A los ciudadanos de Torrevecchia
Parroquia
de la Presentación
Roma, 8 marzo 2026
I
En el encuentro con los jóvenes
Buenas noches a todos, queridos jóvenes. Estoy muy feliz de estar aquí con ustedes, y les agradezco esta bienvenida.
Vengo hoy a proponerles algo que todos necesitamos experimentar, y hemos de saber buscar. Casualmente, justo antes de salir de casa esta tarde, tomé un libro titulado Alguien llama a tu Corazón. Sí, jóvenes, su corazón es una puerta, y Jesús está allí buscándoles.
A veces no somos nosotros quienes debemos buscarlo, pues Él ya nos busca. Cuando estoy con los niños les pregunto: ¿Cuántos de ustedes van a hacer su primera comunión? Todos me responden: ¡Yo! Veamos, les digo, yo, y continúo: ¡Ah, qué grupo tan estupendo! ¡Genial! Será que Jesús quiere venir a su hogar, a su corazón, a su vida.
Todos debemos estar dispuestos, queridos jóvenes, a abrir la puerta para encontrar a Jesús, que nos espera. Hoy mismo, en el evangelio, escucharemos ese hermoso encuentro entre Jesús y la samaritana. Jesús está allí, en el pozo. Ella viene buscando agua, pero Jesús le ofrece el agua de la vida. Es el mismo don que nos ofrece a todos, especialmente en la comunión, en la eucaristía y en la comunidad.
Así como nosotros estamos aquí esta tarde, también Jesús quiere estar aquí, e irse con nosotros a nuestros hogares, a nuestras actividades y a nuestro corazón. ¡Qué importante es que aprendamos a orar! Sobre todo, a escuchar a Dios, y a hablar con Dios. Por supuesto, con las oraciones que hemos memorizado y que siempre decimos, pero también con nuestras propias palabras. Lo importante es estar con Jesús, y contarle nuestras preocupaciones, nuestras dificultades, los dolores que experimentamos cada día. Jesús está cerca de nosotros.
Abramos los ojos. Sobre todo para reconocer a la persona que está a nuestro lado, a la persona que sufre, a la persona que no tiene dónde vivir, ni dónde dormir, que está en la calle o está enfermo. Jesús también está presente en esas circunstancias, y nos pide que llevemos lo que hemos recibido a estas personas necesitadas. Así pues, también podemos encontrar a Jesús en nuestra generosidad, en nuestros actos de caridad. Y también en la amistad, con los amigos y cuando llevamos a éstos a Jesús.
Una de las cosas más bellas de esta parroquia es ser ese jardín donde la gente puede venir y encontrar a Jesucristo, y encontrar una comunidad que le ayuda. Todos nosotros, en este sentido, podemos participar en las diversas actividades de la parroquia para ser luz en el mundo.
Finalmente, quisiera invitar a todos a reconocer que podemos ser pacificadores y promotores de la reconciliación. ¡Qué importante es esto!
Incluso a los niños más pequeños les digo: Hagan las paces con sus amigos, cuando a veces haya dificultades dentro del grupo, cuando tengan opiniones distintas. Podemos buscar y encontrar el acuerdo de una manera pacífica y no de guerra, ni de violencia o acoso, empezando por los más pequeños, los adolescentes y vosotros los jóvenes.
Rechacemos todas las formas de violencia, de odio, o que causan división. Esforcémonos por ser promotores de la paz y reconciliación, en el mundo de hoy. Desde la temprana edad, todos podemos aprender a ser pacificadores, porque esto es algo verdaderamente necesario en nuestro mundo actual.
¡Gracias a todos, gracias por esta bienvenida! Seguiremos celebrando juntos esta presencia de Cristo entre nosotros. ¡Mis mejores deseos para todos!
II
En el encuentro con los enfermos y ancianos
Buenas tardes y buenas noches a todos, ¡qué alegría estar aquí con ustedes!
Hoy celebramos un pequeño cónclave, pues me acompañan dos cardenales, su eminencia Montenegro (que siempre viene) y el vicario de Roma (el cardenal Baldo). También está aquí con nosotros el futuro, casi ya obispo auxiliar de Roma, mons. Sparapani. Digo cónclave porque una señora me recordó que hoy se cumplen 10 meses desde mi elección como obispo de Roma. ¡Gracias, señora, y gracias a todos ustedes por su hermosa bienvenida!
Un agradecimiento también a todos los que trabajan en Cáritas diocesana y en Cáritas parroquial, que ayudan a significar el amor de Dios por los más vulnerables y los que sufren por la edad, la enfermedad, la situación social o por haber emigrado o carecer de lo necesario para vivir.
