CONFIRMACION - TEXTOS
El carácter sacramental obrado por la Confirmación representa una especial forma de semejanza a Cristo y de incorporación a Cristo y a la Iglesia. EI confirmando es configurado al modo de Cristo, en cuanto que Cristo se enfrentó públicamente al mal con su muerte de cruz y le opuso resistencia, y superó al pecado con su sacrificio de muerte y creó nueva vida. De esto se desprende el sentido y finalidad del carácter de la confirmación. No significa simplemente un nuevo esplendor de la semejanza a Cristo obrada por el bautismo ni una más profunda incorporación a Cristo y a la Iglesia, sino algo más, un nuevo modo de semejanza a Cristo, de ser miembro suyo y de pertenencia a la IgIesia.
Causa una más intensa configuración del sacerdocio general que se nos concedió por el bautismo. Al confirmado se le imprimen rasgos cristiformes que faltan al bautizado. Frente al carácter bautismal hay que ver aquí algo nuevo, el que el confirmado está capacitado y obligado como miembro adulto de la Iglesia a participar públicamente con decisión libre y responsable en la obra sacerdotal, magisterial y real de Cristo para la edificación del reinado de Dios, y hacer frente da este modo a todo lo que se opone y dificulta el advenimiento del reino de Dios.
Muchas veces, para determinar la diferencia entre el carácter cristiforme del bautizado y el del confirmado, se compara el bautizado con el menor de edad y el confirmado con el hombre adulto. La Confirmación aparece así como el sacramento de la mayoría de edad en la vida espiritual. De todos modos, no hay que exagerar esta comparación. Vimos que los bautizados no son unos miembros inmaturos en el Cuerpo de Cristo. También ellos tienen capacidad, derecho y deber de trabajar en la edificación del reino de Dios. Vimos que el Bautismo era el sacramento del sacerdocio general. No es la Confirmación la que concede la madurez espiritual. Pero a la mayoría de edad alcanzada en el bautismo le da una especial madurez y orienta a los adultos en una dirección determinada.
La madurez deparada al confirmado en su comunidad con Cristo le faculta y obliga a realizarla a la luz pública. La Confirmación coloca al bautizado en aquella publicidad en que se movió Cristo cuando venció el mal. Fue la publicidad del mundo y del cielo. Ante los judíos y romanos, y ante la mirada del Padre celestial se enfrentó Cristo al mal para vencerlo (Col. 2, 15). El carácter confirmatorio es, pues, la señal con que es sellado el hombre como creyente cristiano ante el mundo y ante el cielo. Pero tampoco el bautizado es un ser solitario. También él se encuentra en la publicidad del cielo y de la tierra. Pero en el confirmado esta publicidad tiene una fuerza especial. Quizá pueda decirse que en el bautismo lo importante estriba en la vida individual realizada dentro de la comunidad, en la confirmación en la vida comunitaria llevada por cada uno en particular. Así, pues, en la publicidad en que se encuentra situado el confirmando debe enfrentarse y oponer resistencia con decisión libre y responsable al mal, debido a su perfecta semejanza a Cristo y a su incorporación a El y a ser miembro de la Iglesia. Esto se realiza en la participación en la obra sacerdotal, doctrinal y real de Cristo.
La participación del confirmado en la obra de Cristo se diferencia de la del bautizado en que el confirmado está capacitado y obligado a realizar su participación en una situación especial, esto es: en aquellas situaciones en que la comunidad con Cristo sólo puede actuar luchando y oponiendo resistencia al mal, al error, a la incredulidad y al pecado. El confirmado se enfrentará públicamente al mal, y así aportará su contribución a la implantación del reino de Dios en el mundo. Para ello recibe el carácter confirmacional, la misión, la autorización y el encargo. Se le confirma, sella y arma para esta empresa. El carácter confirmacional fundamenta una comunidad de lucha y victoria del confirmado con Cristo. No tiende, en primer lugar, a la santificación del confirmado, sino a su consagración al trabajo de santificaci6n del mundo. La Iglesia da poder y obliga a sus miembros en la confirmación para que santifiquen el mundo, obra que le ha sido confiada a Ella. La Confirmación es el sacramento del "servicio al mundo" de la Iglesia. La unción en la frente alude al hecho de que el confirmado ha sido enviado para dar testimonio público de Cristo. La frente es el "órgano de la publicidad". La bofetada, costumbre al principio desconocida en la liturgia, que fue introducida al entrar en contacto la oonfirmaci6n con el mundo germánico, expresa que la Confirmaci6n es el sacramento de la nobleza espiritual En el Sed contra del artículo sexto de la cuestión sobre la confirmación, cita Santo Tomás de Aquino (Suma Teológica, III, q. 72, a. 6) un texto de Rábano Mauro que dice que al bautizado se le comunica el Espíritu Santo en la confirmación a fin de quedar fortalecido para predicar a Cristo (ad praedicandum) (cfr. I Cor. 14, 3, 14, 23-33). La naturaleza de la lucha contra el mal está determinada por la índole de la lucha de Cristo, de quien el confirmado lleva los rasgos. Cristo venció los pecados del mundo entregándose hasta la muerte. Lo mismo se sigue del hecho de que la semejanza a Cristo nace al ser sellado con el Espíritu Santo. Este ser sellado con el Espíritu Santo lo es con el amor.
