Al Encuentro Juvenil de Ankawa
Catedral
San José
Erbil, 11 julio 2026
Queridos jóvenes y amigos, es un placer saludar a todos los que participan en el Encuentro Juvenil de Ankawa de la arquidiócesis de Erbil. Han venido de diferentes partes de Irak para reunirse en un ambiente de fe y comunión, y ruego que esta sea una oportunidad para que todos crezcan en la amistad.
La juventud es una etapa de la vida caracterizada por el deseo de lograr grandes cosas y marcar la diferencia en el mundo. En este sentido, me complace saber que el tema elegido para su encuentro este año es la misión.
La Iglesia tiene la misión fundamental de llevar al mundo la luz de Cristo (Jn 8,12) y la comunión con Dios. Ustedes participan de esta misión, y cuento con ustedes para ayudar a moldear la Iglesia (y el mundo) en los años venideros. Como he dicho en otras ocasiones, los jóvenes no sólo son el futuro de la Iglesia, sino también su presente.
No siempre es fácil ser luz en el mundo (Mt 5,13). De hecho, hoy en día estamos llamados a irradiar esta luz en una situación a menudo marcada por la guerra y la inestabilidad. El Señor ha depositado una gran confianza en ustedes al encomendarles esta misión, y yo también tengo gran confianza en todos ustedes.
Ustedes deben ser la luz de Cristo en medio de una oscuridad que a veces puede parecer abrumadora. ¡No teman, y no piensen que están solos en esta tarea! Yo estoy con ustedes, la Iglesia está con ustedes, y Jesús está en ustedes. Escúchenlo en la oración y a través de la guía de otros, y permítanle que ls guíe.
La luz es esencial para la vida, sobre todo en tres sentidos que me gustaría compartir. Primero, la luz es necesaria para ver, lo cual nos recuerda el don de la fe. La fe en Dios no es un mecanismo para sobrellevar las dificultades de la vida. Más bien, supone reconocer la realidad y vivir en la verdad, aprendiendo a ver el mundo, a los demás y a nosotros mismos como Dios lo ve.
Esto exige caminar por la vida con el corazón y la mirada fijos en la verdadera patria (Hb 11,14), sabiendo que Dios está con nosotros aunque no podamos verlo. Nuestra forma de vivir debe dar testimonio de esto, para que otros puedan ver la verdad y el significado que anhelamos, y así compartan nuestra luz.
La segunda característica de la luz es su calidez, que simboliza el amor. Para ser luz para el mundo, primero debemos participar de la luz de Cristo, y llevar a cabo una relación viva con Dios. Debemos aprender a conocerlo. Al abrirnos a su amor transformador, recibimos la gracia necesaria para seguir a Jesús y abrazar la vida a la que nos llama. Por eso es tan importante dedicar tiempo a la oración cada día, y acercarnos a Dios a través de los sacramentos, especialmente la confesión y la eucaristía.
Queridos jóvenes, enraícen sus corazones en el sólido fundamento del amor de Dios por ustedes. Descubran el corazón de Cristo y no teman edificar su vida sobre él (1Jn 4,16). Al hacerlo, podrán realizarse como desean, y podrán compartir la calidez del amor de Dios y el poder reconciliador de su gracia con quienes les rodean.
Finalmente, la luz es necesaria para el crecimiento y la nueva vida, y es imagen de esperanza. Enraizados en la caridad, ustedes están llamados a ser pacificadores, a unir a quienes les rodean y a infundir en los demás la esperanza de un futuro marcado por una paz duradera.
Quizás no puedan controlar su situación ni los desafíos que enfrentan, pero siempre pueden hacer esta elección: permitir que la paz de Cristo reine en sus corazones (Col 3,15). La virtud de la esperanza nos inspira a mirar al cielo. Esto no significa olvidar el mundo, sino tener una plena confianza en Jesucristo, cuya luz ilumina la Nueva Jerusalén (Ap 21,23).
Queridos jóvenes, jamás duden de la bondad de Dios, y no teman el plan que el Señor tiene para cada uno de ustedes. El profeta Jeremías tuvo que afrontar tiempos difíciles, y no por eso dejó de dar testimonio de los planes del Señor, que siempre son «de paz y no de calamidad» (Jer 29,11).
Encomendándoles a la protección y guía maternal de María, madre de la Iglesia, ruego que en estos días de renovación espiritual descubran en ella el verdadero modelo de una vida totalmente entregada a la gracia de Dios. Que Dios todopoderoso les bendiga.
León XIV
Act:
11/07/26
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