A los nuevos embajadores del Vaticano
Sala
Clementina
Vaticano, 21 mayo 2026
Excelentísimos señores y señoras, les doy la bienvenida a la presentación de sus cartas credenciales, que les acreditan como embajadores extraordinarios y plenipotenciarios ante la Santa Sede en nombre de sus respectivos países: Sierra Leona, Bangladesh, Yemen, Ruanda, Namibia, Mauricio, Chad y Sri Lanka. Les ruego que transmitan mis respetuosos saludos a sus jefes de estado, así como la seguridad de mis oraciones por ellos y por sus ciudadanos.
Me complace especialmente darles la bienvenida mientras la Iglesia se prepara para celebrar la solemnidad de Pentecostés, recordando cómo el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, transformó el miedo en valentía y la división en unidad, les capacitó para hablar en lenguas de todos los pueblos. Espero que una visión similar de unidad inspire el mundo de la diplomacia, y las relaciones constructivas entre países florezcan mediante una apertura genuina, la promoción del respeto mutuo y un sentido compartido de responsabilidad.
Deseo reiterar el llamamiento que hice en mi discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático el pasado mes de enero. En un momento en que «la paz se busca por la fuerza de las armas, como condición para imponer la propia dominación», es urgente retomar una «diplomacia que promueva el diálogo y busque el consenso» en todos los niveles: bilateral, regional y multilateral.
Dicho diálogo, «impulsado por una búsqueda sincera de caminos hacia la paz», exige que las palabras vuelvan a expresar realidades claras, libres de distorsiones u hostilidad. Sólo así se podrán superar los malentendidos y restablecer la confianza en el ámbito de las relaciones internacionales.
Un diálogo cortés y claro, por esencial que sea, debe ir acompañado de una conversión más profunda: la voluntad de dejar de lado los intereses particulares en aras del bien común. Ningún país, sociedad u orden internacional puede considerarse justo y humano si mide su éxito únicamente por el poder o la prosperidad, mientras descuida a quienes viven al margen de la sociedad. En efecto, el amor de Cristo por los más pequeños y olvidados nos impulsa a rechazar toda forma de egoísmo que invisibilice a los pobres y vulnerables (León XIV, Dilexi Te, 9).
Este espíritu de solidaridad desinteresada es el que debe guiar el servicio diplomático y fortalecer las organizaciones internacionales, a fin de crear espacios para el diálogo y la mediación. Estas instituciones siguen siendo instrumentos indispensables para resolver disputas y fomentar la cooperación. En un momento en que las tensiones geopolíticas fragmentan aún más nuestro mundo, es necesario que las instituciones sean más representativas, más eficaces y más centradas en la unidad de la familia humana.
Su labor como embajadores constituye un valioso puente de confianza y cooperación entre sus países y la Santa Sede. Ruego que nuestros esfuerzos conjuntos contribuyan a un renovado compromiso con las relaciones bilaterales y multilaterales, y ayuden a visibilizar a quienes suelen ser olvidados o marginados de nuestras sociedades. De este modo, podremos trabajar juntos para sentar bases más sólidas para un mundo más justo, fraterno y pacífico.
Al asumir sus nuevas responsabilidades, le aseguro la disposición de la Secretaría de Estado para brindarles asistencia, en colaboración con los dicasterios de la Curia Romana. Que su misión fortalezca el diálogo, profundice el entendimiento mutuo y contribuya a la paz que nuestro mundo tanto necesita. Sobre ustedes, sus seres queridos y los países que representan, invoco abundantes bendiciones de Dios, confiando en que él los guiará y sostendrá en su noble servicio. ¡Gracias!
León XIV
Act:
21/05/26
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