SCHMAUS
TEOLOGIA DOGMATICA VI
LOS SACRAMENTOS
RIALP. MADRID 1961.Págs. 211-213
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2. CATEQUESIS DE CONFIRMACIÓN: ALGUNOS APUNTES
A pesar de que tengamos un número muy elevado de chicos y chicas que vienen a preparar la Confirmación, la mayoría lo hace sin demasiada convicción, influidos muchos por la familia, porque toca o porque van los amigos. Esto hace que cueste mucho transmitir la idea de una fe personal, que supone la experiencia de adhesión a Jesús que compromete la propia vida. Más bien, se ve la Confirmación como un paso más que hay que dar para seguir la tradición de un cristianismo bastante sociológico. Es curioso ver que algunos jóvenes, que han recibido una formación cristiana en casa y en la escuela, conocen bastante bien los contenidos del cristianismo, pero eso no les afecta demasiado en su vida personal. Constatamos igualmente que los chicos entran bastante bien en la dinámica de los valores humanos y sociales que promueven el respeto, la solidaridad, la ayuda mutua, la ecología, los derechos humanos, etc. Pero, en cambio, les cuesta mucho más dar el paso a la experiencia de la fe. Para intentar contrarrestar esta realidad, intentamos poner especial énfasis en algunos elementos:
- En cualquier tema o situación que se trate, hay que hacer referencia a Jesús como aquél que ilumina nuestra vida y nos marca el camino a seguir; y utilizar el Nuevo Testamento con cotidianidad.
- Tener siempre presente, en toda reunión, un momento de oración explícita, en la que ponemos en las manos del Señor nuestro trabajo, nuestra vida, nuestra realidad.
- Fomentar los espacios celebrativos, donde los jóvenes puedan experimentar realmente esta dimensión básica de la vida cristiana: dedicar un día la reunión de grupo a hacer una plegaria más larga y pausada en la capilla; invitarlos a una plegaria joven o a una celebración de la comunidad cristiana más amplia; participar como grupo en la Eucaristía habitual de la parroquia, aportando quizás alguna colaboración; que siempre en los encuentros conjuntos exista un espacio de oración y de celebración de la Eucaristía, etc.
- Hacer que se den cuenta y experimenten que la iglesia no es una realidad lejana, anticuada y para gente mayor, que es como la ven ellos. Sino que ellos pueden tener un papel, que puede tener un tono joven si ellos se comprometen, que es necesario y vale la pena vivir la fe en el contexto de una comunidad cristiana y en la comunión de una Iglesia universal, plural y donde todo el mundo puede encontrar su lugar. Todos estos aspectos hay que acentuarlos sobre todo en el periodo final del proceso de preparación de la confirmación. También aquí querría aportar algunos elementos que nosotros intentamos fomentar y que nos van bien en esta etapa previa inmediata a la recepción del sacramento:
- Insistir de una forma más explícita en la reflexión sobre lo que es la fe, sobre la figura de Jesucristo, la Iglesia, los sacramentos, ... y especialmente sobre el Espíritu Santo y el sentido de la Confirmación.
- Motivar la reflexión personal: esto que ahora realizarás es un acto libre y consciente, nadie te obliga. ¿Lo tienes claro? ¿Qué significa para ti? ¿A qué te compromete? Al final del proceso, no necesariamente habrá que recibir el sacramento; entonces deberá tomarse la decisión de confirmarse o no. Una posible herramienta puede ser pasarles un cuestionario que les plantee estos temas y que les ayude a reflexionar sobre ello.
