el Señor.


4.
Momento de oración

Se puede recitar o cantar Libra mis ojos de la muerte, que aparece en el casete Camino de Emaús.

Libra mis ojos de la muerte

"Libra mis ojos de la muerte,
dales la luz que es su destino;
yo, como ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva,
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede,
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(tantos me dicen que estás muerto).
Tú, que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo".

 



Segunda parte

Convertíos...



1.
Introducción

El catequista debe ser consciente de la importancia que tiene que el grupo descubra la necesidad de convertirse. La conversión es la meta del primer anuncio. En la segunda catequesis se ha hecho una presentación global de Dios y de Jesús en orden a que los miembros del grupo tomen conciencia de que están lejos de la fe en ese Jesús.

Pautas para la introducción:

Sería pura retórica descubrir la necesidad de pasar de la ceguera a la luz y que todo quedara en esa simple constatación.

El paso inmediato, la cristalización de ese "paso", es la "conversión". Sin "conversión" no es posible el encuentro con la "Luz".

Conviene que seamos conscientes de la urgencia de la conversión. Vamos a dejarnos iluminar por la palabra de Dios:

"Cambiad vuestra vida y vuestro corazón, porque está cerca el reino de Dios. De El hablaba el profeta Isaías cuando dijo:

`Una voz grita en el desierto: preparad los caminos del Señor, enderezad sus senderos' (...).

Iban a verlo los judíos de Jerusalén, de Judea y de toda la región del Jordán; confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a bautizarse, les dijo: `Raza de víboras, ¿acaso podréis escapar al castigo que se os viene encima? Dad, pues, frutos de una sincera conversión, en vez de quedaros tranquilos porque sois los hijos de Abrahán. Yo os aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán incluso de estas piedras. Mirad que el hacha está ya a la raíz, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego" (Mt 3,1-10).

Tres ideas merecen destacarse:

Convertíos, porque está cerca el Reino.
Dad el fruto que pide la conversión.
El árbol que no da fruto es talado.

Ante una invitación tan rotunda y severa a la conversión, cabe preguntarse: ¿Qué es la conversión? ¿Qué exigencias implica? Vamos a dar respuesta en el trabajo de grupo.


2.
Diálogo en grupo

Dos textos de la documentación van a servir de estudio y reflexión al grupo. El primero, de carácter teológico, que se encuentra en Documentación 3. Conversión, dará respuesta a la primera cuestión sobre la naturaleza de la conversión; y el segundo, que se encuentra en 4. Palabra de Dios, recoge unos textos bíblicos y pretende dar respuesta a la cuestión segunda (b), sobre las "exigencias".

La metodología de trabajo es la común en estos casos: se plantea la cuestión, y si no se ha hecho previamente la lectura de la documentación correspondiente, se hace en ese momento. La lectura se hace en voz alta por un miembro del grupo y seguidamente se procede al diálogo.

Conviene que el catequista u otro miembro del grupo vaya anotando las aportaciones del grupo, de forma que al final del diálogo se pueda hacer una síntesis con las características y exigencias de la conversión.

Con el fin de facilitar la lectura de la documentación del punto 3. Conversión, hemos subrayado las palabras que explicitan las ideas claves. Veamos con todo una síntesis de cada cuestión:

a) ¿Qué rasgos y características definen el concepto de conversión?

Ciertamente, se trata de un cambio de vida: cambio de una vida propia del hombre viejo a una vida propia del hombre nuevo. En consecuencia, sus características son:

Volver a empezar con una actitud nueva en relación a Dios y al prójimo.

El cambio de vida es obra del Espíritu y no fruto de las propias fuerzas.

Es una acción libre. Dios "invita", pero no fuerza.

En esta cuestión sobre la "naturaleza" de la conversión, el catequista puede orientar el diálogo hacia una profundización sobre la propia experiencia del grupo, y para ello puede plantear la siguiente cuestión: ¿Necesitamos nosotros la "conversión"? ¿Por qué y en qué?

