A Cáritas Nacional de Estados Unidos
Sala
del Consistorio
Vaticano, 4 mayo 2026
Me alegra saludarles, miembros del consejo directivo de Catholic Charities USA, con motivo de su visita a Roma y al Vaticano. Rezo para que el tiempo que pasen aquí, en el corazón de la Iglesia universal, no sólo fortalezca sus lazos con el sucesor de Pedro, sino que también les ayude a acercarse más al corazón de Cristo, en cuyo amor todos estamos llamados a participar.
En este tiempo pascual leemos los relatos bíblicos de la resurrección y de las posteriores apariciones del Señor a sus apóstoles. Mientras ellos y los demás discípulos iniciaban la tarea de evangelizar, Jesús les ayudó (Mc 16,20) y aseguró: «Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20).
Al igual que aconteció a los apóstoles y a la Iglesia primitiva, la proclamación del evangelio a través del cuidado de los pobres y necesitados siempre presentará ciertas dificultades, tanto a nivel personal como institucional (Hch 6,1-7). Entre ellas, está el encontrar recursos suficientes, demostrar que este tipo de servicio es parte integrante de la auténtica vida cristiana, no ceder al desánimo cuando nos encontramos con personas a las que no podemos ayudar como quisiéramos.
Soy plenamente consciente de que las agencias de Catholic Charities en Estados Unidos no son en absoluto inmunes a todos estos desafíos de nuestros días. Por eso, cuando nos enfrentarnos a estos obstáculos es cuando debemos escuchar, una vez más, la voz de Jesús que nos dice: «¡Yo estoy con ustedes siempre!». También hoy, Cristo se acerca para acompañar a sus discípulos, especialmente en los momentos de frustración y duda, como hizo con el apóstol Tomás y con los discípulos de Emaús (Jn 20,24-29; Lc 24,13-35).
Les aliento y animo sus nobles esfuerzos, y expreso mi gratitud por su disponibilidad a continuar el ministerio de la compasión de nuestro Señor, especialmente hacia los últimos de entre nosotros. Al hacerlo, ustedes buscan encontrar soluciones a situaciones inhumanas. Buscan aliviar el sufrimiento de personas y familias, así como aliviar la carga de quienes se ven agobiados por la adversidad y el conflicto. En todas estas circunstancias, la caridad de Cristo debe ser la que les impulse en su labor cotidiana (2Cor 5,14). En ese amor encontrarán auténtico alivio y respeto por su dignidad.
Es cierto que «el amor al prójimo representa la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios» (León XIV, Dilexi Te, 26). Sin embargo, también es verdad que amar auténticamente al prójimo implica ofrecerle la posibilidad de un verdadero encuentro con Dios. Su labor con los más necesitados sigue brindando una oportunidad privilegiada para compartir la alegría de la resurrección, como sincero testimonio de fe.
La ayuda concreta que ustedes ofrecen a los más desfavorecidos les permite experimentar el amor de Dios, abre para ellos un camino para establecer una relación duradera con él. Al mismo tiempo, les permite a ustedes entrar en contacto con la carne de Cristo, al procurar verlo y servirlo en nuestros hermanos y hermanas (Mt 25, 31-46). De este modo, sus obras de caridad se convierten en un encuentro recíproco con el Señor presente entre nosotros.
Una vez más, el Señor nos ha prometido: «Yo estoy con ustedes todos los días» (Mt 28, 20). El Señor resucitado viene a infundir paz en nuestros corazones y a abrir caminos de esperanza y nueva vida, asegurándonos que verdaderamente «hace nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5). Permitamos, por tanto, que la esperanza de la Pascua irrumpa en nuestras vidas, y guíe nuestro servicio animados por su promesa.
Con estos sentimientos, les deseo lo mejor para su noble misión, y les aseguro que les tengo presentes en mis oraciones. Les encomiendo a todos a la amorosa intercesión de María inmaculada, patrona de los Estados Unidos, y les imparto de buen grado mi bendición apostólica, que extiendo a todas las agencias asociadas a Catholic Charities USA, como prenda de paz y alegría en el Señor resucitado. Gracias.
León XIV
Act:
04/05/26
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A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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