- Tener una conversación personal con el sacerdote en la que se pueda repasar aquel cuestionario, las motivaciones, aclarar algunas dudas, y sobre todo, animar al joven a seguir a Jesús: en la oración, en la participación en la comunidad, en las actuaciones de la vida cotidiana... Siempre, evidentemente, creando un clima agradable y franco, de acogida, y nunca que dé la sensación de un examen. Esto va muy bien de cara al futuro, porque siempre queda una referencia personal del joven con el sacerdote. Y para el presbítero, personalmente, he de decir también que es una experiencia muy positiva, aunque exija una gran cantidad de horas para poder atender a todos los confirmandos.
- Hacer una buena celebración penitencial en la que el joven pueda experimentar la necesidad de la conversión y donde la confesión le ayude a vivir el comienzo de una nueva etapa en su fe.
- Insistir en la continuidad: la Confirmación no es el punto final de nada, sino más bien el inicio de una etapa nueva como cristiano adulto. Hay, por tanto, que motivar al máximo que el joven pueda continuar este camino de profundización en la fe en un grupo de posconfirmación, de revisión de vida o de iniciación en un movimiento.
- Finalmente, querría hacer una observación. Tenemos una tendencia a querer acentuar mucho en la celebración de la Confirmación los elementos de compromiso personal, de opción libre y consciente, de un paso que uno da, etc. Creo, verdaderamente que esto es importante porque ayuda al joven a pensar y a darse cuenta del propio camino con responsabilidad. Pero también es cierto que a menudo dejamos en segundo lugar lo que es fundamental: la gracia de Dios que actúa en el sacramento, y más aún en la Confirmación, donde el principal protagonista es el Espíritu Santo. Al fin y al cabo, todos constatamos que los supuestos compromisos y la opción personal del joven son relativos y a menudo se quedan en nada. Hay que poner un mayor énfasis, por lo tanto, en hacerle vivir también al confirmando que Dios lo ama, que Él le ayudará a seguir adelante, y que sólo poniendo toda la confianza en el Señor, y por la acción del Espíritu Santo, aquel adolescente podrá ir creciendo y madurando en la fe.
XAVIER
AYMERICH
MISA DOMINICAL 1998, 7, 3
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3. CONFIRMACIÓN EN AMBIENTE URBANO
Después de bastantes años de experiencia pastoral en que el sacramento de la Confirmación era el reclamo y punto de partida de la pastoral juvenil, los responsables laicos y los sacerdotes que atendemos este área en nuestro arciprestazgo (que abarca tres barrios de la ciudad de Barcelona) observamos que los resultados son algo ambiguos: sí que existe un grupo de chicos y chicas que se dejan "sorprender" por la propuesta de los animadores-catequistas y por la novedad de un Dios que se hace presente y que habita en sus vidas; se aventuran a que la Confirmación no sea una meta en sí misma, sino un don para seguir trabajando en el grupo y la comunidad cristiana. Sin embargo, constatamos que es más grande el número de jóvenes que no optan por este seguimiento: ni continúan en el grupo, ni participan en la Eucaristía dominical, ni parece que la propuesta de Jesús haya tocado a fondo las opciones y el estilo de su vida.
Son muchos y diversos los factores que nos parece que influyen:
- el fuerte ambiente de la secularización, en nuestra sociedad en general y en los ambientes juveniles especialmente;
- la riquísima y tentadora oferta de posibilidades de ocio que se presentan a los jóvenes, ante la que es muy difícil "competir" desde un grupo que ofrece valores tan poco "agresivos" como la reflexión, la oración, la amistad...;
- el testimonio poco festivo e incluso poco evangélico de algunas de nuestras comu- nidades cristianas;
- la progresiva ralentización de los procesos de maduración de los adolescentes y jóvenes: les cuesta tomar decisiones, dar pasos, asumir con responsabilidad su propia vida;
- la poca influencia que en estas edades y actualmente tiene la familia sobre ellos: bien sea por la dimisión de los padres, bien por el rechazo más o menos explícito de los hijos.
Teniendo en cuenta esta situación y la valoración que hemos ido haciendo nos parece más adecuado no utilizar el sacramento de la Confirmación como reclamo ni como punto de partida de la pastoral juvenil (constatamos, también, que la Confirmación todavía no se nos ha estropeado tanto como la Primera Comunión, y que vale la pena esforzarnos para "salvar" este sacramento).