En conexión con la sesión catequética anterior cabe decir que la conversión es el paso de la ceguera a la luz. Por tanto, estamos necesitados de conversión en cuanto que estamos ciegos, en cuanto que no reconocemos al Señor.

b) ¿Cuál es la meta y exigencias de la conversión?

La meta de la conversión está definida por el término ad quem del cambio, esto es, el "hombre nuevo". La meta, por tanto, es el encuentro e identificación con Cristo. Sería como decir —siguiendo la línea temática del proceso catecumenal— que la meta de la conversión consiste en redescubrir la fe, vivir la fe como una opción libre y consciente por Cristo y su Reino.

Ahora bien, esta meta presupone un conjunto de exigencias, que podemos resumir en las siguientes:

Disposición positiva de conocer a Jesús y seguirle.

Seguimiento efectivo para poder conocerle.

El camino de seguimiento está rodeado de dificultades, contrariedades, incomodidades, renuncias...

Constante voluntad de seguimiento, a pesar de las tentaciones de abandono.

Seguridad de que Jesús es la "Palabra de vida eterna".

Con estas exigencias, el grupo catecumenal debe ser consciente de que realizar la conversión, esto es, redescubrir la fe o, lo que es lo mismo, pasar de la ceguera a la luz va a costar bastante. Es el costo de un encuentro con el Señor, de un nacimiento a la luz.


3.
Momento de oración

Como oración para concluir esta sesión se puede recitar el Himno de Vísperas centrado en el llamamiento de los discípulos. Remitimos también a la canción de Erdozáin Ven y sígueme (folleto Cristo libertador, Paulinas, Madrid 19815, 10).

                                Himno

"Muchas veces, Señor, a la hora décima
—sobremesa en sosiego—,
recuerdo que, a esa hora, a Juan y a Andrés
les saliste al encuentro.

Ansiosos caminaron tras de ti...
`¿Qué buscáis...?' Les miraste. Hubo silencio.
El cielo de las cuatro de la tarde
halló en las aguas del Jordán su espejo;
y el río se hizo más azul de pronto,
¡el río se hizo cielo!

`Rabí —hablaron los dos—, ¿en dónde moras?'
`Venid y lo veréis'. Fueron, y vieron...

`Señor, ¿en dónde vives?'
`Ven y verás'. Y yo te sigo, y siento
que estás... ¡en todas partes!,
¡y que es tan fácil ser tu compañero!

Al sol de la hora décima,
lo mismo que a Juan y a Andrés
—es Juan quien da fe de ello—,
lo mismo, cada vez que yo te busque,
Señor, ¡sal a mi encuentro!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén".

(Himno de Vísperas del lunes de la tercera semana del salterio, en Liturgia de las Horas.)


 

Tercera parte

Camino de Emaús


1. Introducción

Esta tercera parte tiene carácter de conclusión. En ella se le va a proponer al grupo la necesidad de iniciar un camino de seguimiento y redescubrimiento de Jesús. Y se le va a ofrecer, además, un proyecto catecumenal. Dos son, por tanto, las partes de esta sesión: una, reflexionar sobre la experiencia de los discípulos de Emaús como paradigma de un camino que lleva al reconocimiento del Señor; y la segunda, de ofrecimiento del Itinerario catecumenal como camino concreto que puede facilitar el encuentro con la fe.

Se puede abrir la sesión con estas ideas:

Hasta ahora hemos visto la "necesidad" de pasar de la ceguera a la luz y que este paso significa realizar en nosotros la conversión.

Pero ¿basta con descubrir la necesidad e importancia de la conversión? Urge dar un paso adelante, asumir un compromiso.

El objetivo de esta tercera parte es doble: descubrir que —como los de Emaús— hay que recorrer un camino para encontrarse con el Señor y ofrecer al grupo una forma concreta de hacer ese camino.

Se puede hacer mención también a que, concluida esta tercera parte, se tendrá una Jornada de reflexión, de la que al final se darán más detalles.


