En la visita pastoral a Quarticciolo

Parroquia de la Ascensión
Roma, 1 marzo 2026

Queridos hermanos y hermanas, me alegra estar entre ustedes y poder escuchar, junto con ustedes, la palabra de Dios con toda su comunidad parroquial. Este domingo nos pone cara a cara con el camino de Abraham (Gn 12,1-4) y el acontecimiento de la transfiguración de Jesús (Mt 17,1-9).

Con Abraham, cada uno de nosotros puede reconocerse en camino. La vida es un camino que exige confianza, exige confiar en la palabra de Dios que nos llama y a veces nos pide dejarlo todo atrás. Podemos entonces sentir la tentación de huir de la incertidumbre como una carrera vertiginosa, mientras que es precisamente desde dentro que podemos apreciar una promesa de grandeza inesperada.

Hoy en día sucede que a menudo lo evaluamos todo, y nos esforzamos por tenerlo todo bajo control. Con esta costumbre perdemos la oportunidad de descubrir el verdadero tesoro, la perla preciosa (como nos enseña el evangelio) que Dios ha escondido sorprendentemente en nuestro campo (Mt 13,44).

El viaje de Abraham comienza con una pérdida: la tierra y el hogar, que guardan los recuerdos de su pasado. Sin embargo, se completará en una nueva tierra y en un linaje inmenso, donde todo se convierte en bendición. Nosotros también, si nos dejamos llamar por la fe a caminar, a arriesgarnos a tomar nuevas decisiones en la vida y el amor, dejaremos de temer la pérdida, porque sentiremos que crecemos en una riqueza que nadie puede robar.

Los discípulos de Jesús también afrontaron un viaje que los llevaría a Jerusalén (Lc 9,51), la Ciudad Santa donde el Maestro cumpliría su misión, entregando su vida en la cruz y convirtiéndose en bendición para todos por siempre.

Sabemos cuánta resistencia opusieron Pedro y todos los demás al seguirlo. Tuvieron que comprender que sólo se puede ser bendición superando el instinto de defensa y abrazando lo que Jesús confía en el gesto eucarístico. Tuvieron que adquirir la voluntad de ofrecer el propio cuerpo como pan para ser comido, de vivir y morir para dar vida.

Hoy es domingo, queridos hermanos y hermanas. Es la pausa en el camino que nos reúne en torno a Jesús. Jesús nos anima a no detenernos ni a cambiar de rumbo. ¡No hay promesa más grande, ni tesoro más preciado que vivir para dar vida!

Poco antes del día de la transfiguración, Jesús había confiado a sus discípulos la culminación de su camino: su pasión, muerte y resurrección. Recordarán la oposición de Pedro y la reacción de Jesús, diciéndole: «Eres un escándalo para mí, porque no estás del lado de Dios, sino del de los hombres» (Mt 16,23). Seis días después, Jesús pide a Pedro, Santiago y Juan que le acompañen a la montaña.

En dicha montaña, Jesús rompe la oscuridad interior de los discípulos cuando, en la cima de la montaña, se les aparece transfigurado en una luz deslumbrante e inimaginable. Y en esta gloriosa visión, Moisés y Elías también aparecen a su lado, testigos de que en Jesús se cumplen todas las Escrituras (cf. Mt 17,2-3).

Al acampar, Pedro quiere detener este viaje, que en su lugar debe continuar hacia Jerusalén ( v.4). Una vez más, Pedro se convierte en el portavoz de nuestro viejo mundo y su desesperada necesidad de detener las cosas, de controlarlas. Es un poco como cuando no queremos que termine el sueño en el que nos refugiamos. En nuestro caso, la realidad no es un sueño, sino un nuevo mundo al que entramos. El destino de nuestro viaje es un destino lleno de luz, moldeado por las dimensiones humanas y divinas de Jesús.

La voz que sale de la nube es la del Padre, y parece una súplica: «Este es mi Hijo amado; escúchenlo» (v.5). Esa voz resuena hoy para nosotros: «¡Escuchen a Jesús!». Queridos, entre ustedes, yo quiero hacerme eco de esa llamada y decirles: ¡Escuchémoslo!

Jesús camina con nosotros, incluso hoy, para enseñarnos en esta ciudad la lógica del amor incondicional, de abandonar toda defensa que se convierta en ofensa. Escuchémoslo y entremos en su luz para convertirnos en la luz del mundo, empezando por el barrio donde vivimos. Toda la vida de la parroquia y sus grupos existe para esto: es un servicio a la luz, un servicio a la alegría.

Tras la transfiguración en la montaña, el camino de Jesús no se detiene (v.9). La Iglesia, e incluso su parroquia, recibe una misión de este evangelio. Ante los numerosos y complejos problemas de esta zona, que se ciernen sobre sus días aquí, se les confía la pedagogía de la mirada de fe, que lo transfigura todo con esperanza, desatando la pasión, el compartir y la creatividad como sanación para las numerosas heridas de este barrio.

Me alegra mucho saber que esta comunidad parroquial es vibrante y llena de vida, y que, a pesar de los graves desafíos que enfrenta la zona, da testimonio valiente del evangelio. Bajo el lema "construyamos comunidad", esta parroquia ha emprendido un camino para fortalecer el sentido de pertenencia y acoger a todos, verdaderamente a todos, con los brazos abiertos. Me complace y los animo a continuar este camino de apertura a la comunidad local y sanar sus heridas. Y espero que otros se unan a ustedes para ser aquí en Quarticciolo un fermento de bondad y justicia.

El compromiso de ustedes, jóvenes, también merece aliento. El programa Magis, que me presentaron hace unos minutos y que se ofrece aquí desde hace varios años, se refiere al más del que habla San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales. Es un incentivo para que los adolescentes superen la mediocridad eligiendo una vida valiente, auténtica y buena, que encuentra en Jesucristo su magis por excelencia.

Queridos hermanos y hermanas, ustedes son un signo de esperanza. La luz de la transfiguración ya está presente en esta comunidad, porque el Señor está obrando aquí y porque muchos de ustedes creen en su poder tierno que todo lo transforma. Cuando nos damos cuenta de que muchas cosas a nuestro alrededor no funcionan, a veces nos preguntamos: ¿Tiene algún sentido lo que hacemos?

La tentación del desánimo se cuela, con pérdida de motivación e impulso. En cambio, es precisamente ante el misterio del mal que debemos dar testimonio de nuestra identidad como cristianos, como personas que desean hacer perceptible el reino de Dios en los lugares y tiempos en que viven. Este es mi deseo para todos ustedes, para esta comunidad parroquial y para los muchos hermanos y hermanas que aún no han reconocido en Jesús la verdadera luz y la verdadera alegría.

Ante todo lo que desfigura a la humanidad y la vida, seguimos proclamando y dando testimonio del evangelio, que transfigura y da vida. Que la Santísima Virgen, madre de la Iglesia, nos acompañe siempre e interceda por nosotros.

León XIV

 Act: 01/03/26    @homilías papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A