Por tanto, vemos la conveniencia de "llamar" a los chicos y chicas a conocer a Jesucristo y quererlo seguir en la propia vida, a descubrir la parroquia o el movimiento como la comunidad creyente que se esfuerza por ser fiel al Evangelio y dar testimonio... En definitiva, vemos que desde el principio, ha de aparecer bien clara nuestra oferta-propuesta de cara a los jóvenes: apuntarse a seguir a Jesucristo más que "apuntarse" a la Confirmación.
La Confirmación de la fe como don y como tarea tendrá que irse situando en el interior de la experiencia del encuentro con Jesucristo y del encuentro con la comunidad que celebra su fe y da testimonio de palabra y obras.
La pastoral de la Confirmación, dirigida a los jóvenes, nos plantea con fuerza todos los retos de la nueva evangelización: el lenguaje, los métodos, el testimonio, el corazón mismo de nuestra fe. Los cambios tan profundos a nivel cultural, mediático, de valores que vive nuestra sociedad nos exige revisar nuestras "ofertas" y medios. Si son necesarias las "reformas educativas" en las escuelas, sin duda que también lo han de ser en nuestras catequesis, movimientos, parroquias... Será necesario que nos atrevamos a afrontarlo con creatividad, impulsados por el Espíritu, que siempre es Espíritu de encarnación en nuestro mundo.
T.
ROMÁN
MISA DOMINICAL 1998, 8, 5-6
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La celebración del sacramento de la Confirmación
La ceremonia, paso a paso
Comenzamos este primer domingo de Adviento el segundo año preparatorio para el Jubileo del año 2000 y, según señala el Papa Juan Pablo II en la carta encíclica Tertio millenio adveniente, "1998, segundo año de la fase preparatoria, se dedicará de modo particular al Espíritu Santo y a su presencia santificadora dentro de la comunidad de los discípulos de Cristo (n. 44). El mismo documento pontificio nos dice que el Espíritu Santo "actúa en la Iglesia sacramentalmente, sobre todo por la confirmación..." (n. 45). Parece oportuno que, ya desde este día, refresquemos el recuerdo del sacramento de la Confirmación, que, quizá hemos perdido en el olvido, pero que sigue actuando en nosotros porque por él fuimos marcados por este sello indeleble que es el Espíritu Santo. Un camino de recuerdo es seguir los sentimientos de un adolescente que se confirma en nuestra parroquia. Oigamos su versión. Ya antes de la celebración, me repitieron un montón de veces que es el obispo quien confiere el sacramento de la Confirmación. Creo que ya lo ha visto alguna vez en el pueblo, pero aquel día fue diferente: estuve muy cerca de él, incluso cara a cara. Sólo fue comenzar la celebración y en la monición de entrada dijeron que "el obispo, como representante principal de Jesucristo en la diócesis, preside esta asamblea". Y todo esto porque la Confirmación nos integrará más en la Iglesia.
Liturgia de la Palabra
Después de las primeras oraciones, todos reunidos con el obispo, nos sentamos en silencio para escuchar la Palabra. Las lecturas, con un poco de rollo, dijeron a todos los que estábamos allí que aquella celebración tenía sentido porque los profetas anunciaron y Jesús prometió que enviaría el Espíritu Santo para que, con su acción, podamos vivir más cerca del Padre y una vida cristiana más comprometida. La catequista nos había dicho que las lecturas narran lo que va a suceder en el momento del sacramento.
Antes de la homilía, hubo un momento de nervios. El párroco se fue al micrófono y le dijo al obispo que estos chicos y chicas (se refería a nosotros) habían sido bautizados en su día y que ahora pedían ser confirmados. Luego fue nombrando uno a uno a todos los compañeros y, cuando llegó mi turno, tuve que subir al altar para ser presentado al obispo. Me temblaban un poco las piernas, pero llegué hasta arriba. El obispo aprovechó el momento para hacer su homilía. Fue un poco larga, dijo algunas cosas que no entendí, pero me quedó claro que, en esa misa, yo y mis compañeros éramos los protagonistas porque íbamos a recibir el don del Espíritu.
El rito sacramental
El obispo tomó en serio lo que dijo, pues, en cuanto acabó la homilía, se dirigió a nosotros y nos dijo que antes de confirmarnos teníamos que recordar que el bautismo nos había hecho cristianos y que teníamos que renovar los compromisos de un buen cristiano. Efectivamente nos preguntó "¿Estáis dispuestos a luchar contra el pecado... Trataréis a todos los hombres como hermanos.... Imitaréis en todos a Jesucristo... Creéis en el Padre, en Jesucristo y en el Espíritu Santo?". Yo iba respondiendo que sí , igual que mis compañeros, pero por dentro le pedía al Señor que fuera de verdad.
