8 de Agosto

Sábado XVIII Ordinario

Libros Proféticos
Malaquías 3, 1-24

Oficio, I

         Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. Él entrará en el santuario del Señor a quien vosotros buscáis y deseáis. Miradlo entrar. ¿Quién podrá resistir el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero. Se sentará como un fundidor que refina la plata, y como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví.

         Yo os llamaré a juicio, y seré un testigo exacto contra hechiceros y adúlteros, los que juran en falso, los que defraudan el salario al obrero, los que oprimen viudas y huérfanos, los hacen injusticia al forastero. Yo, el Señor, no he cambiado, y vosotros, hijos de Jacob, no habéis terminado. Desde los tiempos de vuestros antepasados os apartáis de mis preceptos y no los observáis. Volved a mí, y volveré a vosotros.

         Objetáis: "¿Por qué tenemos que volver?". A ver, ¿puede un hombre defraudar a Dios, como vosotros intentáis defraudarme? Objetáis: "¿En qué te defraudamos?". En esto mismo: en los diezmos y tributos. Por eso habéis incurrido en maldición, porque toda la nación me defrauda. Traed íntegros los diezmos al tesoro del templo, para que haya sustento en mi templo. 

         Haced la prueba conmigo, y veréis cómo os abro las compuertas del cielo y derrocho sobre vosotros bendiciones sin cuento. Os expulsaré la langosta que os destruye la cosecha del campo y los viñedos de las fincas. Todos los pueblos os felicitarán, porque seréis mi país favorito.

         Vuestros discursos son arrogantes contra mí, y objetáis: "¿Cómo es que hablamos arrogantemente?", y: "No vale la pena servir al Señor", y: "¿Qué sacamos con guardar sus mandamientos?", y: "¿Para qué andamos enlutados en presencia del Señor de los ejércitos?", y: "Nos parecen dichosos los malvados, pues los impíos tientan a Dios y quedan impunes".

         Entonces los hombres religiosos hablaron entre sí, diciendo: "El Señor atendió y los escuchó". Ante mí se escribía un libro de memorias, a favor de los hombres religiosos que honran mi nombre. Ellos sí me pertenecen, como bien propio. El día que yo preparo me compadeceré de ellos, como un padre se compadece de su hijo. Entonces veréis la diferencia entre justos e impíos, entre los que sirven a Dios y los que no lo sirven.

         Aquel día llegará ardiente como un horno. Malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir, y no quedara de ellos ni rama ni raíz. A los que honran mi nombre, un sol de justicia los iluminará y los llevará en sus alas. Vosotros saldréis saltando como terneros del establo, y pisotearéis a los malvados, que serán como polvo bajo las plantas de vuestros pies.

         Recordad la ley de Moisés, mi siervo, que yo le entregué en el monte Horeb para todo Israel. Recordad mis preceptos y mandatos. Mirad, os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la tierra.

 Act: 08/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A