Visita a los vagabundos y transeúntes
Centro
Cedia
Madrid, 6 junio 2026
Eminencia, excelencias, queridos hermanos y hermanas, sinceramente estoy muy contento de comenzar aquí mi visita a Madrid. Como ha dicho su eminencia, quien está en Madrid es de Madrid. Por tanto, yo también estoy entre vosotros como un madrileño más. Gracias, Madrid, por esta bienvenida, que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor. En particular en esta casa, donde nadie se queda solo.
Aquí, la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos y, al escucharnos mutuamente, afrontamos juntos los retos, sin ignorar la complejidad de las situaciones y, al mismo tiempo, sin dejar de lado las exigencias de la caridad y de la justicia, «en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo» (Benedicto XVI, Deus caritas Est, 27).
El Centro Cedia recorre el camino del evangelio, siguiendo las huellas de Jesús, el Hijo de Dios que se hizo hombre no sólo para sanar nuestras enfermedades y miserias, sino para hacerlas suyas (excepto el pecado), viviendo como uno de nosotros en la debilidad e identificándose con toda persona que sufre, hasta el punto de decirnos: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40).
En este sentido podemos interpretar las palabras que acabamos de escuchar en el canto: "En cada sueño te busqué, y ninguno fue en balde". Ellas sintetizan muy bien los testimonios que hemos escuchado y el trabajo que se lleva a cabo aquí cada día.
Gracias a un sueño y a una pequeña puerta abierta (pequeña en tamaño, pero inmensa en misericordia, como ha dicho su eminencia), Niurka les ha dado a Ares y Atenea la vida, su amor de madre, la gracia del bautismo y la promesa de un futuro feliz.
Gracias a un sueño y a esa misma pequeña puerta, Khadri ha atravesado el oscuro túnel de la pandemia y un viaje lleno de incógnitas. Con la ayuda de quienes le tendieron la mano, demostrándole que lo apreciaban y creían en él, ha encontrado un trabajo y, sobre todo, ha recuperado las ganas no sólo de seguir adelante, sino también de servir a su vez de apoyo a otros, tal y como otros lo han apoyado a él.
Gracias a un sueño y a esa misma pequeña puerta, cada día Alicia y los demás voluntarios del proyecto Esperanza ayudan a tantas mujeres a recuperar la dignidad, la autonomía, la esperanza y el respeto por el valor sagrado de su persona, y a iniciar una nueva vida.
También los símbolos que me habéis regalado son un mensaje para todos. La cinta con los nombres de los niños expresa la alegría que cada nacimiento trae al mundo. El permiso de residencia cuenta una historia de esfuerzo, y sobre todo de compromiso, honestidad y acogida. Las sandalias, que recuerdan el encuentro de Moisés con Dios en el Horeb (Ex 3,1-6), evoca la "tierra sagrada" que estamos obligados a respetar en toda existencia humana.
Os doy las gracias de corazón a todos, por haber compartido experiencias dolorosas, pero sobre todo llenas de luz, que reflejan, como espejos, la caridad de Dios.
Vuestros testimonios nos abren una ventana a un panorama inmenso, poblado por un sinfín de madres como Niurka, de niños y niñas, de mujeres y hombres, de voluntarios y voluntarias: tantas personas, tantos hermanos y hermanas, tantas historias, tan numerosas que, como dice San Juan: «Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribirse» (Jn 21,25). La comparación con el evangelio no es forzada, porque en estas historias continúan las «cosas que hizo Jesús» a quien se refiere el evangelista.
El arzobispo ha evocado el camino que desde Belén lleva al paraíso. Madrid es también famosa por los belenes que la adornan en la época de Navidad. Su belleza, sin embargo, es sólo una pálida expresión de una maravilla aún más grande y profunda, que hoy encontramos aquí.
Las luces, las voces y los sonidos que durante las fiestas navideñas nos llegan al corazón y nos humedecen los ojos, en realidad los llevamos dentro, con nosotros y entre nosotros durante todo el año, y hoy están más vivos y encendidos que nunca en estos espacios, alrededor de este belén sencillo y acogedor que, con la ayuda de Dios, vosotros seguís preparando día a día (lit. día y noche) para Jesús, presente en las personas que se asoman al umbral de este centro en busca de ayuda.