2.
La experiencia de los discípulos de Emaús

El relato evangélico sobre los discípulos de Emaús es altamente sugestivo para la reflexión grupal. Por eso hay que facilitar que el grupo se adentre en él, se identifique con los protagonistas y vibre en sintonía con ellos. El relato se encuentra aquí.

El método de trabajo puede ser el siguiente: en primer lugar se hace una lectura de las tres cuestiones que servirán para el diálogo. Conviene actualizarlas como pautas para la "escucha" de la Palabra. En segundo lugar se hace una lectura prolongada, reposada y hasta dialogada del pasaje bíblico (uno hace de cronista, otro de Jesús y otro de los discípulos). Y, como tercer momento, se entabla el diálogo a partir del cuestionario:

a) Señalar la experiencia clave y central del relato.

No cabe duda que fue el reconocimiento de Cristo en su nuevo estado de resucitado. Desde la experiencia de reconocimiento comienza a interpretar lo anterior, lo sucedido en el camino; nace el gozo y la alegría; y convierte el hecho en anuncio, se lo comunican a sus amigos.

b) Poner de manifiesto los rasgos, características y circunstancias que rodearon tal experiencia.

Ciertamente, la experiencia de reconocimiento de Cristo fue meta y, por tanto, resultado de un proceso; no surgió por generación espontánea. Y en ese proceso se dieron muchas circunstancias, a saber:

Los discípulos tenían conocimiento de Jesús, habían vivido con El. Pero ¿qué tipo de conocimiento?

Iban de camino y concretamente comentando la Escritura. Pero no sabían interpretarla.

Caminan con Jesús como peregrino, pero no le reconocen.

El conocimiento que tienen sobre Jesús es inseguro, cargado de dudas y hasta de confusión.

El peregrino (Jesús) es quien les ayuda a comprender e interpretar la Escritura.

Ofrecen una disposición de acogida y de hospitalidad.

Jesús realiza un signo —partir el pan—, y ellos le reconocen.

El reconocimiento ha sucedido al final del camino.

Cada uno de estos rasgos puede dar pie a una amplia reflexión. Lo importante es que ha habido un punto de partida: "saber" del Señor, pero no reconocerlo; un "proceso" de reflexión sobre la Palabra; y una conclusión: se ha realizado el redescubrimiento del Señor. El conocimiento, posiblemente intelectual, teórico, superficial, se ha convertido en conocimiento existencial, han redescubierto a Jesús tal como es, como el Resucitado.

c) ¿Qué mensaje y significación concretos aportaría al grupo el relato de los discípulos de Emaús?

La aplicación a la propia experiencia personal, individual y grupal es fácil. También nosotros conocemos al Señor, somos bautizados, pertenecemos a la Íglesia..., pero no lo reconocemos. Es necesario, por tanto, un camino, un proceso en el que, a través del encuentro con la palabra de Dios y dejándonos iluminar por ella, por el Espíritu, podremos saber interpretarla. Y el final será redescubrir a Jesús, la fe, el "ser cristiano".


3.
Oferta del Itinerario catecumenal

Con este apartado se pretende hacer una explicitación de lo que sería un catecumenado como proceso concreto de búsqueda y redescubrimiento progresivo de la fe.

Con el fin de no alargar esta sesión, la metodología podría consistir en una lectura comentada de los textos de la documentación. El mismo catequista puede ir resaltando los puntos más importantes. Para facilitar la lectura subrayamos ,las frases que consideramos claves para la comprensión.

Las dos cuestiones fundamentales a las que debe dar respuesta la lectura comentada son:

Qué es el catecumenado?
¿Por qué y para qué?

Recordamos al catequista que este tema está ampliado en la Introducción general.

¡Atención!

Antes de que se despida el grupo ha debido quedar concretado todo lo referente a la Jornada de reflexión, es decir, lugar, horario, asistentes, viaje, si hubiera, etc.

Conviene que el catequista haya leído las orientaciones de la Jornada de reflexión con el fin de que esté previsto todo lo referente a la misma y distribuidas responsabilidades y tareas, si hiciese falta.