Cuando terminó el interrogatorio, todos los curas que estaban en el altar se pusieron junto al obispo y, todos a la vez, tendieron sus manos sobre nuestras cabezas. Instintivamente baje los ojos. Sabía que era un momento importante del sacramento. El obispo comenzó a rezar por nosotros y le oí que pedía "escucha nuestra oración y envía sobre ellos el Espíritu Santo".
Terminada la plegaria, el obispo se sentó delante del altar y empezó a confirmar. Todos íbamos en fila, nuestro padrino al lado. Cuando llegué frente al obispo, me arrodillé, mi padrino puso una mano sobre mi hombro y le dijo al obispo mi nombre. En ese momento no sentí corte ninguno. El obispo me miró sonriente, mojó el dedo pulgar de su mano derecha en el Crisma y, mientras hizo una cruz en mi frente, me llamó por mi nombre y dijo: "-Recibe por esta señal el Don del Espíritu Santo". Respondí "-Amén" un poco más alto de lo normal; sabía que, en ese momento, acababa de ser confirmado y que el Espíritu Santo comenzaba a habitar en mi de un modo especial.
Cuando me levanté, el obispo me abrazó y me dijo: "-La paz sea contigo" y, de verdad, con emoción, le respondí: "-Y con tu espíritu". Era como agradecerle que me hubiese confirmado.
Llenos del Espíritu
Cuando ya todos estábamos en nuestros sitios. Dos compañeros, un chico y una chica, subieron al micrófono y nos invitaron a rezar por la Iglesia, por el mundo, por los pobres y por todos los estábamos allí. En la catequesis se nos había dicho que aquellas eran "la oración de los fieles" y que unirnos a aquellas peticiones era el primer acto que hacíamos como miembros más plenos de la Iglesia, pueblo sacerdotal.
Después, durante la misa y, sobre todo, a la hora de comulgar me gustó pensar que era más santo que en la misa del domingo anterior, pues Jesús había hecho conmigo lo mismo que hizo a sus discípulos en la mañana de la resurrección: echar sobre mi su aliento y decirme: Recibe mi Espíritu".
Antonio Luis Mtnez
Semanario "Iglesia en camino"
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5. Confirmarse es necesario
El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda la unidad de los tres Sacramentos de la Iniciación Cristiana y cómo el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía ponen los fundamentos de toda la vida cristiana. Por el primero se nace, por el segundo se fortalece y por el tercero se alimenta. Los tres son, pues, necesarios para la Iglesia, que tiene obligación de formar a todos aquellos que se incorporan a la fe en Jesucristo, y por eso los prepara cuidadosamente a través de un largo proceso catequético; los tres son necesarios para todos aquellos que quieren ser y vivir como cristianos, y por eso reciben la enseñanza de la Iglesia que los hacen conscientes de estas acciones de Dios que marcan definitivamente sus vidas.
En efecto, en esta tarea de hacer un cristiano, que son los Sacramentos de Iniciación, Dios pone en cada uno de ellos su acción específica: se podría decir que el Bautismo es más del Padre; la Eucaristía, más del Hijo; la Confirmación, más del Espíritu Santo. Aunque esto sea sólo un modo de hablar, porque las personas de Dios siempre actúan en solidaridad, nunca por separado.
Si los tres son necesarios para plantar, alimentar y fortalecer la fe y hacerla vida, no tiene mucho sentido que dé lo mismo ofrecer o no la Confirmación, para los que tienen la misión de hacerlo, o de recibirla o no, para los que tienen obligación de preocuparse por ser un cristiano con las capacidades y posibilidades que dan estos tres sacramentos.
AMADEO
Rodríguez
Semanario "Iglesia en
camino"
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6. Efectos propios de este sacramento
El don propio de la confirmaciónademas de los efectos comunes con los demas sacramentoses perfeccionar la gracia bautismal. Quienes han sido hechos cristianos por el bautismo son aun como niños recien nacidos (cfr. Pdr 2, 2), tiernos y delicados. Con el sacramento de la confirmacion se robustecen contra todos los posibles asaltos de la carne, del demonio y del mundo, y su alma se vigoriza en la fe para profesar y confesar valientemente el nombre de Nuestro Sefior Jesucristo. De a-tui el nombre de confirmacion (Catecismo Romano, P. II, c. 2, n. 20).
