Encuentro Juvenil de Madrid

Plaza de Lima
Madrid, 6 junio 2026

Queridos jóvenes de España, ¡un saludo a todos vosotros! Gracias por estar aquí y gracias por compartir la fe con Madrid y con toda España. 

Joven 1: ¿Qué santos y referentes le ayudaron en su crecimiento como cristiano?

Ya sabemos todos que San Agustín es una figura muy importante para mí, pero también he pensado en uno de los padres de la Iglesia oriental que se llamaba San Juan Crisóstomo, cuyo nombre significa "boca de oro" por su hermosa elocuencia. Antes de su bautismo, que tuvo lugar en el año 368, él estudiaba filosofía. Después se dedicó a la exégesis junto con otros jóvenes de Antioquía, su ciudad natal. Tras una experiencia como eremita, se entregó al servicio de la Iglesia como sacerdote y luego como obispo.

Aquí aprovecho para decir a todos vosotros: ¡No tengáis miedo jamás, a la hora de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia! Juan Crisóstomo llevaba en su corazón este amor por la palabra de Dios, y después de ser sacerdote y obispo dio un testimonio muy grande, sobre todo con la coherencia de su vida. Si predicaba, era porque vivía ese mensaje. A mí personalmente me impresionaban sus catequesis, sus homilías y sus escritos, que unen el amor a la verdad y la rectitud de vida. También tenía mucha valentía, y no tenía miedo de hablar delante del emperador, y de recordarle que la justicia no consistía en complacer al otro. En definitiva, San Juan Crisóstomo fue un hombre de palabra.

Otro santo que he pensado es Santo Tomás de Villanueva, también pastor de la Iglesia. Era español, estudió en la Universidad de Alcalá y, por su sabiduría, se ganó la estima del emperador Carlos I de España. Como obispo de Valencia emprendió una intensa obra de reforma del clero, exhortando a sus hermanos a la perseverancia en la oración, a la vida de castidad y a la obediencia. Su ardiente caridad, que le hizo ser conocido como el "obispo de los pobres", me alentó en los momentos de prueba y en los momentos de servicio.

Otro compañero de camino ha sido para mí Santo Toribio de Mogrovejo, misionero español en Perú que, en el siglo XVI, se dedicó con gran celo a la evangelización y estudio de las lenguas locales de América. Santo Toribio unió una intensa vida de oración al compromiso por la justicia, especialmente frente a los abusos y la corrupción de su época. Para mí fue un modelo de entrega al pueblo, en el nombre de Cristo.

Contemplando la vida de estos santos, un día me dije a mí mismo: Si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no? Esta fue la pregunta que en su día se hizo San Agustín (Confesiones, VIII, 27), y que también yo os confío con gusto, invitándoos a escoger ejemplos de vida que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás.

Joven 2: ¿Qué recuerdo guarda de sus años en Perú?

Como misionero y después como obispo, recuerdo sobre todo el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades pero llena de esperanza. Ese encuentro con las heridas y con las alegrías del pueblo me hizo crecer en el camino del seguimiento de Jesús. Mientras lo anunciaba, también yo era transformado por el evangelio. La fe de esos pueblos transformó mi vida, y su pobreza enriqueció mi fe. Experimentando esta fe, contemplé cómo la palabra de Dios puede convertir el conflicto en paz, así como ser fuente de reconciliación, de paz y de justicia.

Joven 3: ¿Qué nos ayudaría a reconocer la voz de Dios, entre tantas voces?

En primer lugar hemos de discernir si es verdaderamente Dios quien nos esta hablando o lo está haciendo otra cosa, otra atracción o alguna dificultad.

Para reconocer la voz de Dios puede ayudarnos, ante todo, el silencio. Creo que es importante que cada uno de nosotros busque desarrollar la capacidad de estar en silencio. Muchas veces vamos con audífonos, vamos con la música, vamos con la distracción y no sabemos estar en silencio. Pues bien, sólo en la experiencia de silencio es donde Dios puede hablarnos y nosotros discernir la voz de Dios. Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. El estruendo de mil voces engañan nuestros deseos, nos compran sin alimentarnos y nos hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece. Aquí también quisiera subrayar la importancia de buscar la verdad, porque muchas cosas de las redes nos engañan y nos cuentan mentiras. ¡Buscad siempre la verdad! ¡Dios es verdad! ¡Si algo os lleva lejos de Dios, no es verdad! ¡No lo olvidéis!

En segundo lugar, tened la certeza de que Dios conoce bien cada una de vuestras voces, y que él os escucha y os responderá. No tengáis miedo de expresar lo que sentís en el corazón. Hay un salmo que dice: «El que hizo el oído, ¿no va a oír?» (Sal 94,9). Nuestro discurso interior se convierte en súplica cuando es confiado al único que puede escucharlo. Nuestra voz es libre cuando no rinde cuentas, y demuestra que está preparada para hacer cosas importantes. Cuando nosotros mismos nos convertimos en oración, el Señor nos responde con su Verbo, que se hizo hombre por nosotros y nos ama con todo su ser.