Documentación


1.
Curación de un ciego de nacimiento

"Yendo de paso, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?" Jesús respondió: "Ni pecó éste ni sus padres, sino para que resplandezcan en él las obras de Dios. Nosotros debemos hacer las obras del que me envió mientras es de día. Viene la noche cuando nadie puede obrar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo". Dicho esto, escupió en tierra e hizo lodo con la saliva, le untó con ello los ojos y le dijo: "Ve a lavarte en la piscina de Siloé" (que significa Enviado). Fue, se lavó y volvió viendo.

Entonces los vecinos y los que lo habían visto antes, pues era mendigo, decían: "¿No es éste el que se sentaba a pedir?" Unos decían: "Es éste". Y otros: "No, sino uno que se le parece". Pero él decía: "Soy yo". Y le preguntaban: "Pues ¿cómo se te han abierto los ojos?" El contestó: "El hombre llamado Jesús hizo lodo, me ungió los ojos y me dijo: `Ve a lavarte a Siloé'. Fui, me lavé y vi". Y le dijeron: "¿Dónde está ése?" Contestó: "No lo sé".

Llevaron a los fariseos al que antes había sido ciego, pues era sábado el día en que Jesús había hecho lodo y abierto sus ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo cobró la vista, y él les dijo: "Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo". Algunos fariseos dijeron: "No es de Dios este hombre, porque no guarda el sábado". Otros decían: "¿Cómo puede hacer tales milagros un hombre pecador?" Y había desacuerdo entre ellos. Preguntaron de nuevo al ciego: "¿Qué dices tú de él, ya que te abrió los ojos?" El dijo: "Que es un profeta".

Los judíos no creyeron de él que hubiera sido ciego y ahora viese hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: "¿Es éste vuestro hijo, del que decís vosotros que nació ciego? ¿Pues cómo ve ahora?" Y contestaron los padres: "Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo ve ahora no lo sabemos; ignoramos quién abrió sus ojos. Preguntadle a él; sus años tiene; él hablará de sí mismo". Sus padres hablaron así porque temían a los judíos, que habían ya decretado que quien reconociese a Jesús por el Cristo fuese expulsado de la sinagoga. Por eso los padres dijeron: "Sus años tiene; preguntadle a él".

Llamaron, pues, otra vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: "Da gloria a Dios; nosotros sabemos que este hombre es pecador". "No sé si es pecador —respondió él—; sólo sé que yo era ciego y ahora veo". Le dijeron entonces: "¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?" Les respondió: "Ya os lo dije y no me escuchasteis. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos?" Ellos le injuriaron diciendo: "Tú eres su discípulo; nosotros lo somos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios. Pero de éste no sabemos de dónde es". El hombre les contestó: "Eso es lo maravilloso: que vosotros no sabéis de dónde es y El ha abierto mis ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que lo teme y hace su voluntad. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si El no fuera de Dios, nada podría hacer". Le respondieron: "Todo tú eres pecado desde que naciste y ¿nos enseñas a nosotros?" Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado y, encontrándolo, le dijo: "¿Tú crees en el Hijo de Dios? El le respondió: "¿Y quién es, Señor, para que crea en El?" Jesús le dijo: "Lo estás viendo, es el que habla contigo". Respondió: "Creo, Señor". Y lo adoró" (Jn 9,1-38).


2.
Comentario a la curación del ciego de nacimiento

"En esta narración aparecen maravillosamente descritas las actitudes de diversos hombres ante la luz de Jesús que encuentran en su camino.

Jesús

Es el protagonista indiscutible de la narración.

El es quien toma la iniciativa y se acerca al ciego de nacimiento.

Empieza por hacerle que reconozca su ceguera:

..."Hizo lodo con la saliva, le untó con ello los ojos" (9,6), y le pide que se abra a la posibilidad de que el Enviado le abra los ojos: "Ve a lavarte en la piscina de Siloé" (9,7). Cuando el ciego ha recobrado la vista y, tras un duro forcejeo con las tinieblas que lo tenían esclavizado, rompe con ellas, Jesús se le acerca de nuevo y se le muestra como el Señor, el Enviado de Dios, a quien el ciego reconoce con los ojos de la fe (9,38).

