Al Foro del Diálogo de Laudato Si
Borgo
Laudato Si
Castel Gandolfo, 19 junio 2026
Queridos hermanos y hermanas, acaban de concluir dos días de intenso trabajo en el borgo Laudato Si de Castel Gandolfo. Se han reunido para participar en la I edición de los Diálogos del Borgo, el primer paso de un proceso destinado a renovar y re-imaginar la guía moral en un mundo que hoy parece fragmentado y ajeno a sus propias raíces históricas.
Ustedes, hermanos, han debatido temas importantes, como la inteligencia artificial y la humanidad, el envejecimiento y la vitalidad, el deporte y la diplomacia, y el futuro de la sostenibilidad. Han cumplido así el deseo que expresé recientemente en mi carta encíclica: «entrar en diálogo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con quienes participamos juntos en los acontecimientos, las preguntas y las aspiraciones de la humanidad» (Magnifica Humanitas, 2).
En ese mismo documento también afirmé que vivimos en una época de notable ceguera espiritual y cultural, y que un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria (como si se pudiera inaugurar una especie de "nueva creación" desvinculada del pasado), y que quienes invocan grandes principios morales pueden caer en este nihilismo histórico, creyendo ilusoriamente que las atrocidades del siglo XX ya no pueden repetirse» (Ibid, 204).
Sus diálogos se han construido sobre la visión de la sinodalidad de la Iglesia católica, escuchando desde la base y promoviendo al mismo tiempo la unidad global. Ustedes son expertos, líderes y profesionales provenientes de diversas partes del mundo, que trabajan en distintos campos, con una variedad de competencias, experiencias y visiones. A pesar de esta diversidad, todos están profundamente comprometidos con la transformación ecológica, social y económica del mundo.
Ante la tentación de construir la Torre de Babel, que representa la idolatría de la ganancia a costa de los más vulnerables y aumenta el riesgo de deshumanización, estamos llamados a contribuir a la construcción de la Nueva Jerusalén, la civilización del amor, en la que el amor es el único principio rector de la vida económica, política y cultural.
La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces, que hacen frente a la deshumanización. Por eso vale la pena detenerse y considerar algunos aspectos de cómo, cada uno en su ámbito, podemos colaborar en su construcción (Ibid, 213).
Esto es lo que han hecho en el magnífico escenario de los Jardines Pontificios del borgo Laudato Si, dejando que la belleza de la creación (y del Creador) les inspirara a combinar el conocimiento local con la responsabilidad global y a impulsar un proceso destinado a forjar un liderazgo valiente, tan necesario hoy en día.
Gracias por su apertura y disposición para participar en este proceso, que les reunirá nuevamente en otros contextos importantes y que abre caminos para nuevos avances. Que el Señor bendiga sus esfuerzos, y les conceda la gracia de ser humildes constructores de la Nueva Jerusalén, la ciudad de Dios, que ofrece agua viva a los sedientos y cuidados, reconocimiento, palabras amables y manos capaces de ternura a cada ser humano. Gracias.
León XIV
Act:
19/06/26
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