A la Campaña de la Fraternidad

Santuario de Aparecida
Sao Paulo, 21 febrero 2026

Queridos hermanos y hermanas de Brasil, «ha llegado el tiempo sagrado que nos exhorta a humillar nuestra alma con oraciones y ayunos y a castigar nuestro cuerpo más que en otras épocas del año» (Homilías, CCX).

Así lo escribió San Agustín en uno de sus discursos sobre el tiempo litúrgico que hemos comenzado, durante el cual recibimos una llamada especial a una auténtica conversión, a orientar nuestra vida hacia Dios y a seguir los pasos de nuestro Señor, que se retiró al desierto durante 40 días.

En este tiempo de intensa oración cuaresmal, también se les invita a practicar con renovado compromiso la virtud de la caridad hacia los más pobres y necesitados, con quienes Cristo mismo se identifica (Mt 25, 35-40). Que el Espíritu Santo, autor de nuestra santificación, nos guíe en este camino.

Con la intención de animar al pueblo fiel en cada camino cuaresmal, desde hace más de 60 años la Iglesia en Brasil lleva a cabo la Campaña de la Fraternidad, momento en el que dirige su acción pastoral y caritativa a los pobres (verdaderos destinatarios de nuestro amor preferencial), convencidos de que «existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres» (León XIV, Dilexi Te, 36) y «debemos comprometernos cada vez más a resolver las causas estructurales de la pobreza» (Ibid, 94).

De manera similar a lo que se hizo en 1993, este año, inspirados por el lema "él vino a habitar entre nosotros", la propuesta presentada es dirigir la mirada a nuestros hermanos que sufren por la falta de una vivienda digna.

Mi santo predecesor, Juan Pablo II, invitaba a prestar atención «a los millones de seres humanos carentes de una vivienda adecuada o sin vivienda alguna, con el fin de despertar la conciencia de todos y de encontrar una solución a este grave problema, que comporta consecuencias negativas a nivel individual, familiar y social». Lo hacía afirmando que «la falta de vivienda, que es un problema en sí mismo bastante grave, es digno de ser considerado como signo o síntesis de toda una serie de insuficiencias económicas, sociales, culturales o simplemente humanas (Sollicitudo Rei Socialis, 17).

En este sentido, espero que la reflexión sobre la dura realidad de la falta de una vivienda digna, que afecta a muchos de nuestros hermanos, no conduzca sólo a acciones aisladas (también necesarias) que les ayuden de manera urgente, sino que genere en todos la conciencia de que compartir los dones que del Señor no puede limitarse a un período del año, a una campaña o a algunas acciones puntuales, sino que debe ser una actitud constante que nos compromete a ir al encuentro de quienes no tienen dónde vivir.

Deseo además, queridos hermanos y hermanas, que las iniciativas nacidas a partir de la Campaña de Fraternidad puedan inspirar a las autoridades gubernamentales a promover políticas públicas, para que trabajando todos juntos, sea posible ofrecer a la población más necesitada mejoras significativas en las condiciones de vivienda.

Encomiendo estos deseos al cuidado de nuestra Señora, que no encontró morada en Belén para dar a luz al Redentor pero que tiene su casa, como reina y patrona de Brasil, en el Santuario Nacional de Aparecida. Como prenda de abundantes gracias, imparto de buen grado a los hijos e hijas de la querida nación brasileña, y en particular a aquellos que se comprometen a que todos tengan una vivienda digna, la bendición apostólica.

León XIV

 Act: 21/02/26    @mensajes papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A