El ciego

Representa en la narración al hombre que pasa de las tinieblas a la luz.

Este proceso se inicia a partir de un primer encuentro con Jesús y culmina con un nuevo encuentro, en el que le reconoce como Señor.

En el primer encuentro con Jesús reconoce su ceguera y abre así el camino a la intervención del Espíritu de Dios. Entonces recobra la vista y 'se produce en él una transformación tan grande, que la gente se pregunta si es el mismo de antes.

El confiesa que "el hombre llamado Jesús" (9,11), del que todavía sabe muy poco, está en el inicio de su transformación. Esa confesión le enfrentará a las tinieblas, representadas por los fariseos de la narración.

Tiene lugar en seguida el enfrentamiento con los enemigos de la luz, como era de esperar. Pero el ciego, en lugar de claudicar, lucha, y ello le hace ir viendo cada vez con mayor claridad.

A la vista de los "signos" que realiza Jesús, le reconoce como Profeta (9,17).

Se muestra más tarde como un verdadero discípulo de Jesús y así se lo echan en cara los fariseos: "Tú eres su discípulo..." (9,28).

A medida que la oposición arrecia, la luz va brillando con mayor resplandor y el ciego termina por reconocer a Jesús como "procedente de Dios" (9,33), lo que le vale la expulsión de la sinagoga. De este modo se consuma su ruptura con el poder de las tinieblas y se empieza a vislumbrar el final del proceso que dejará expedito el camino a la luz.

Es entonces cuando nuevamente se encuentra con Jesús y es capaz de reconocerle como Señor, postrándose ante El (9,38).


Los fariseos

Representan el poder de las tinieblas.

El pueblo les pide su testimonio sobre esa luz de Jesús que empieza a brillar:

"Llevaron a los fariseos al que antes había sido ciego" (9,13).

Ellos responden así a la petición del pueblo: juzgan a la luz:

"No es de Dios este hombre, porque no guarda el sábado" (9,16).

Se niegan a aceptarla:

"Los judíos no creyeron de él que hubiera sido cie'go y ahora viese..." (9,18).

Le condenan y quieren que lo condene también el mismo hombre que había sido iluminado por él:

"Da gloria a Dios; nosotros sabemos que este hombre es pecador" (9,24).

Al ver que alguien abandona las tinieblas, le amenazan, le "injurian" (9,28) y le condenan:

"Todo tú eres pecado desde que naciste y ¿nos enseñas a nosotros? Y lo expulsaron" (9,34).

Al fin esa misma luz a la que ellos condenaron es la que les condena a ellos:

"Si fuerais ciegos no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado sigue ahí" (9,41).


Las gentes del pueblo y los padres del ciego

Representan al hombre que ha percibido los primeros destellos de luz, pero no se atreve a dar testimonio de ella.

Las gentes del pueblo son testigos de la transformación que se ha producido en el ciego, no aciertan a explicársela; en principio están abiertos a la luz, y le preguntan al ciego: "¿Dónde está ése?" (9,12); pero aquellas gentes se hallan demasiado ligadas a la luz que brilló en otro tiempo —los fariseos— y no perciben que esa débil luz ya ha sido eclipsada por la nueva luz de Jesús.

Su más grave error, querer juzgar al "sol que nace de lo alto" (Lc 1,78) con los criterios de una sinagoga cuya luz ya se estaba extinguiendo:

"Llevaron a los fariseos al que antes había sido ciego" (Jn 9,13).

Los padres del ciego prefieren la seguridad de las tinieblas a la luz. Han percibido la luz, pero no se atreven a dar testimonio de ella. Temen ser transformados por esa luz y se arredran ante la exigencia de tener que romper con un poder de las tinieblas (los fariseos, la sinagoga, etc.) que les había dado seguridad hasta entonces:

"Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Cómo ve ahora no lo sabemos; ignoramos quién abrió sus ojos. Preguntadle a él; sus años tiene; él hablará de sí mismo.

