Sobre la pastoral de mayores
Despacho
Papal
Vaticano, 5 junio 2026
Me complace dirigir un cordial saludo al grupo de expertos convocados por el Dicasterio para la Familia para reflexionar sobre la pastoral de los mayores, bajo el tema "un puente hacia el cielo; el magisterio de la fragilidad en el tiempo de la fuerza".
En la sociedad actual, la vejez es una etapa compleja y llena de perspectivas. La Iglesia siempre ha reconocido en las personas mayores una presencia relevante, por lo que su iniciativa reviste un gran significado.
Hoy en día, en muchas regiones del mundo las personas de edad avanzada suelen tener aún mucha energía que dedicar al servicio de la comunidad. Así lo atestiguan las diversas formas de voluntariado, fundamentales en tantos ámbitos de la vida eclesial.
Más allá de esto, la vejez pone de relieve un aspecto más profundo e importante de la vida cristiana: el del valor de la debilidad (2Cor 12,10). El aumento de la esperanza de vida implica, de hecho, una prolongación de la etapa frágil de la vejez, lo que plantea el desafío de reflexionar sobre el sentido de esta etapa de la existencia.
¿Qué valor dar a los muchos años que un hombre o una mujer pueden vivir en un estado de debilidad física o mental? ¿Cuál es la perspectiva cristiana con la que vivir este tiempo? ¿Cómo anunciar que la vida humana conserva siempre, en todas sus fases, su dignidad infinita? (Doctrina de la Fe, Dignitas Infinita, 1). La reflexión que hoy inician ustedes, con sus trabajos, puede ayudar a responder a estas y otras preguntas que interpelan nuestra responsabilidad.
La fragilidad es «parte de la maravilla que somos» (León XIV, Homilía, 3-VIII-2025). Por lo tanto, tiene un valor espiritual y comunitario, recordándonos que dependemos los unos de los otros y que necesitamos a Dios. Francisco I hablaba de ella como de un «magisterio» (Catequesis, 1-VI-2022) que tiene mucho que enseñar a la humanidad de nuestro tiempo.
Los mayores, al aceptar con serenidad los límites que conlleva el paso de los años, sin ocultarlos ni avergonzarse de ellos, pueden ser maestros de vida, capaces de mostrar a todos (y especialmente a los jóvenes) que el valor de una existencia no se mide con el metro de la eficiencia o la autosuficiencia, sino en función de la capacidad de amar y de dejarse amar, de dar y de recibir.
La vejez se configura, de esta manera, en un tiempo de gracia para vivir en la oración, el servicio, la ternura, la memoria custodiada y transmitida y una bendición para las generaciones venideras. Esto convierte la fragilidad en un lugar teológico (Francisco I, Audiencia, 7-VI-2021), según las palabras de San Pablo: «Lo que es necio para el mundo, Dios lo ha elegido para confundir a los sabios. Lo que es débil para el mundo, Dios lo ha elegido para confundir a los fuerte» (1Cor 1,27).
La sociedad en la que vivimos está dominada por la lógica del rendimiento y la competencia, por lo que la fuerza se concibe como una exhibición de poder y tiende a degenerar en la prepotencia. Lo vemos en los escenarios internacionales, donde la guerra ha vuelto a ser un instrumento estratégico generalizado (León XIV, Discurso, 9-I-2026).
Nos damos cuenta de ello al observar los pliegues cotidianos de la vida, en la forma en que nos relacionamos unos con otros. De hecho, cada vez más, en la vida cotidiana, se observan signos de una mentalidad que confunde la fuerza con la prepotencia y la mansedumbre con la debilidad.
Ante estas actitudes, la Iglesia sigue proponiendo el mensaje evangélico, que dice bienaventurados los mansos y los humildes de corazón (Mt 5,5; 11,29), que promueve una paz desarmada y desarmante (León XIV, Carta, 1-I-2026), que reconoce en Dios al Padre de todos y en los demás a hermanos. Los miembros mayores de nuestras comunidades son, por su experiencia y sabiduría de vida, los primeros y más autorizados testigos de esta visión cristiana del hombre.
Deseo que su labor pueda contribuir a promover, hacia las personas mayores y el tiempo bendito de la vejez, actitudes renovadas de respeto, gratitud y estima, y a despertar en quienes están en la tercera edad la responsabilidad de transmitir a las generaciones futuras valores sanos y sólidos.
Invocando la intercesión maternal de la Virgen María, imparto de corazón la bendición apostólica a los colaboradores y a todos los participantes en el evento.
León XIV
Act:
05/06/26
@cartas
papales
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
![]()