A las Obras Misionales Pontificias
Sala
Clementina
Vaticano, 1 junio 2026
Eminencia, excelencias, queridos secretarios generales y directores nacionales, con alegría y acción de gracias los saludo a todos ustedes, reunidos este año en Roma para su asamblea general anual, un año verdaderamente rico en acontecimientos significativos para la misión.
Este año se cumple el I centenario del establecimiento, a petición de Propagación de la Fe, del penúltimo domingo de octubre como Jornada Mundial de las Misiones por parte de Pío XI. Desde hace 100 años, este día ha sido reservado para la oración, la reflexión y la contribución a la misión evangelizadora de la Iglesia, especialmente en aquellos lugares donde el anuncio del evangelio apenas comienza y donde la Iglesia aún es joven.
En esta jornada, toda comunidad católica está invitada a orar y a ofrecer sacrificios espirituales y materiales por los esfuerzos misioneros en los territorios de primera evangelización y por el sostenimiento de las iglesias jóvenes.
Me complace expresar mi gratitud a todos ustedes y a cuantos colaboran con ustedes en todo el mundo por sus esfuerzos, grandes y pequeños, para promover la Jornada Mundial de las Misiones en cada circunscripción eclesiástica, dentro de la comunión universal de la Iglesia.
Si me permiten añadir algo, uno de los servicios particulares de la Jornada Mundial de las Misiones es recordar a las iglesias más antiguas, a las iglesias ya establecidas, cuán importante es que también ellas participen plenamente en el espíritu misionero de toda la Iglesia.
Gracias a los fondos recaudados durante la Jornada Mundial de las Misiones, la OMP puede proporcionar la ayuda necesaria a más de 1.130 circunscripciones eclesiásticas que dependen del Dicasterio para Evangelización, ayudándolas a establecer las estructuras eclesiales necesarias y a sostener diversas iniciativas misioneras.
Así mismo, dichos fondos contribuyen al sostenimiento de 5 colegios en Roma destinados a la formación permanente de sacerdotes, religiosas, religiosos y personas consagradas que llegan aquí para realizar estudios y convertirse en valiosos recursos para las iglesias locales a las que regresan. Estas y muchas otras iniciativas misioneras son posibles gracias a la generosidad de los fieles durante la Jornada Mundial de las Misiones.
Este año también se cumple el 110 aniversario de la Unión Misional Pontificia, fundada por el beato Manna, declarada pontificia por Pío XII y descrita por Pablo VI como el alma de las demás OMP. Por ello, animo a todos a participar en su misión de promover entre todos los bautizados una espiritualidad misionera cada vez más fervorosa y un compromiso más profundo con la misión universal evangelizadora de la Iglesia en esta nueva era misionera.
Es también providencial que este año, el próximo 24 de septiembre, será beatificado en Saint Louis (Missouri) un reconocido director nacional de las OMP en Estados Unidos: el venerable Fulton Sheen. El arzobispo Sheen fue una luz de fe, esperanza y caridad que brilló durante décadas a través de la radio y la televisión y llevó la esperanza a millones de personas, con iniciativas que hicieron posible una primera evangelización en territorios de difícil acceso.
En un mundo cada vez más marcado por la división, la guerra y los conflictos entre naciones y pueblos, las cuatro OMP, confiadas al Dicasterio para Evangelización, prestan un servicio invaluable a la misión de la Iglesia de anunciar a Cristo, príncipe de la paz y revelación encarnada del amor divino para la humanidad.
La Obra de la Santa Infancia realiza una misión particularmente preciosa, a la hora de llevar la luz de la fe y el consuelo de la caridad cristiana a los niños de todo el mundo, especialmente en las regiones afectadas por el odio y la violencia. Igualmente importante es la Obra de San Pedro, que promueve y sostiene la formación del clero autóctono y de los religiosos y religiosas consagrados en los territorios de primera evangelización. En muchos lugares, sin la ayuda de esta Obra, los seminaristas y novicios carecerían de los medios necesarios para su formación humana, espiritual y pastoral.
El lema de la Jornada Mundial de las Misiones de este año ("uno en Cristo, unidos en la misión") pone de relieve la unidad de los creyentes y conmemora el centenario de esta celebración mundial. Invita a todos los miembros de la Iglesia a una comunión más profunda en Cristo y a una participación más plena en su misión divina de amor. Este lema refleja el profundo deseo del Señor expresado en su oración al Padre antes de su Pasión (Jn 17,20.21.26).
Estos aspectos, expresados en el tema de este año, llaman a una renovación misionera de la Iglesia en los años venideros. Por ello, les animo a tener presente esta enseñanza, a vivir una auténtica espiritualidad de unidad y comunión misionera centrada en Cristo y a promoverla mediante sus actividades entre los fieles.
Queridos hermanos, el Concilio Vaticano II insistió en que «la Iglesia peregrinante es misionera por naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre» (Ad Gentes, 2). Consciente de ello, les invito a valorar la urgencia de abrazar una continua conversión misionera y a buscar juntos caminos para ser una Iglesia misionera al servicio de la sanación de nuestro mundo, tan marcado por tensiones, conflictos y guerras.
En esta importante tarea, la labor de las OMP sigue siendo esencial. Continuemos, por tanto, nuestro camino misionero con alegría y renovado celo. En todo lo que hagamos por la obra de la evangelización, pongamos siempre a Jesucristo en el centro, acogiendo el hermoso principio evangélico expresado por Juan Bautista: «Es necesario que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3,30).
Encomendando a todos ustedes, a sus colaboradores, benefactores y a cuantos participan en esta vital labor misionera a la maternal intercesión de la madre de Dios, María, reina de las misiones, así como a la de todos los santos misioneros, les imparto de corazón mi bendición apostólica. Gracias.
León XIV
Act:
01/06/26
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