A la Guardia Suiza Vaticana

Sala Clementina
Vaticano, 7 mayo 2026

Queridos hermanos y hermanas ¡willkommen y bienvenus!

Dirijo mi saludo al comandante, a los oficiales, a todos los miembros de la Guardia Suiza Pontificia, y me complace dar la bienvenida a las familias acudidas para la ceremonia del juramento. Saludo también con gratitud a las autoridades civiles y militares presentes.

Este día es una ocasión para expresar mi agradecimiento a la nación suiza, de donde provienen los jóvenes reclutas que se ponen con alegría al servicio del papa. Ellos son motivo de orgullo para su país y traen al Vaticano los valores culturales y espirituales en los que han crecido.

Este tradicional encuentro es el momento propicio para expresar toda mi gratitud por el servicio de los guardias, servicio humilde y discreto que ustedes realizan día y noche. Deseo además agradecer a sus familias que han acompañado los pasos que los han traído hasta aquí. Las alegrías y las pruebas que viven juntos, así como la fuerza de las amistades que se establecen entre ustedes, forjan su alma en el sentido del honor y del deber que se expresa a través del don de la vida para el servicio y la protección del sucesor de Pedro.

Queridos guardias, ustedes desempeñan su misión a las puertas del estado vaticano, así como en el interior del palacio apostólico o de las basílicas mayores. Estos lugares, ricos en historia y fe, los invitan a la reflexión y a la oración. De hecho, mientras se encuentran en su puesto de guardia, pueden sentir asombro ante la belleza que se ofrece a sus ojos. Esta belleza proviene de Dios y conduce a Dios, el Padre de lo bello y de lo bueno. Su misión es ante todo militar, pero también es inseparable de la vocación a la santidad de todo bautizado.

Su decisión de dedicar algunos años de su vida al servicio del papa y de la Santa Sede se inscribe en un camino personal de fe. Más que soldados, ustedes son servidores que, a imagen de Cristo, salen al encuentro de quienes necesitan su ayuda: no solo los miembros de la Curia o los funcionarios de visita en el Vaticano, sino también los peregrinos y los turistas. Así pues, recuerden siempre estas palabras de Jesús: «Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25, 40).

Sus turnos nocturnos, en el silencio y la solicitud, siguen el bullicio de los diurnos, durante los cuales deben prestar atención a todos y a todo. Pueden ser para ustedes momentos favorables para alimentar su alma con lecturas y meditaciones que les ofrezcan la oportunidad de encontrarse con el Maestro interior, y de formular esta oración de San Nicolás de Flue: «Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me impide venir a ti, dame todo lo que me llevará hasta ti, tómame a mí y dame todo a ti, para que te pertenezca totalmente».

Queridos guardias, juntos forman un cuerpo, el de la Guardia Suiza Pontifica, enriquecidos por sus cualidades, sus diversidades y sus respectivos caracteres. La vida en el cuartel es un lugar privilegiado para desarrollar las virtudes humanas del servicio al prójimo, de la generosidad y de la humildad. A través de la solidaridad fraterna que caracteriza sus relaciones, construirán un clima de armonía y alegría dentro de la guardia, que se reflejará en todas las personas que encuentren. Les animo a perseverar en este camino, a menudo exigente, pero que da mucho fruto.

Renuevo a toda la guardia mi gratitud por el servicio diligente y generoso del que soy testigo cada día. Encomiendo a todos ustedes aquí presentes a la protección maternal de la Virgen María, de San Martín de Tours, de San Sebastián y de San Nicolás de Flüe, sus santos patronos, y de corazón les imparto la bendición apostólica. ¡Gracias! ¡Vielen dank y merci beaucoup!

León XIV

 Act: 07/05/26    @discursos papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A