Quisiera recalcarles algo, hermanos. Cada uno de ustedes, incluso los mayores, los enfermos, los más débiles, tiene un valor inmenso, porque son la imagen de Dios y albergan la dignidad de ser hijos e hijas de Dios. Con frecuencia, el mundo actual pretende hacernos olvidar este hecho, pero así es.
Su presencia aquí, esta tarde, es un hermoso testimonio de que todos nosotros, unidos como una familia, tenemos un valor inmenso, porque somos amados por Dios y estamos llamados a compartir este amor con los demás. Así pues, su voz, su presencia, sus oraciones, e incluso su sufrimiento, tiene un valor enorme en el mundo actual.
Gracias a todos por compartir un mensaje tan hermoso sobre lo que significa ser hijos de Dios, discípulos de Jesucristo, hombres y mujeres que desean vivir en familia y esos grandes valores que se encuentran en el evangelio.
Me alegra mucho poder saludarles esta tarde, y les animo a seguir adelante. Sigan adelante, incluso con dolor, edad, enfermedad o sufrimiento, sabiendo que son amados por Dios y que estos gestos son muy importantes y nos ayudan a ser la gran familia de Dios. ¡Muchísimas gracias!
III
En el encuentro con el consejo
parroquial
Buenas noches a todos. Me alegra mucho estar aquí con ustedes esta noche, la cuarta parroquia que visito como obispo de Roma.
Me he dado cuenta que la última vez que vino aquí un papa fue en 1982, cuando Juan Pablo II visitó este lugar y poco después me ordenó sacerdote a mí, aquí en Roma. Así que hay toda una historia que, en cierto sentido, pudimos vivir y construir juntos, un camino de fe para esta parroquia y el mismo camino de fe para mí.
Esta historia de fe perdura todavía hoy en día, como signo de la presencia y cercanía del Señor. En esto, la parroquia es verdaderamente importante. Es una familia siempre presente, con las puertas abiertas, para acoger a todos los que necesitan sentir y encontrar este amor, esta misericordia de Dios, manifestada de tantas maneras.
Según me han dicho, celebraron la misa con Juan Pablo II en un garaje, y poco después fueron testigos del crecimiento y la construcción de la iglesia actual. Realmente, hoy podemos agradecer al Señor aquella visita, y tanta gracia y dones como nos han sobrevenido desde entonces.
Evidentemente, no sólo hay que mirar hacia atrás, sino también hacia el presente, y preguntarnos: ¿Adónde vamos? ¿Dónde vamos como comunidad? Este es un momento verdaderamente hermoso, especialmente porque su párroco es nuevo y parece disponible, con ganas de trabajar mucho.
Todo es gracia, nos recuerda San Pablo. Sobre todo porque el Señor, en cada momento, en cada circunstancia, con dificultades e incluso con alegrías, quiere decir aquí que aún se puede ser signo de la presencia de Dios en un mundo tan distante, que tal vez haya perdido un poco de sensibilidad, que tal vez haya perdido la necesidad de vivir con el Señor.
Tras haber escuchado a los distintos grupos aquí presentes, quisiera dejarles una tarea, un trabajo que todos debemos hacer. Les pido que sean una parroquia abierta, tanto material como espiritual y misioneramente. Hoy hay muchas familias que ya no asisten a la iglesia, y muchos niños que no reciben ya el bautismo, y muchos jóvenes que crecen sin conocer el don de la fe. Hemos perdido, en ese sentido, eso que llamamos "transmisión de la fe".
Antes eran las madres y los abuelos quienes, con mucha naturalidad, transmitían este don a los niños. Hoy en día, con tanta movilidad y tantos cambios sociales, a menudo encontramos familias que ya no se toman tiempo para conocer a Jesús, ni la palabra de Dios, ni la belleza de vivir en fraternidad.
Por ello, nuestra parroquia tiene una tarea enorme por delante. Ustedes, como consejo parroquial, representan a las diversas comunidades de la parroquia. La pregunta es: ¿Cómo podemos realizar nuestro trabajo de manera que realmente invite, y no espere a que vengan a nosotros? ¿Cómo ir más allá, cómo llamar, cómo acompañar a aquellos que nunca han conocido el don de la fe, o el don de la comunidad cristiana?
Al celebrar esta hermosa reunión nocturna, pido al Señor que todos ustedes sean la Iglesia viva en este barrio de Torrevecchia. Hoy hablábamos mucho de los suburbios, pero ¡ustedes son el centro de Roma! Como consejo parroquial, y con renovado entusiasmo, esforcémonos por ser verdaderamente la presencia del Señor en esta zona.
Muchas gracias por todo lo que hacen. Muchas gracias por su fidelidad, y gracias por ser parte de esta gran familia de la Iglesia. Gracias.
León XIV
Act:
08/03/26
@discursos
papales
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
![]()