A la Fiesta de la Resurrección
Plaza
de Cibeles
Madrid, 11 abril 2026
Queridos jóvenes reunidos en Madrid, deseo haceros llegar un saludo lleno de afecto.
Durante estos días, la Iglesia no ha dejado de repetir el anuncio central de su fe: que ¡Cristo ha resucitado! Esta certeza no pertenece sólo al pasado, sino que es una fuerza viva, capaz de renovar el corazón de las personas, reanimar la vida de la Iglesia y volver a encender en el mundo la alegría del evangelio.
Por eso es hermoso que os hayáis reunido para celebrar la Pascua, por 4º año consecutivo, a través de la música, del encuentro y del gozo compartido. La fe en Jesucristo da sentido a la alegría humana, así como la purifica, la eleva y la lleva a plenitud. La Pascua no es, por tanto, una emoción pasajera, sino que nos invita a dejarnos alcanzar por la resurrección y a que nuestra vida comience a ser nueva.
El evangelista Mateo recoge un dato impresionante, cuando dice que, después de la resurrección del Señor, «muchos cuerpos que habían muerto resucitaron, y salieron de los sepulcros, y entraron en la ciudad santa, y se aparecieron a muchos» (Mt 27,52-53). La Pascua, por tanto, no queda encerrada en el sepulcro, sino que irrumpe en la ciudad y entra en la cotidianidad a través de la vida de los hombres.
Esto es algo que sigue ocurriendo hoy, como ha ocurrido ya a lo largo de la historia. Lo veis en vuestros compatriotas que, en el siglo pasado, fueron mártires y testigos de Jesús. En ellos, la victoria de Cristo sobre la muerte se hizo fidelidad, fortaleza y entrega.
Vosotros no estáis llamados sólo a recordar a vuestros compatriotas, sino a apoyaros en su ejemplo para que Cristo vuelva a pasar por vuestras calles, para que la Iglesia recobre ardor, para que la verdad del evangelio abra esos sepulcros en que se han convertido tantos corazones. De hacerlo, la Pascua se hará presente aquí y ahora a través de vidas cristianas que sean luz, valentía y anuncio jubiloso.
El mundo necesita oír hablar de Cristo, y verlo en las obras de los cristianos que viven la novedad del bautismo. Hacen falta jóvenes que no se avergüencen del evangelio, comunidades que irradien esperanza, testigos capaces de hacer presente al Señor en cada ambiente, vidas encendidas que hagan visible la belleza de la fe. La evangelización no nace de estrategias, sino de corazones transformados por el Señor resucitado.
¡Cómo desearía que hubiera fiesta en todo el mundo! ¡Cómo desearía que en todas partes la alegría pascual encontrara voces, rostros y cantos! ¡Cómo desearía que la existencia misma de los cristianos se convirtiera en un concierto, en una gran armonía de fe, de unidad, de comunión y de caridad, capaz de anunciar al mundo que Cristo vive!
Que el fuego del Cirio pascual salga de vuestros templos. Que consuma toda tibieza interior, toda resignación, toda mediocridad espiritual. Que entre allí donde la fe se ha debilitado, donde el entusiasmo apostólico se ha apagado, donde el cristianismo corre el riesgo de volverse costumbre sin ardor. Que se inflamen los corazones de quienes se han encontrado con el Resucitado (Lc 24,32). Cristo está vivo y, por eso, nada en nosotros está condenado a la oscuridad del pecado.
Queridos amigos, la Iglesia espera mucho de vosotros. Espera vuestra alegría, vuestra hondura espiritual, vuestra generosidad, vuestra fe y vuestra valentía para vivir como verdaderos discípulos del Señor. Dejaos alcanzar por la Pascua. Apoyaos en el ejemplo de vuestros mártires y honrad su memoria, haciendo que vuestras vidas y acciones sean fruto de la semilla fecunda que sembró su sangre.
¡Haced de vuestra existencia un canto nuevo, que renueve la Iglesia y lleve al mundo la luz del Resucitado! ¡Alzad la mirada, contemplad a Cristo y seguidlo hasta la santidad!
Mientras llega el momento de encontrarnos en Cibeles, os pido esto: que no dejéis pasar el presente. Rezad, buscad a Cristo de verdad, no os conforméis con lo mínimo. La vida, con Cristo, vale la pena. Rezo por vosotros, os bendigo y os espero. Si Dios quiere, nos veremos en junio.
León XIV
Act:
11/04/26
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A L
M
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R C A B A
M U R C I A
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