A los ciudadanos de Pompeya

Santuario del Rosario
Pompeya, 8 mayo 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y gracias!

Me complace mucho conocerles a todos ustedes, que de diversas maneras están vinculados a las obras de caridad del Santuario de Pompeya. Agradezco también al obispo sus amables palabras, y a quienes han compartido sus testimonios.

Es hermoso para mí comenzar esta visita pastoral siguiendo los pasos de San Bartolo Longo, a quien tuve la alegría de canonizar el pasado 19 de octubre. Él llamó al valle de Pompeya un "lugar de amor que reconforta el corazón", un "triunfo de la fe y la caridad": virtudes que definió como "dos alas unidas en el mismo vuelo".

Esta realidad sigue muy viva y visible. Aquí, en las obras del santuario, experimentamos a diario el poder de la resurrección de Cristo, que a través del amor regenera los corazones para la buena vida del evangelio. Aquí, el templo de la caridad y el templo de la fe se apoyan mutuamente.

La oración alimenta la acogida, el afecto, el servicio y el generoso compromiso de los centros educativos, los hogares familiares y el comedor social que lleva el nombre de Francisco I. Por su parte, el amor obra milagros que van mucho más allá de todo esfuerzo y expectativa, sobre todo en los miembros de quienes sufren en sus almas.

Cuando San Bartolomé llegó por primera vez al valle de Pompeya encontró una tierra asolada por la pobreza extrema, habitada por unos pocos campesinos muy pobres, plagada de malaria y bandidos. Sin embargo, vio el rostro de Cristo en los huérfanos y los hijos de los presos, a quienes les hizo sentir, con su ternura, el latido del corazón de Dios.

A quienes le decían que sus jóvenes estaban destinados al mismo destino que sus padres, San Bartolomé les respondía que el amor puede inspirar incluso a los niños más difíciles a hacer el bien, y que sólo la caridad es la que garantiza victorias seguras, grandes y duraderas. Tenía razón, y lo demostró convirtiendo este lugar, con fe y compromiso, en un centro de vida cristiana y devoción a la Virgen María, hoy en día conocido en todo el mundo.

En el fundamento de todo está la oración, y en particular el santo rosario. Simbólicamente situado en los cimientos del santuario y de la ciudad, este rosario es el motor oculto que hace posible todo lo demás. Por ello, les exhorto a todos a mantener viva y difundir siempre esta antigua y hermosa devoción, gracias a la cual, al contemplar los misterios de la vida de Jesús con la mirada sencilla y maternal de María, lo que él hizo penetra en nuestros corazones y transforma nuestra existencia (Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae, 13).

Hermanos y hermanas, matrimonios que trabajan en hogares familiares, educadores y voluntarios, que este sea el propósito de su vida: ser hombres y mujeres de oración, y reflejar como espejos claros y humildes la luz que viene de Dios. Así alimentarán, con acciones y palabras, la llama del amor que San Bartolomé encendió. Así serán, en el servicio, el diálogo y la vida de fe, modelos creíbles y guías sabios para esta maravillosa juventud.

A vosotros, niños y jóvenes, os recomiendo que confiéis en quienes con amor velan por vuestro crecimiento, y aún más que confiéis en Jesús, el Hijo de Dios, crucificado y resucitado, que nos salva y nos libera. Él es el amigo que nunca nos abandona ni rechaza, el hermano que nos comprende y siempre camina con nosotros. Dejaos conmover por la alegría que emana de sus palabras y ejemplo, y proclamadla a todos. Nuestro mundo la necesita mucho, y vosotros, que la conocéis bien, podéis ser, con vuestra frescura, los testigos más convincentes.

Queridos hermanos, este es un lugar de gracia, donde nuestra Señora del Rosario y San Bartolomé reúnen a hombres y mujeres de todas las edades, orígenes y condiciones, para llevarlos a la única fuente de ese amor universal que sólo él puede traer serenidad y armonía al mundo. Aferrémonos a él, confiándole a toda la humanidad. Hagámoslo por intercesión de María, y seguros de que, con la ayuda de su gracia, nada podrá impedirnos hacer el bien y esperar un futuro de paz, aquí y en todas partes.

¡Gracias por lo que hacen! Sigan con generosidad y confianza. Les tengo presentes en mis oraciones, les encomiendo a la intercesión de la madre celestial y de San Bartolomé, y les bendigo de todo corazón. ¡Reina del santo rosario de Pompeya, ruega por nosotros! ¡San Bartolomé, ruega por nosotros!

León XIV

 Act: 08/05/26    @discursos papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A