A las universidades católicas del mundo

Universidad Católica
Milán, 12 abril 2026

Excelencias, el tema elegido para este CII aniversario de las universidades católicas nos invita a reflexionar sobre "la experiencia del conocimiento". Para ello, puede ser útil inspirarse en la famosa expresión de San Pablo en la Carta I a los Corintios: «Si entendiera todos los misterios y tuviera todo el conocimiento, y si tuviera toda la fe, de tal manera que trasladara montañas, pero no tengo amor, de nada me sirve» (1Cor 13,2).

¿Qué significa que, sin amor, es inútil poseer todo el conocimiento? Esto no es simplemente un lenguaje paradójico para resaltar el valor y la importancia del amor. Más bien, indica una perspectiva que puede ayudarnos incluso hoy a comprender qué es realmente la experiencia del conocimiento. El testimonio del apóstol nos insta a profundizar en al menos tres aspectos.

En primer lugar, cabe recordar que el conocimiento surge del amor al conocimiento, pues el acto de conocer es fruto de un deseo y un impulso muy específico del alma humana, incluso antes de la aplicación de la inteligencia.

Recordar este principio es fundamental, tanto para promover una educación que evite la simplificación excesiva o el uso instrumental e ideológico del conocimiento, como para asegurar un conocimiento que, reconociendo la verdad y la bondad presentes en la realidad, se traduzca también en sabiduría para la vida.

En segundo lugar, es útil tener presente que dicho conocimiento, fruto del amor por lo estudiado y con lo que se interactúa, fomenta el pleno desarrollo de las capacidades de aprendizaje en un contexto cada vez más complejo que exige una interacción continua entre diferentes campos del saber.

Reflexionando sobre el papel de los lugares de formación, Francisco I ofreció algunos criterios inspiradores para desarrollar un enfoque adecuado, como «la experiencia del kerigma, el diálogo a todos los niveles, la interdisciplinariedad y la transdisciplinariedad, la promoción de la cultura del encuentro, la necesidad urgente de crear redes y la opción por los más vulnerables, aquellos a quienes la sociedad descarta. Y también la capacidad de integrar el conocimiento de la mente, el corazón y las manos» (Christus Vivit , 222).

Todos estos elementos resaltan la necesidad de ampliar los horizontes del saber para alcanzar, siempre dentro de la lógica del amor, una experiencia fascinante y valiosa del conocimiento. Sólo el conocimiento abierto, desarrollado con este dinamismo, puede contribuir al bien común y superar las numerosas distorsiones causadas por la investigación orientada únicamente al beneficio económico y a la búsqueda de la dominación. El conocimiento que no está orientado al encuentro y a la justicia es la raíz de muchos males, como lo atestigua la turbulenta historia en la que estamos inmersos.

En tercer lugar, considerando nuestra época y el advenimiento de nuevas tecnologías como la IA, que tiene un impacto generalizado incluso en las formas de conocimiento, parece claro que los procesos de conocimiento no pueden reducirse a la producción de algoritmos cada vez más potentes, sino que requieren un nivel adecuado de responsabilidad humana y evaluación ética.

Como católicos, podemos y debemos contribuir para que las personas (especialmente los jóvenes) adquieran la capacidad de pensamiento crítico y crezcan en libertad espiritual». En efecto, así como la revolución industrial requirió alfabetización básica para que las personas pudieran responder a las novedades, también la revolución digital requiere alfabetización digital (junto con una educación humanística y cultural) para comprender y gobernar el funcionamiento de la IA.

Las universidades católicas son capaces de ofrecer una experiencia de conocimiento cualificada y significativa, desarrollando fiel y creativamente la inspiración. Pueden hacerlo, sí, y reconociendo que «en Cristo-Sabiduría se encuentra lo más específico de nuestra fe y lo más universal de la inteligencia humana, y precisamente por ello, la sabiduría, así entendida, es el lugar natural de encuentro y diálogo con todas las culturas y todas las formas de pensamiento» (León XIV, Mensaje, 21-VII-2025).

El lanzamiento del nuevo plan estratégico, el desarrollo del plan para África, las numerosas iniciativas para difundir y promover la cultura de la solidaridad a nivel nacional e internacional, así como el compromiso de profundizar la visión de la DSI en diversos campos del conocimiento, impulsando su desarrollo ante desafíos sin precedentes, son características de unas universidades llamadas a ser intérpretes del evangelio en los ámbitos educativo y cultural, en constante diálogo con el magisterio de la Iglesia.

Renuevo mi cercanía y apoyo paternal, e imparto cordialmente mi bendición apostólica a sus excelencias, rectores, distinguidos profesores, personal técnico-administrativo y a todos los estudiantes.

León XIV

 Act: 12/04/26    @mensajes papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A