Sus padres hablaron así porque temían a los judíos, que habían ya decretado que quien reconociese a Jesús por el Cristo fuese expulsado de la sinagoga" (9,20-23).


Encuentro con Jesús "luz"

El ciego de nacimiento, cuando se encontró con Jesús, halló luz para sus ojos y para su vida.

Nuestro encuentro con Jesús será también un encuentro con la luz".

(SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS, Etapas de un caminar, Paulinas, Madrid 19793, 88).


3. Conversión

"Convertíos. Es decir, desandad el camino andado. Volved a la fuente: una vuelta hecha de impulso generoso hacia Dios y hacia el prójimo, amado con sinceridad y verdad; una vuelta que sea también desprendimiento eficaz de cuanto tiene para poder destruir: el pecado personal y social. Cualquier explotación e idolatría" (CEEC, Biblia para la iniciación cristiana 2, SNC, Madrid 1977, 95). .

El que se convierte realiza en su vida, por la fuerza del Espíritu Santo, un tránsito del pecado o condición de hombre viejo a la vida de gracia o renacimiento en Dios. El hombre pecador se transforma en hombre nuevo, que vive como hijo de Dios y se reconoce hermano y amigo de todos los hombres. Ha pasado de lased a saciarse con el "agua viva", de la ceguera a la luz, de la muerte a la vida.

La auténtica conversión, tal como la entiende Jesús, se da cuando el hombre no confía en sí mismo ni quiere conseguir su salvación por sus propias fuerzas, sino que deja de mirar a sí mismo y confía audazmente en Dios y de El espera todo bien.

Salimos de la situación de pecado y separación de Dios porque Dios mismo, por su Espíritu y su gracia, nos da luz para este cambio y nos vigoriza y consuela; sin embargo, Dios no quiere, con su gracia, forzarnos a la conversión.

Cuando Dios invita al hombre a convertirse a El le pide que actúe responsable y libremente. Dios quiere que escuchemos sus llamamientos y que cumplamos su voluntad según nuestro propio juicio. Por esto se nos ha dado la facultad de conocer lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer" (CEEC, Con vosotros está 2, SNC, Madrid 1976, 198).


4.
Palabra de Dios

"Al oír esto, los dos discípulos siguieron a Jesús. Se volvió Jesús, y al ver que lo seguían les preguntó: `¿Qué buscáis?' Le contestaron: `Rabí (o sea, Maestro), ¿dónde vives?' Jesús les dijo: `Venid y lo veréis'. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con El el resto del día..." (Jn 1,37-39).

"Cuando iban de camino, alguien le dijo: `Te seguiré adondequiera que vayas". Jesús le respondió: `Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza'.

A otro le dijo: `Sígueme'. El contestó: `Permíteme ir primero a enterrar a mi padre'. Pero Jesús le dijo: `Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios'.

Otro le dijo: `Te seguiré, Señor, pero permíteme que me despida de los míos'. Jesús entonces le contestó: `Todo el que pone la mano en el arado y mira atrás, no sirve para el reino de Dios' " (Lc 9,57-62).

"Entrad por la puerta estrecha, porque la puerta ancha y el camino amplio conducen a la perdición, y muchos entran por ellos. El camino y la puerta que conducen a la salvación son estrechos, y son pocos los que dan con ellos" (Mt 7,13-14).

"Cuando oyeron todo esto, muchos de los que habían seguido a Jesús dijeron: `¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién puede soportarlo?' (...).

A partir de ese momento, muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirlo. Jesús preguntó a los Doce: `¿También vosotros queréis dejarme?' Pedro contestó: `Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna...' " (Jn 6,60-69).


