A la Vigilia de Oración de Suiza

Iglesia de Montana Station
Crans Montana, 1 febrero 2026

Con profunda emoción me dirijo a todos ustedes, reunidos en Crans Montana, con pesar y dolor, un mes después del trágico incendio que se llevó tantas vidas. Ustedes han perdido a un ser querido, o alguno de sus familiares aún sufre, y quizás desde hace mucho tiempo tienen lesiones que les marcarán de por vida.

Simplemente deseo expresarles mi cercanía y afecto, junto con el de toda la Iglesia, que, con su presencia maternal, desea, en la medida de lo posible, compartir su carga y ruega al Señor Jesús que sostenga su fe en esta prueba. Ruego para que encuentren en sus sacerdotes y comunidades cristianas el apoyo fraterno y espiritual que buscan para superar su dolor y mantener la valentía.

En estas horas en que sus almas están traspasadas no sólo por el sufrimiento, sino también por la incomprensión y el sentimiento de abandono, sólo puedo encomendarles a la Virgen María, que les abraza con fuerza y les invita a contemplar con ella la cruz, donde su amado Jesús también sufrió y dio su vida.

En la cruz, el Hijo de Dios, Dios mismo, quiso compartir lo que hoy experimentan ustedes. También compartirá con ustedes su gloriosa y bendita resurrección, porque verdaderamente ¡Jesús ha resucitado! Esta es la dulce certeza que la santa Iglesia proclama con seguridad y serenidad, y en la que se funda nuestra inmensa esperanza. La esperanza de volver a ver algún día a quienes han perdido, la esperanza también de que, incluso aquí abajo, un nuevo día amanecerá para ustedes y la alegría volverá a sus corazones.

Tengan la absoluta certeza, como afirma San Pablo, que ni la muerte ni la vida, ni el presente ni el futuro, ni las pruebas ni la separación, ni el sufrimiento, podrán separarles del amor de Dios que está en Cristo (Rm  8,38). Nada de lo bello y feliz que hayan vivido con ellos se pierde para siempre, ¡nada ha terminado!

María les invita, en estos días tristes y oscuros, a contemplar la cruz. Les invita a contemplar el cielo, siempre luminoso. Aferrados firmemente al ancla de la esperanza, que allí está firmemente anclada y que Jesús os ofrece (Hb  6,19), recibirán la fuerza y el valor para perseverar y proseguir su camino.

Llevando esta intención en mi oración, y pidiendo al Señor por el descanso de sus difuntos y el alivio de sus seres queridos, les imparto de corazón la afectuosa bendición apostólica.

León XIV

 Act: 01/02/26    @mensajes papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A