Como lema para esta visita se han elegido las palabras de Jesús a sus discípulos: "Alzad la mirada" (Jn 4,35). Se trata de una invitación a contemplar los campos que, maduros, esperan la cosecha, y nos recuerdan que la caridad no admite demoras. Si no se cosecha cuando el trigo está maduro, la cosecha se pierde, y esta es nuestra responsabilidad ante quienes están necesitados. Este responsabilidad consagra cada encuentro con el otro como un kairós, como un momento de gracia único e irrepetible para amar que no hay que perder ni posponer. El amor de Cristo nos empuja hacia los hermanos (2Cor 5,14) y la caridad y la solicitud con que respondemos a sus impulsos son la prueba de nuestra fe.
Desgraciadamente, también los cristianos, en muchas ocasiones, se dejan contagiar por actitudes marcadas por ideologías mundanas o por posicionamientos políticos y económicos que llevan a injustas generalizaciones y a conclusiones engañosas.
El hecho de que el ejercicio de la caridad resulte despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial, me hace pensar que siempre es necesario volver a leer el evangelio, para no correr el riesgo de sustituirlo con la mentalidad mundana. No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del evangelio y fecunda todo momento histórico (León XIV, Dilexi Te, 15).
Las palabras de Jesús son también una invitación a cultivar un corazón sensible ante las necesidades de los demás (Sal 112,1-9), manteniendo vivo en nosotros el deseo del bien que Dios ha puesto en nuestra propia humanidad y que la fe libera y fortalece. Francisco I decía al respecto que, «frente al misterio de la vida personal y a los desafíos de la sociedad, el que cree exulta, tiene una pasión, un sueño que cultivar, un interés que impulsa a comprometerse en primera persona» (Discurso de Marsella, 23-XI-2023), y advertía sobre el peligro de un «corazón aburrido, frío, acomodado a una vida tranquila, que se blinda en la indiferencia y se vuelve impermeable, que se endurece» (Ibid). Sí, un corazón vivo es cálido y palpitante, y da vida. Un corazón frío está inmóvil, ya no bombea sangre, y provoca la muerte de la persona.
Quisiera subrayar un último aspecto de la invitación del Señor: la invitación a mirar a los ojos a los que sufren, y abrazarlos en un encuentro de hermanos unidos en el único abrazo del Padre. También sobre esto Francisco I insistió mucho, cuando solicitaba: «Cuando tú das limosna, ¿miras a los ojos del mendigo? ¿Le tocas la mano para sentir su carne?» (Angelus, 27-X-2024) y concluía: «La limosna no es beneficencia. El que recibe más gracia de la limosna es el que la da, porque se hace mirar por los ojos del Señor» (Ibid).
Los que aman de verdad «no se limitan a dar algo; escuchan, dialogan, intentan comprender la situación y sus causas. Están atentos a las necesidades materiales y también espirituales, a la promoción integral de la persona» (Francisco I, VII Jornada Mundial de Pobres, 5).
Podríamos concluir mirando a María, en cuya caridad todo esto encuentra cumplimiento: en su amor solícito en Caná (Jn 2,1-11), anhelante tras los pasos de su Hijo (Lc 2,41-49; 8,19-21), cercano y partícipe hasta el final al pie de la cruz (Jn 19,25-27). A ella os confío a cada uno de vosotros y vuestro trabajo, en esta tierra que le está consagrada, deseando que el espíritu de su maternidad universal anime cada vez más el grito de la fe. A ella le decimos: «Enséñanos a verte siempre madre, manantial de misericordia, regazo de perdón, abrazo de la esperanza, puerta de la gloria» (Juan Pablo II, Oración a la Almudena, 15-VI-1993). Felicidades a todos, muchas gracias por este testimonio de amor.
León XIV
Act:
06/06/26
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M
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M U R C I A
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