A la Curia romana

Capilla Paulina
Vaticano, 27 febrero 2026

Antes de concluir esta semana de ejercicios espirituales, momento de bendición, tengo el placer de poder agradecer a nuestro predicador, que nos ha acompañado y ayudado durante estos días a vivir una experiencia espiritual profunda, muy importante en nuestro camino cuaresmal, iniciada con las tentaciones, y reflexionando sobre la vida monástica y tantos otros elementos de la vida de la Iglesia.

Debo admitir que personalmente me sentí particularmente impulsado a reflexionar en ciertos momentos. Por ejemplo, esta mañana, cuando habló sobre la elección del papa Eugenio III y de San Bernardo, dijo: «¿Qué han hecho? Que Dios les tenga compasión».

En esta capilla, allí arriba, hay una inscripción sobre la Carta a los Filipenses que dice: «Porque para mí, vivir es Cristo y morir es ganancia». Así que, en este contexto y con este espíritu de comunión, nos reunimos todos, trabajando juntos, aunque a veces muy por separado, y reunirnos en oración es también, creo, un momento muy importante en nuestras vidas, para reflexionar sobre muchos temas importantes para nosotros y para la Iglesia.

No pretendo repasar toda la semana, sino algunos elementos con los que coincido. Por ejemplo, la referencia a John Henry Newman y a su Sueño de Geroncio, donde Newman utiliza la muerte y el juicio de Geroncio como un prisma a través del cual el lector contempla su propio miedo a la muerte y su sensación de indignidad ante Dios.

En medio de todo esto, al reflexionar sobre la esperanza y su verdadera fuente, que es Cristo, volví a leer la Carta a los Filipenses, donde Pablo dice: «Si vivir en la carne significa trabajo fructífero, no sé qué escoger. Estoy dividido entre el deseo a partir y estar con Cristo (que es muchísimo mejor) y el permanecer en la carne (lo más necesario, por amor a ustedes). Convencido de esto, sé que permaneceré y seguiré estando entre todos ustedes para el progreso y la alegría de su fe». Por tanto, «vivan de una manera digna del evangelio de Cristo».

He aquí la invitación que la misma palabra de Dios dirige a todos nosotros, al final de estos días de oración y reflexión: «Vosotros, pues, comportaos como es digno del evangelio de Cristo».

En nombre de todos los presentes, agradezco a mons. Varden todo lo que nos ha ofrecido estos días. Su sabiduría, el testimonio de la vida monástica, la riqueza de sus reflexiones, serán para nosotros una fuente de bendición, de gracia y de encuentro con Jesucristo.

También quisiera agradecer al personal de la Oficina de Celebraciones Litúrgicas, que preparó todos los materiales para nuestra oración, así como al coro, que creo que aún está presente. Gracias por ayudarnos con la música, que también es muy importante en nuestras oraciones. La música nos ayuda de una manera que las palabras no pueden, elevando nuestro espíritu hacia el Señor.

Gracias a todos por su presencia y participación, durante estos días. Podemos concluir con la bendición. Buenas noches y gracias a todos.

León XIV

 Act: 27/02/26    @discursos papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A