Visita a los niños huérfanos
Orfanato
de FMY
Ngul Zamba, 15 abril 2026
Queridos niños y queridos amigos, me siento muy contento de visitar este orfanato, que para ustedes se ha convertido en su casa.
En este lugar, ante todo, es el Padre celestial quien los recibe con amor como hijos suyos. Él quiere manifestarles su ternura y estrecharlos en su corazón, y también yo deseo hacerlo en su nombre. Ustedes forman una verdadera familia, y aquí encuentran hermanos y hermanas que comparten con ustedes una historia dolorosa. En esta familia ¡el hermano mayor es Jesús! Esta fraternidad reunida en torno a él les vuelve fuertes, les ayuda a llevar juntos las cargas de la vida, y les hace saborear la verdadera alegría.
En un mundo marcado frecuentemente por la indiferencia y el egoísmo, esta casa nos recuerda que todos somos custodios de nuestros hermanos y hermanas, y que, en la gran familia de Dios, nadie es nunca un extranjero o un abandonado, sin importar cuán pequeño pueda ser.
Queridos niños, sé que muchos de ustedes han pasado por pruebas difíciles. Algunos han sufrido el dolor de la ausencia con la pérdida de sus padres o de sus seres queridos. Otros han experimentado el miedo, el rechazo, el abandono, la privación, la incertidumbre. A pesar de todo, ustedes están llamados a un futuro más grande que sus heridas, y son portadores de una promesa.
Allí donde hay miseria, sufrimiento o injusticia, Dios está presente, conoce sus rostros y está muy cerca de cada uno. El evangelio nos recuerda que Jesús tenía una predilección especial por los niños como ustedes, los ponía en el centro. Pues bien, él les mira hoy a cada uno de ustedes con el mismo afecto.
Quisiera expresar también mi agradecimiento a todos aquellos que acompañan a estos niños: a los responsables, a los educadores, al personal, a los voluntarios y a las hermana, cuya entrega fiel es un hermoso testimonio de amor. Cuidando a estos niños, ustedes saborean la alegría prometida por el Señor a quienes sirven a los pequeños (Mt 25,40).
Su dedicación, queridos educadores, tiene el rostro de la misericordia divina. Por medio de ella, y de su entrega, ustedes les brindan más que un sostén material. En concreto, proporcionan a estos niños una presencia, una escucha, una familia y un futuro. A través de ustedes se manifiesta la ternura de Dios, una ternura fiel que no falla en las pruebas y nunca defrauda. Les agradezco todo lo que hacen, y les invito a perseverar con valentía en esta hermosa obra que llevan adelante.
Mientras les doy mi bendición de todo corazón, les encomiendo a cada uno de ustedes a la protección de la Virgen María, nuestra madre. Que ella les cuide siempre, les consuele en los momentos de tristeza y les ayude a crecer como verdaderos amigos de su Hijo Jesús.
León XIV
Act:
15/04/26
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M U R C I A
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