La sociedad, comunidad humana
Plaza
San Pedro
Vaticano, 16 septiembre 2026
Hermanos y hermanas, dedicando el cap. 2 a la comunidad humana, la constitución Gaudium et Spes invita a considerar la «multiplicación de las relaciones mutuas entre los hombres» como uno de «los principales aspectos del mundo actual» (GS, 23). No obstante, esta realidad necesita encontrar su realización «más hondamente en la comunidad que entre las personas», para la cual es indispensable «el mutuo respeto de su plena dignidad espiritual» (Ibid).
Se trata de afirmaciones que, en nuestros días, ven aumentar su urgencia. Por un lado, de hecho, el desarrollo tecnológico, la difusión de los medios de comunicación y de las redes sociales, el siempre creciente recurso a la inteligencia artificial, abren nuevas posibilidades, derribando barreras y distancias. Por otro lado, las relaciones tienden a convertirse en cada vez menos personales, más virtuales, y se corre el riesgo de acostumbrar a delegar en los algoritmos decisiones que corresponden sólo a la conciencia humana.
Hacer que las relaciones sociales tengan sustancia real y profundidad personal es, en este sentido, la contribución que la comunidad cristiana se propone ofrecer.
El Concilio Vaticano II invita a extraer criterio y fuerza del proyecto creador de Dios, el cual ha querido que «los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos». Por esto «el amor de Dios y del prójimo es el primero y el mayor mandamiento», que en Cristo ha tenido su plena revelación y su completa implementación (GS, 24).
El perfeccionamiento de la persona humana y el desarrollo de la sociedad deben ser considerados entre ellos como estrechamente interdependientes: oponerlos o separarlos supondría anularlos. La historia, también la más reciente, confirma esta verdad de forma clara y, por eso, no hay que cansarse de reiterar con los padres del Vaticano II que «el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social» (GS, 25).
En esta perspectiva, Gaudium et Spes afirma que la diversidad de las personas y de los pueblos en el mundo no debe ser considerada como un peligro o una amenaza, sino como potencialidad de enriquecimiento y de crecimiento. La oposición, que a veces degenera en violencia, es un fruto del poder del pecado y de cómo esto condiciona la mentalidad y las acciones, a todos los niveles, causando destrucción y muerte. Es necesario abrirse cada vez más a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado, como sucede también entre los diferentes miembros del cuerpo humano (1Cor 12,21-25).
En este punto, la constitución pastoral ofrece también una definición sintética de "bien común", recordando que este consiste en el «conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (GS, 26). Al mismo tiempo, reconociendo la interdependencia entre los pueblos, afirma que «todo grupo social debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos; más aún, debe tener muy en cuenta el bien común de toda la familia humana» (GS, 26).
Partiendo de este planteamiento, los padres conciliares indican después algunas consecuencias prácticas de máxima urgencia.
Como primera consecuencia, tendríamos el respeto de la persona humana, pues «todo lo que atenta contra la vida (homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado), y viola la integridad humana (mutilaciones, torturas morales o físicas, conatos sistemáticos para dominar la mente ajena), y ofende a la dignidad humana (condiciones infrahumanas de vida, detenciones arbitrarias, deportaciones, esclavitud, prostitución, condiciones laborales degradantes) es, en sí mismo, infamante» (GS, 27).
Como segunda consecuencia, tendríamos el amor por los adversarios o los que tienen formas de pensar y de actuar diferentes de los propios (GS, 28).
Como tercera consecuencia, tendríamos la igualdad fundamental de todos los hombres y la exigencia de justicia social, pues «toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino» (GS, 29).
Finalmente, los padres conciliares exhortan a superar la mentalidad individualista y a asumir una actitud de responsabilidad y participación (GS, 30-31).
Queridos hermanos y hermanas, esta visión de la humanidad como "comunidad de personas" nos ayuda a realizar un discernimiento personal y comunitario, para valorar con responsabilidad los proyectos sociales y políticos de hoy, en base a los criterios de la dignidad de la persona humana, de la justicia social y de la libre participación en la construcción del bien común. El futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos a construir un mundo más humano (GS, 30).
León XIV
Act:
16/09/26
@catequesis
papales
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
![]()