Triteísmo
Herejía trinitaria del s. III opuesta tanto al
sabelianismo (v.) como a la ortodoxia. El dogma de la Trinidad (v.) consiste en
la afirmación simultánea de la unidad divina y de la trinidad de personas; se
puede, pues, errar en dos direcciones: concebir de tal manera la unidad divina
que suprima la distinción real de personas (es la posición del monarquianismo,
v.; modalismo, v., y sabelianismo); o presentar de tal modo la distinción real
de personas que perjudique la unidad esencial de Dios, y así se llega al
triteísmo. Según él, así como en Dios hay tres personas distintas, hay también
tres esencias o naturalezas, y, por consiguiente, tres dioses. Para el t. el
Padre, el Hijo y Espíritu Santo son sencillamente tres dioses que forman sólo
una unidad conceptual.
El t. es una herejía antigua, pues ya la menciona expresamente el Papa S.
Dionisio en su célebre carta a S. Dionisio de Alejandría, atribuyéndola a
Marción. Desapareció por largo tiempo, hasta que volvió a resucitar en el s. vi
por obra -según Leoncio de Bizancio (cfr. PG 86,1232-33)- del filósofo luan
Filopón, que le dio impulso y autoridad, por lo que se le considera como su
padre y fundador. En el orden doctrinal es una consecuencia del monofisismo
(v.).
El triteísmo de Filopón. Filopón fue discípulo del monofisita Severo de
Antioquía, e identificaba en Cristo la esencia o naturaleza con la hipóstasis o
persona, diciendo que, no habiendo en Cristo nada más que una sola persona, por
fuerza no podía haber más que una sola naturaleza después de la Encarnación; de
ahí pasaba a lo trinitario llegando al t. para salvar así la divinidad de
Cristo. Filosóficamente se basaba en Aristóteles, en quien creyó encontrar la
prueba evidente de la doctrina monofisita sobre la identificación de la
naturaleza con la persona.
San Juan Damasceno nos ha conservado diversos fragmentos interesantes de una
obra teológica de Filopón: El árbitro acerca de la unión de las naturalezas de
Cristo. Según Aristóteles -afirma Filopón- toda naturaleza sustancial concreta y
real es una hipóstasis o individuo: la especie o naturaleza universal no existe
en la realidad. Si ese individuo es racional, se llama persona (cfr. PG
94,745-753).
«La naturaleza no puede existir fuera de los individuos. Por otra parte, hemos
demostrado que lo mismo da decir individuo que hipóstasis. Luego los que
admitimos en Cristo una sola hipóstasis y naturaleza estamos conformes con la
verdad y concordes con nosotros mismos, pero los que admiten una sola hipóstasis
y dos naturalezas se ponen en contradicción consigo mismo y con la verdad» (ib.
753). En consecuencia, afirma que la fe católica definida en el Conc. de
Calcedonia es falsa, por hacerse solidaria de semejante concepción.
La íntima conexión del misterio de la Encarnación con el de la Trinidad le llevó
en seguida a hacer en él una aplicación triteísta. «En Dios -dice- confesamos
tres personas o esencias: si fuera una sola naturaleza en las tres personas, ésa
debería ser común, específica, abstracta, ideal, no real y verdadera» (cfr. ib.
748). Mas como en Dios su esencia o divinidad es Dios mismo, al confesar en r_l
tres esencias o divinidades debería admitir tres dioses. Pero nunca quisieron
emplear la fórmula de tres dioses.
El t. de Filopón encontró cierto número de partidarios, entre ellos el monje
Anastasio, gran defensor de los monofisitas, los obispos Comón de Tarso y
Eugenio de Seleucio. Estos dos obispos celebraron en Constantinopla, bajo la
presidencia del patriarca Juan III, una conferencia con los católicos Pablo y
Esteban. En ella rechazaron la doctrina de Filopón sobre la resurrección, pero
sostuvieron su t. en conformidad con el monofisitismo severiano y teodosiano.
Después de cuatro días de discusiones inútiles fueron desterrados por el
Emperador 103,60). Pronto surgieron también en el campo católico impugnadores de
la nueva secta (cfr. PG 142,428).
El triteísmo en la Edad Media. Andando el tiempo volvió. a reaparecer el t. en
Occidente. Fueron sus defensores, en uno u otro grado, el famoso nominalista
Roscelino (v.) de Compiégne, el realista Gilberto Porreta (v.) y el célebre
místico Joaquín de Fiore (v.). Roscelino profesaba un nominalismo (v.) radical.
