A los cristianos de Alejandría

Catedral de Santa Catalina
Alejandría, 4 mayo 2026

Santidad Tawadros II, patriarca de la sede de San Marcos, queridos hermanos en Cristo, ¡Cristo ha resucitado, al-Messihqam!

En la alegre luz de la Pascua, me complace saludarles con motivo del Día de la Amistad entre coptos y católicos, continuando así la noble tradición de Francisco I y Tawadros II. Se trata de un día que celebra la relación entre la sede de Pedro y la sede de Marcos, y constituye una iniciativa significativa. Para nosotros, los cristianos, la amistad no es un sentimiento vago, sino está en el corazón mismo de nuestra vida y nuestra fe.

Nuestro Señor mismo, en persona, es quien nos llama amigos (Jn 15,15), y nos enseña que «nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Apoyándonos en esta amistad de Cristo, hoy fortalecemos la amistad entre nosotros y nuestras iglesias, mientras continuamos dando testimonio conjunto de la filantropía divina para toda la humanidad.

El Día de la Amistad ha permitido a nuestras iglesias, separadas por siglos de malentendidos, entablar un fructífero diálogo teológico iniciado hace más de 50 años por Pablo VI y Shenouda III, de grata memoria.

Este diálogo, inicialmente bilateral, se desarrolla desde 2003 en el marco de la Comisión para el Diálogo entre la Iglesia Católica y las iglesias ortodoxas orientales, cuyos tres documentos fundamentales demuestran una creciente comprensión teológica. Espero que esta comisión, cuyo comité coordinador se reúne actualmente en Roma, retome pronto su labor con todas las iglesias de la familia ortodoxa oriental, para responder a la oración de Cristo: «Que todos sean uno» (Jn 17,21).

Aprovecho esta oportunidad para expresar mi más sincero agradecimiento a su santidad y a la Iglesia Ortodoxa Copta, por la hospitalidad verdaderamente fraterna que brindaron a los participantes en la VI Conferencia Mundial de Fe y Orden, celebrada en octubre de 2025 en el Monasterio San Peshoy de Wadi el Natrun. Confío en que las reflexiones realizadas, con motivo del 1700 aniversario del Concilio de Nicea, reaviven nuestro deseo de lograr la unidad visible de la Iglesia, arraigada en el único bautismo que profesamos en el Credo Niceno.

En un momento en que nuestro mundo se ve asolado por tantos conflictos, especialmente en Oriente Medio, los cristianos debemos buscar la unidad plena para poder dar testimonio juntos del Príncipe de la Paz. Al hacerlo, podemos depositar nuestra confianza en la poderosa intercesión y el ejemplo de los innumerables mártires que sufrieron por el nombre de Cristo.

Mientras nuestras iglesias se preparan para la solemnidad de Pentecostés, ruego al Espíritu Santo, fuente y portador de todos los dones, que guíe a coptos y católicos en su común peregrinación en la verdad y la caridad, hacia la plena comunión. Espero con ilusión el gozo de encontrarme con ustedes personalmente, y les aseguro mis oraciones junto con un abrazo fraterno de paz en Cristo resucitado.

León XIV

 Act: 04/05/26    @mensajes papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A