5.
Los discípulos de Emaús

"Aquel mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea distante de Jerusalén sesenta estadios, llamada Emaús. Conversaban de todos estos sucesos, y mientras ellos hablaban y discurrían, Jesús mismo se les acercó y caminaba con ellos. Pero sus ojos estaban impedidos para reconocerlo. Y les dijo: `¿Qué conversación es la que lleváis en el camino?' Y se detuvieron entristecidos. Uno de ellos, llamado Cleofás, respondió: `Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha sucedido en ella estos días'. Y les dijo: `¿Qué?' Y ellos le contestaron: `Lo de Jesús de Nazaret, un hombre que fue un profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo lo entregaron nuestros pontífices y magistrados para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que sería El quien libertara a Israel, pero a todo esto ya es el tercer día desde que acaecieron estascosas. Por cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han dejado asombrados: fueron muy temprano al sepulcro y, no habiendo encontrado su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles, que dicen que vive. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron todo como las mujeres han dicho, pero a él no lo vieron'.

Entonces les dijo: `¡Oh necios y tardos de corazón para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que Cristo sufriera todo eso para entrar en su gloria?' Y empezando por Moisés y todos los profetas, les interpretó lo que sobre El hay en todas las Escrituras.

Llegaron a la aldea donde iban y El aparentó ir más lejos, mas ellos lo forzaron, diciendo: `Quédate con nosotros, porque es tarde y ya ha declinado el día'. Y entró para quedarse con ellos. Puesto a la mesa con ellos, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Y sus ojos se abrieron y lo reconocieron, y desapareció de su lado.

Y se dijeron uno a otro: `¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?' Se levantaron inmediatamente, regresaron a Jerusalén y encontraron reunidos a las once y a sus compañeros, que decían: 'Verdaderamente el Señor ha resucitado y se apareció a Simón'. Y ellos contaban lo del camino y cómo lo reconocieron al partir el pan" (Lc 24,13-35).


6.
¿Qué es el catecumenado?

"El catecumenado es un proceso de evangelización que desemboca en la comunidad cristiana. Como tal implica una iniciación en la experiencia de fe y, al mismo tiempo, la creación de una comunidad cristiana (si ésta no existe) o la integración en ella (si ya existe)".

"La fe es algo que va poco a poco madurando. Es como una semilla destinada a crecer lenta, silenciosa, eficazmente (Mt 13,31-32). Al principio, sólo un germen de fe; al final, la fe adulta; en medio, un proceso de maduración, una etapa de tránsito entre la fe inicial y la fe adulta. Si la fe inicial es el fruto de la acción evangelizadora y testimonial de la comunidad cristiana, la fe adulta es fruto de la acción catequética (catecumenal), y el desarrollo de la fe inicial".

"¿En qué consiste el proceso de evangelización? La parábola del sembrador, de forma resumida y admirable, nos aporta los elementos fundamentales (Mc 4,1-20). El sembrador necesita dos cosas: la semilla y el campo. La semilla es la palabra de Dios y el campo es el mundo, la vida, el hombre. Evangelizar supone echar semilla en el campo. Así pues, la palabra de Dios incide en el campo de la historia humana, fecunda la vida del hombre, se hace acontecimiento personal, social o eclesial.

El proceso de evangelización (y, por tanto, el proceso catecumenal) supone una penetración salvadora de la palabra de Dios en la vida del hombre. No hay realidad humana que no pueda ser iluminada, juzgada y transfigurada por la palabra de Dios. El proceso de evangelización asume en profundidad la vida misma: el sentido de la vida, el cambio personal y social, la relación con los otros, el amor, la libertad, la sexualidad, la afectividad, la familia, el divorcio, el trabajo, la explotación, el paro, el hambre, la sociedad de consumo, la política, la violencia, los derechos humanos, la religión, la verdad y la justicia, el dinero, la propiedad, las grandes diferencias sociales, las estructuras, los sistemas políticos y económicos, la construcción de la paz, la defensa de la vida humana, el aborto, el asesinato y la tortura como armas políticas, la ciencia y la técnica, el mal, la soledad, la incomunicación, la ruptura, la enfermedad, la muerte, la esperanza" (cf ICA, Doc. 2, pp 3, 10, 11).


¿Por qué un catecumenado?

