Visita a los enfermos mentales
Hospital
Olie
Malabo, 21 abril 2026
Señor director general, distinguidas autoridades, queridos hermanos y hermanas, les agradezco de corazón esta acogida, su hospitalidad, sus cantos y sus danzas. ¡Muchas Gracias!
Cada vez que visito un hospital o residencia, de personas que quizás tengan diversas enfermedades o dificultades, me sobrevienen sentimientos enfrentados.
Por un lado, siento el dolor y la tristeza de las personas que están sufriendo, que muchas veces llevan un dolor muy grande. A veces con heridas que se ven y a veces con heridas que nadie ve, pero que la persona misma sabe que lleva en su corazón y en su vida. Siento dolor por ellos, y por las familias que muchas veces no saben cómo ayudar al paciente.
Por otro lado, experimento admiración y consuelo por todo lo que allí se hace a diario, a la hora de servir a la causa humana. Esto también me sucede aquí, aunque hoy prevalezca la alegría de reunirnos y la esperanza de saber que estamos cuidando a quienes viven en condiciones de fragilidad.
Algunas palabras que he escuchado me han conmovido. El director dijo que "una sociedad verdaderamente grande no es la que oculta sus debilidades, sino aquella que las rodea de amor". Sí, así es. Este es un principio de civilización con raíces sanas, de esa civilización que Cristo rescató de la discapacidad y restituyó a su plena dignidad.
¿Cómo hizo todo eso Salvador? Como ha dicho el director: con amor. Él no quiere ni puede salvarnos sin nuestra colaboración, tanto a nivel personal como social. Por esa razón, nos pide que amemos a nuestros hermanos de palabra y con hechos. Un centro de cuidados como este puede convertirse, con la ayuda de Dios y el compromiso de todos, en un signo de la civilización del amor.
Dios nos ama como somos. Es más, sólo Dios nos ama, verdadera y totalmente, como somos. No ama de esta manera, mas no para dejarnos como estamos, porque él no nos quiere enfermos sino sanos, no aquejados de dolores sino llenos de plenitud. Dios quiere darnos esta gracia, para ayudarnos a sanar las heridas que llevamos.
Un hospital es precisamente eso: un lugar donde las personas son acogidas tal como son, y son respetadas en su fragilidad, y son ayudadas para estar todavía mejor, con una visión integral. Para conseguir esos objetivos, la dimensión espiritual puede ser una gran ayuda.
Para concluir, gracias al señor Tarcisio por su poesía. En un ambiente como este, cada día se componen muchos poemas ocultos, quizás no con palabras pero sí con pequeños gestos, con sentimientos, y atención a las relaciones personales. Estos son poemas que sólo Dios puede leer plenamente, y que consuelan el corazón misericordioso de Cristo.
Queridos hermanos, les pido que transmitan mi cercanía a todos los enfermos del hospital, especialmente a los más graves y a los que sufren más la soledad. A cada uno de ustedes, pacientes, personal sanitario y empleados, les imparto de corazón mi bendición, encomendándoles a la protección de María, salud de los enfermos. Muchas gracias.
León XIV
Act:
21/04/26
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