A la Iglesia Anglicana

Palacio de Lambeth
Londres, 20 marzo 2026

Reverendísima y muy honorable Sarah Mullally, arzobispa de Canterbury, que «la gracia, la misericordia y la paz estén con nosotros por parte de Dios Padre y por parte de Jesucristo, Hijo del Padre, en la verdad y en el amor» (2Jn 1,3).

Con esta certeza de la presencia constante de Dios, envío a su gracia saludos orantes con motivo de su toma de posesión como arzobispa de Canterbury.

Sé que el ministerio para el que ha sido elegida es arduo, con responsabilidades no solo en la diócesis de Canterbury, sino también en toda la Iglesia de Inglaterra y en la Comunión Anglicana en su conjunto. Además, está asumiendo estas funciones en un momento difícil y exigente de la historia de la familia anglicana. Pidiendo al Señor que la fortalezca con el don de la sabiduría, rezo para que sea guiada por el Espíritu Santo al servir a sus comunidades y se inspire en el ejemplo de María, madre de Dios.

Hace 60 años, durante su histórico encuentro en Roma, nuestros predecesores de grata memoria, Pablo VI y el arzobispo Ramsey, comprometieron a católicos y anglicanos en «una nueva etapa en el desarrollo de relaciones fraternas, basadas en la caridad cristiana» (Declaración Conjunta, 24-III-1966). Esa nueva etapa de apertura respetuosa ha dado muchos frutos en las últimas seis décadas y sigue haciéndolo hoy en día.

En esa misma ocasión, Pablo VI y el arzobispo Ramsey también acordaron iniciar un diálogo teológico. De hecho, la Comisión Internacional Anglicano-Católica (ARCIC), desde su creación, ha contribuido enormemente al crecimiento del entendimiento mutuo. Los frutos de este valioso trabajo nos han permitido dar testimonio juntos de manera más eficaz (ARCIC, Creciendo en Unidad y Misión, 93). Esto es especialmente importante dados los múltiples desafíos a los que se enfrenta hoy nuestra familia humana. Por eso, estoy agradecido de que este importante diálogo continúe.

Al mismo tiempo, también sabemos que el camino ecuménico no siempre ha estado libre de obstáculos. A pesar de los muchos avances, nuestros predecesores inmediatos, Francisco I y el arzobispo Welby, reconocieron con franqueza que «nuevas circunstancias han traído nuevos desacuerdos entre nosotros».

A pesar de ello, hemos seguido caminando juntos, porque las divergencias «no pueden impedir que nos reconozcamos recíprocamente hermanos y hermanas en Cristo en razón de nuestro bautismo común» (Declaración Conjunta, 5-X-2016). Por mi parte, creo firmemente que debemos seguir dialogando en verdad y amor, porque sólo en la verdad y en el amor llegamos a conocer juntos la gracia, la misericordia y la paz de Dios (2Jn 1,3) y, así, a poder ofrecer estos preciosos dones al mundo.

La unidad que buscan los cristianos nunca es un fin en sí misma, sino que tiene como objetivo la proclamación de Cristo, para que, según la oración del mismo Señor Jesús, «el mundo crea» (Jn 17,21). Dirigiéndose a los primados de la Comunión Anglicana, en 2024, Francisco I afirmó que «sería un escándalo si, a causa de las divisiones, no cumpliéramos nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo» (Discurso, 2-V-2024).

Querida hermana, hago mías con gusto estas palabras, pues sólo a través del testimonio de una comunidad cristiana reconciliada, fraterna y unida resonará con mayor claridad el anuncio del evangelio (León XIV, C Jornada Mundial de Misiones, 2).

Con estos sentimientos fraternos, invoco sobre usted las bendiciones de Dios todopoderoso al asumir sus altas responsabilidades. Que el Espíritu Santo descienda sobre usted y la haga fecunda en el servicio al Señor.

León XIV

 Act: 20/03/26    @mensajes papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A