La pregunta no es extraña. Si ya se está bautizado y formamos parte de la Iglesia, ¿cuál es el sentido de un catecumenado que la Iglesia primitiva hacía en orden a recibir el bautismo?

Analicemos algunas razones que expliquen este hecho:

Bautizados, sí; pero con una fe infantil. La primera razón que justifica y exige el catecumenado es la fe infantil con que vivimos los cristianos. Necesitamos recorrer el camino, como si no estuviéramos bautizados.

"En un contexto en el que muchos bautizados no tienen sino una `fe sociológica', pues `nunca llegaron a tomar conciencia de los compromisos que comporta su fe' ni `a una aceptación personal y consciente de su ser cristiano', el catecumenado se presenta como `una etapa durante la cual se desarrolla la fe recibida en el bautismo'. Se trata de un catecumenado posterior al bautismo, es decir, para adultos bautizados, pero insuficientemente evangelizados y catequizados.

En efecto, muchos fueron bautizados de niños, recibieron una catequesis de niños, recibieron la eucaristía, recibieron quizá también una catequesis de muchachos antes de la confirmación; se produce la desbandada. Sin llegar a la fe adulta, pasan a formar parte del amplio número de los alejados. Sin reiterar el bautismo y la confirmación, el catecumenado pretende los mismos objetivos que el catecumenado prebautismal: una personalización comunitaria de la fe y de toda la fe de la Iglesia" (ICA, Doc. 2, p. 16).

Juan Pablo II dice: "Entre estos adultos que tienen necesidad de la catequesis, nuestra preocupación pastoral y misionera se dirige a los que, nacidos y educados en regiones todavía no cristianizadas, no han podido profundizar la doctrina cristiana que un día las circunstancias de la vida les hicieron una catequesis proporcionada a esa edad, pero que luego se alejaron de toda práctica religiosa y se encuentran en la edad madura con conocimientos religiosos más bien infantiles; a los que, aun habiendo nacido en países cristianos incluso, nunca fueron educados en su fe y, en cuanto adultos, son verdaderos catecúmenos" (CT 44).

Rejuvenecimiento de la Iglesia. Otra razón es que la Iglesia ha perdido muchos rasgos de su estilo comunitario originario. La crisis religiosa de la Iglesia exige una profundización en la palabra de Dios que le lleve a redescubrir su talante comunitario. Así describe a la Iglesia el Directorio General de Pastoral Catequética:

"La fe cristiana de muchos ha pasado una grave crisis en aquellos lugares donde la religión parecía favorecer demasiado las prerrogativas de algunas clases sociales o donde se apoyaba más de lo justo en costumbres de antaño y la unánime confesión religiosa de la región.

Poco a poco las masas van cayendo en el indiferentismo religioso o corren el peligro de guardar la fe sin el necesario dinamismo, sin influjo eficaz en la vida real. Ahora, más que de conservar sólo costumbres religiosas transmitidas, se trata sobre todo de fomentar una adecuada reevangelización de los hombres, de obtener una más profunda y madura educación en la fe" (DGPC 6).

"Muchos bautizados de tal manera se apartaron de la religión que profesan cierto indiferentismo o casi ateísmo (...). Se dan también casos en los que la fe cristiana se halla contaminada por una nueva forma de paganismo, aunque todavía permanezcan cierto sentido religioso y cierta fe en el Ser supremo".

"En estos casos lo más necesario es la renovación del ministerio de la palabra, sobre todo de la evangelización y de la catequesis..." (DGPC 7).

Hacia una fe adulta. La tercera razón es consecuencia de las dos anteriores. Si se parte de una "fe infantil" y de una Iglesia que necesita rejuvenecerse, urge que los cristianos tengan y vivan una fe adulta y responsable que les permita hacerse presente en el mundo con la autoridad del testimonio y la fuerza de la Palabra.

Las características de esa "fe adulta" pueden sintetizarse en las siguientes:

  • Una fe vivida, compartida y celebrada comunitariamente.

  • Una fe testimonial y comprometida en el mundo y por los hombres.