Despedida de Madrid

Centro Ifema
Madrid, 9 junio 2026

Queridos hermanos y hermanas, este encuentro es el último de la etapa madrileña de mi viaje apostólico, pero me alegra mucho que sea con vosotros, voluntarios y voluntarias. Cada uno de vosotros, y muchos más que no han podido estar aquí esta mañana, merecéis un gracias muy especial, porque habéis ofrecido vuestra presencia y servicio, y lo habéis hecho por amor al Señor, a la Iglesia y al papa. ¡Gracias de todo corazón!

He sabido que, desde el principio, vuestra respuesta a la convocatoria ha sido entusiasta. En pocos días habéis superado las cifras solicitadas, y así las necesidades han quedado ampliamente cubiertas. Os habéis tomado días libres en el trabajo, algunos de vosotros os habéis dedicado a tiempo completo durante meses, y cada uno ha dado lo que ha podido, entregando su corazón, manos, talentos y sonrisas. ¡Que Dios os recompense como sólo él sabe hacerlo!

Me gustaría compartir con vosotros una sencilla reflexión, sobre cómo los cristianos estamos llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad.

Para explicar esto, Jesús utilizó la imagen de la levadura, cuando dijo: «El reino de los cielos se parece a la levadura que una mujer amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta» (Mt 13,33). Vuestra experiencia de estos días, queridos voluntarios, es un signo del Reino que viene, y lo es por un aspecto esencial: la gratuidad.

La gratuidad es una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad, y podríamos decir que es un rasgo típico de la ciudad de Dios. En un mundo continuamente influenciado por la lógica del interés y del lucro, donde el término crecimiento se reduce a la dimensión económico-financiera, es necesario pensar y vivir según la lógica más verdadera: la de un crecimiento humano integral.

Esta es la lógica del evangelio, que dice: «Si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis?» (Lc 6,33-34).

Queridos hermanos, Jesucristo vino a traer al mundo la levadura del reino de los cielos. La mezcló con la masa de nuestra humanidad enferma y la sanó desde dentro, con el agua y la sangre de su sacrificio y con el fuego del Espíritu Santo. Tras su muerte y resurrección, él envió a sus discípulos, con la fuerza de ese Espíritu, para que fueran en el mundo signos e instrumentos de su reino, un reino de amor, de justicia y de paz.

Esto se realiza mediante la predicación, y también a través de un estilo de vida, de una forma de pensar y de comportarse como pide el evangelio. Este es el estilo de gratuidad que vosotros habéis testimoniado estos días aquí, en Madrid. ¡Gracias!

Quizás las estadísticas no lo registren, pero sabemos que, en estos días, y gracias a vosotros, esta ciudad ha crecido y está más cerca del reino de Dios. ¿Mérito nuestro? ¡No! ¡Todo es gracia suya! Nuestro secreto es el amor de Dios, que mueve el sol, los astros y los corazones de quienes han encontrado al Señor Jesús que dijo: «Hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35).

Hermanas, hermanos, ¡sigamos por este camino! Hagámoslo con humildad y mansedumbre, sin ninguna presunción, firmes en la fe y generosos en el servicio. Que la Virgen María os conceda ser levadura del Reino siempre y en todas partes. ¡Gracias!

León XIV

 Act: 09/06/26    @viaje a españa       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A