Todos los sacramentos son ciertas profesiones de fe. Y asi como el bautizado recibe la potestad espiritual para confesar la fe por la recepcion de los demas sacramentos, asi el confirmado la recibe para confesar publicamente con la palabra y como por oficio la fe de Cristo (SANTO TOMAS, Suma Teologica, 3, q. 72, a. 5 ad 2).
Por el sacramento de la confirmacion se vinculan mas estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Espiritu Santo, y con ello quedan obligados mas estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras
CONC. VAT. II
Const. Lumen gentium, n. l l
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7. La edad adulta
Es manifiesto que en la vida corporal constituye cierta perfeccion especial el hecho de que el hombre alcance la edad perfecta, de suerte que pueda realizar las acciones que corresponden al hombre perfecto. Y por eso, ademas de la generacion, por la cual se recibe la vida corporal, existe el crecimiento y el aumento, por el que se alcanza la edad perfecta. Esto mismo ocurre en la vida espiritual: el hombre recibe la vida por el bautismo, que es una espiritual regeneracion; y en la confirmacion recibe como la edad perfecta en la vida espiritual. Y por ello es claro y manifiesto que la confirmacion es un sacramento especial (SANTO ToMAS' Suma Teologica, 3, q. 72, a. l).
Confirmacion y apostolado
El apostolado de los laicos es una participacion en la misma mision salvifica de la Iglesia, y todos estan destinados a este apostolado por el Sefior mismo, en virtud del Bautismo y de la Confirmacion (CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 33).
Los laicos tienen el derecho y el deber de ser apostoles en virtud de su misma union con Cristo Cabeza. Insertos en el cuerpo mistico de Cristo por el Bautismo y robustecidos mediante la Confirmacion por la fuerza del Espiritu Santo, son destinados al apostolado por el mismo Señor (CONC. VAT. II, Decr. Apostolicam Actuositatem, 3).
Especial fortaleza contra los enemigos de la fe
Por el sacramento de la confirmacion se da al hombre potestad espiritual para ciertas acciones sagradas distintas de las que ya recibio potestad en el bautismo. Porque en el bautismo recibe la potestad para realizar aquellas cosas que pertenecen a la propia salvacion en el orden puramente individual; pero en la confirmacion recibe la potestad para realizar las cosas relativas a la lucha espiritual contra los enemigos de la fe. Como aparece claro en el caso de los apostoles, quienes, antes de recibir la plenitud del Espiritu Santo, estaban encerrados en el cenaculo perseverando en la oracion (Hech 1, 13-14), y cuando salieron de alli no se avergonzaron de confesar publicamente la fe, incluso contra los enemigos de la misma (SANTO TOMAS, Suma Teologica, 3, q. 72, a. 5).
El hombre todo entero se funde en la Verdad, en la inteligencia de su espiritu, en el abandono de su voluntad, en la consagracion de todo su amor. De lo cual el hombre pusilanime no es capaz mas que cuando es confirmado por la gracia de Dios (SAN BUENAVENTURA, Breviloquium, VI, 8).
La lucha espiritual contra los enemigos invisibles corresponde a todos los cristianos; pero la lucha contra los enemigos visibles, o sea contra los que persiguen la fe cristiana, confesando el nombre de Cristo, es propia de los confirmados, que han llegado espiritualmente a la edad viril (SANTO TOMAS, Suma Teologica, 3, q. 72, a. 5 ad. 2).
El efecto de este sacramento es que por medio de el se da a los cristianos el Espiritu Santo, como fue dado a los Apostoles en Pentecostes, para tener fuerzas y confesar con valentia el nombre de Cristo. Asi pues, el confirmado es ungido en la frente, donde se manifiesta la verguenza, para que no se averguence de confesar el nombre de Cristo y especialmente su cruz, escandalo para los judios y locura para los gentiles, como dice el Apostol (I Cor 1, 23). Por eso es marcado con el signo de la cruz (CONC.DE FLORENCIA, Decr. pro Armeniis, a. 1439).
Recibira una mayor gloria quien muera habiendo sido confirmado
Quienes tienen niños a su cargo, han de ocuparse diligentemente de que sean confirmados, porque es grande la gracia que proporciona este sacramento. Si mueren, tendra mayor gloria el confirmado que el que no lo ha sido, porque aquel recibio mas gracia (SANTO TOMAS, Sobre el Credo, 10, 1. c., p. 101).