En tercer lugar, para reconocer la voz de Dios es necesario escuchar la palabra de Dios, que está viva y es la voz de Cristo que resuena en la Iglesia. Él cumple todas las Escrituras, ese testamento antiguo y nuevo dado a los hombres como promesa de salvación.

Para terminar, la adoración eucarística es el lugar adecuado para guardar silencio, liberar el corazón y ponernos ante el Señor, dialogando con él en la absoluta certeza de estar escuchando su voz.

Joven 4: ¿Cómo podemos descubrir la belleza de la fe?

Comenzando a recorrer vuestro propio camino espiritual, en la voluntad de seguir a Jesús. Eso os renovará constantemente, y os hará ver que él camina a vuestro paso e ilumina vuestro camino. ¡Buscad en vuestros corazones el fuego del amor de Dios! Hacedlo y veréis que ahí está la presencia de Jesús, y hasta la percibiréis en los momentos de vuestras caídas, porque Jesús no os abandona.

También podemos descubrir la belleza de la fe cuando nos convertimos en mano tendida y abrazo fraterno, cuando buscamos oportunidades para servir a los demás y cuando buscamos cómo tocar la vida del otro con sus heridas, en su tristeza o dificultades. Ahí es donde la fe en Jesucristo se hace viva, y ahí es donde Jesús nos ayudará a sostenernos mutuamente en el camino.

Siguiendo el ejemplo del Maestro es como descubriréis la belleza de la fe, y la haréis descubrir a otros jóvenes. Si lo seguís con amor, otros jóvenes apreciarán la importancia de ese seguimiento. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. Compartid, pues, vuestro camino espiritual, dando testimonio de él con coherencia de vida. La voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente, sobre todo en la hora del cansancio.

La belleza de la fe está aquí. ¡Mirad cuántos estáis aquí! Y también lo está en la comunidad, en los grupos de jóvenes y en la familia.

Joven 5: ¿Cuál sería nuestro mejor compromiso con la sociedad?

A lo largo de los siglos de historia de la Iglesia, los cristianos hemos vivido en todo tipo de sociedades, atravesando los cambios de las culturas que hemos compartido y contribuido a formar. Hay un texto antiguo, que se llama la Carta a Diogneto, que nos ofrece al respecto una hermosa intuición: que «los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo» (Ibid, VI). Este es nuestro modo de vivir.

Los discípulos de Jesús somos siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. Somos libres en Cristo, porque Cristo nos ha liberado con su amor. Gracias a este amor, somos siempre libres frente a toda coacción y engaño. Somos libres de las modas, porque somos discípulos de la verdad. Estamos abiertos al futuro, porque sabemos que no nos espera la muerte.

El sentido de la historia culmina en la vida eterna que Dios tiene preparada. Desde esta perspectiva, los jóvenes estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad, convirtiéndoos en protagonistas del cambio a partir de vuestros vínculos cotidianos, aquello que vivís en la familia, en la universidad y en el trabajo.

El mejor compromiso que podéis ofrecer a la sociedad es que os vean llenos del entusiasmo motivado por la fe, y vuestra capacidad para testimoniar a Cristo en el mundo presente (incluida la realidad digital), y cómo comunicáis los valores y la belleza del evangelio (Francisco I, Christus Vivit, 105). Os invito a todos, por tanto, a ser sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5,13).

Para vivir así, es necesario saber interpretar sabiamente la sociedad presente, para poder después transformarla como testigos del evangelio. El joven cristiano se vuelve luminoso tanto en la alegría como en la prueba. El joven cristiano da sabor a la realidad porque la habita como una persona que disfruta de la vida en su interior, sin esperar que el gusto se lo den la riqueza, el placer o el poder. Esta es nuestra libertad en la fe, que es capaz de dar luz y buen sabor a toda sociedad y a toda experiencia humana.

En la sociedad actual, para muchas personas la vida ya no sabe a nada, porque se la han arrebatado. Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, o ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva.

Joven 6: ¿Cuál es la misión concreta de los jóvenes de la Iglesia?

Ante todo, yo os confío esta misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos, sed hombres y mujeres de carne y hueso! No tengáis apariencias, sino rostros fiables. Sed personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Sed ersonas que desean una vida honesta y recta, porque gustosamente hacéis a los demás lo que queréis que ellos hagan. Sed humanos como lo es Cristo, el hombre perfecto, el Resucitado que comparte con nosotros la historia en todo tiempo.

Cultivando este compromiso, mirad a los primeros cristianos, habitantes de un mundo pagano. Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo, sabiendo bien que nuestra fe es un estilo de vida que se cumple en la caridad (Gál 5,6). Ésta es, queridos jóvenes, la virtud que cambia la historia más que ninguna otra. ¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo con el amor! Muchas gracias.

León XIV

 Act: 06/06/26    @viaje a españa       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A