Para él la única realidad es la de los individuos concretos y palpables; los
universales (v.) no son más que un nombre vacío (PL 158,265). Si decimos que en
Dios hay tres personas distintas y una esencia común a todas ellas, dicha
esencia será como un universal, un puro nombre. La única realidad serán las
personas, cada cual con su esencia independiente (PL 178,365-366). Era, pues,
verdad lo que había llegado a los oídos de S. Anselmo: «Oigo y apenas puedo
creerlo que el clérigo Roscelino, afirma que las tres personas en Dios son tres
cosas separadas entre sí, como lo son tres ángeles, aunque tengan una sola
voluntad y un solo querer» (PL 158,1192). Citado al Conc. de Soissons en 1092,
fue condenada su doctrina. Roscelino se sometió.
Por un camino opuesto, el del realismo exagerado, llegó poco después a
conclusiones parecidas Gilberto Porreta, obispo de Poitiers. Creyendo que las
cosas son en la realidad lo mismo que las concebimos, estableció una diferencia
real entre Dios por una parte y su esencia y atributos por otra (PL
64,1255-1310). Con ello venía a sostener un t.: habría en efecto en Dios cuatro
divinidades: una por cada Persona y otra por la divina esencia, que no se
identificaría con las Personas. Fue condenado su exagerado realismo trinitario
en el Conc. de Reims (1148).
Joaquín de Fiore sufrió, a lo que ' parece, el influjo del porretanismo, contra
el que reacciona. De ahí su polémica con Pedro Lombardo, al que acusa de estar
cerca de un tetrateísmo. No hay, dice, ninguna «cosa» que sea Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ni tampoco es esencia,ni sustancia ni naturaleza. Pero concede
que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una esencia, una sustancia y una
naturaleza. «Sin embargo -afirma- esta unidad no es propia y verdadera, sino
colectiva y metafórica, al modo que muchos hombres se dicen un pueblo y muchos
fieles una Iglesia». Esa explicación cae en el t., pues la unidad y
consustancialidad divinas se reducen a una unidad moral, no física, o a una mera
abstracción al sentido nominalista de Roscelino. Por lo cual, los Padres del
Conc. IV de Letrán (1215) condenaron y defendieron la verdadera doctrina.
«Nosotros, con la aprobación del Sagrado Concilio, creemos y confesamos con
Pedro Lombardo que existe una realidad altísima, incomprensible e inefable, la
cual verdaderamente es Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas al mismo
tiempo; que cada una de las personas es aquella suma realidad, esto es, la
sustancia, la esencia o la naturaleza divina, la cual es el principio de todas
las cosas, fuera del cual no se puede encontrar otro, y esa cosa no engendra, ni
es engendrada, no procedente de otra, sino que es el Padre quien engendra y el
Hijo quien es engendrado y el Espíritu Santo quien procede de los dos, pues
debemos poner distinción en las personas y unidad en la naturaleza» (Denz.Sch.
804).
Manifestaciones posteriores. Entre los teólogos modernos que han simpatizado con
el t. cabe mencionar a Enrique Nicolai, nacido en Danzig (m. 1660), quien
sostuvo en sus obras doctrinas triteístas y arrianas, y al inglés Guillermo
Scherlock (m. 1707). Este último, intentando explicar el sentido de estas
palabras: «las tres personas no forman más que un solo ser», buscó una analogía
en el espíritu humano. De un lado reduce la esencia del espíritu al pensamiento;
de otro, considera las tres personas en Dios como si fuesen tres espíritus
distintos, teniendo cada una distinta sustancia separada realmente de las otras
dos. También se enumera entre los triteístas a Pedro Faydit, sacerdote
oratoriano (v.), autor de un opúsculo, «De mente humana», inspirado en los
principios cartesianos, cuya publicación le valió el salir de la Orden. Entre
los tetrateístas se menciona a Günther (v.), que llega a él por la vía de
identificar la persona con la autoconciencia. Como la esencia divina tiene
conciencia de sí, tendríamos, además de las tres personas, esta cuarta. V. t.:
TRINIDAD, SANTNIMA.
P. TINFO TINEO.
BIBL.: L. BIZANCIO, De sectis, PG 86,1232-1233; S. JUAN DAMASCENO, De haeresibus,
cap. VI-VII: PG 94,744-753; ROSCELINo, Epistola ad Petrum Abaelardum, PL
178,357-372; HEFELELECLERCQ, Histoire des Conciles, V, París 1912, 365-367;
PicANET, Roscelin et théologien d'aprés la légende et d'aprés l'h¡sto¡re, París
1896; P. FoURNIER, Études sur Joachim de Fiore et ses doctrines, París 1909; J.
RIVIÉRE, Triteisme, en DTC 15,18601861.
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991