Al Simposio Familiar de Aparecida
Centro
Coelho de Almeida
Aparecida, 30 mayo 2026
Estimadas familias, con gran alegría me dirijo a todos los participantes de este simposio nacional, organizado por la Conferencia de Obispos de Brasil en la Casa da Mae Aparecida, un lugar de especial significado para todos los brasileños y, de hecho, para los católicos de todo el mundo. Siento una profunda conexión con ustedes y con el trabajo que realizan juntos, a través de la oración y la reflexión de cada uno, sobre un tema de tanta importancia: la familia.
La Iglesia enseña que la familia es la «célula primaria y esencial de la sociedad» (Pío XII, Summi Pontificatus, 47) y, por ello, debe ser protegida y promovida.
Llamada a proclamar el amor de Dios en el mundo actual, esta singular comunidad de personas formada por un hombre y una mujer, tan unidos en el amor que se convierten en «una sola carne» (Gn 2,24), sólo comprende plenamente su identidad cuando mira al Señor Jesús y al sacrificio que hizo de sí mismo en la cruz por su esposa, la Iglesia (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 13). Es en Cristo donde aprendemos a ver la imagen de Dios en los demás, amando a nuestro prójimo como él nos amó (Jn 13,34).
Debemos mirar a las familias con realismo y compasión, conscientes de las innumerables dificultades que las aquejan: sus fragilidades, crisis, ansiedades y tantas otras situaciones de sufrimiento. Todo esto exige de la Iglesia y de los agentes de pastoral una actitud misericordiosa y un discernimiento prudente y maduro (Francisco I, Amoris Laetitia, 8).
Tomemos como ejemplo a la Sagrada Familia de Nazaret. Las pequeñas pero fundamentales virtudes del hogar donde Jesús nació y creció, aprendiendo de San José y la Virgen María, deben servir de inspiración y modelo para todos nuestros hogares y ser la fuente de la que se busca la verdadera paz. En efecto, como señaló Benedicto XVI, la familia desempeña un papel primordial e indispensable como «maestra de la paz» (Mensaje, 1-I-2008).
En vista de esto, queridos hermanos y hermanas, como prenda de los más abundantes dones celestiales y por la intercesión de nuestra Señora de Aparecida, reina y patrona de Brasil, envío mi bendición a los obispos, a los participantes en este simposio y a todas las familias. ¡Dios les bendiga!
León XIV
Act:
30/05/26
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