A la Renovación Carismática

Salón de Audiencias
Vaticano, 30 mayo 2026

Eminencia, excelencias, queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Me complace saludar a todos los presentes, así como a las comunidades, grupos y escuelas de oración y evangelización que representan. Dios ha bendecido a sus comunidades con muchos dones, incluyendo una gran vitalidad espiritual. Saludo también a los líderes de los Servicios de Comunión nacionales e internacionales del Servicio Internacional de Renovación Carismática Católica (hoy Charis), que han organizado este encuentro.

Para Renovación Carismática, los años posteriores al Concilio Vaticano II fueron una época de gran expansión y crecimiento, de integración en la vida de la Iglesia, así como de consolidación de sus estructuras de servicio.

Mis venerables predecesores reconocieron este desarrollo como un gran don para la Iglesia. De hecho, Pablo VI  afirmó que nada es más necesario para un mundo cada vez más secularizado que el testimonio de esta renovación espiritual, que el Espíritu Santo está inspirando en las más diversas regiones y comunidades (Audiencia, 19-V-1975).

Al destacar su característico enfoque en la evangelización, Juan Pablo II dijo: «Es el Espíritu mismo quien los impulsa a dar testimonio». Así mismo, comentó: «¿Cómo puede alguien que ha probado la bondad de Cristo permanecer en silencio e inactivo? ¿Cómo podemos dejar de evangelizar? ¡Sigan comunicando este celo por el evangelio a quienes los rodean!» (Audiencia, 7-XII-1991).

Por su parte, Benedicto XVI se refirió a la contribución específica que ustedes hacen a la Iglesia, cuando dijo: «Uno de los elementos y aspectos positivos de Renovación Carismática es su énfasis en los carismas o dones del Espíritu Santo, y su mérito radica en haber recordado su actualidad en la Iglesia» (Audiencia, 31-X-2008).

Al igual que el cardenal Suenens en los inicios del movimiento, Francisco I se refirió a Renovación Carismática como «una inundación de gracia para toda la Iglesia, y no sólo para algunos» (Audiencia, 3-VI-2017). Es más, describió su camino como «evangelización, ecumenismo espiritual, atención a los necesitados y acogida de los marginados», y añadió: «Todo ello se basa en la adoración, pues el fundamento de la renovación es la adoración a Dios» (Audiencia, 1-VI-2014).

Yo también deseo fomentar la relación de respeto mutuo, cercanía y apoyo entre la sede de Pedro y la gran familia de Renovación Carismática. En este sentido, quisiera reflexionar sobre los 5 aspectos clave de su experiencia espiritual: el bautismo en el Espíritu, la oración de alabanza, la palabra de Dios, la comunión y la caridad.

Bautismo en el Espíritu. Su camino de fe compartido tiene su origen en la experiencia personal del Espíritu Santo, que ha permitido que la gracia del bautismo se manifieste en cada uno de ustedes, llevándoles a una clara conciencia del amor de Dios. Se trata de la primera experiencia poderosa de la gracia, que el mismo San Agustín tuvo tras su conversión y describió con estas sentidas palabras:

«Oh Cristo Jesús, mi ayudador y redentor, de repente se me hizo dulce estar libre de los placeres de la necedad. Lo que antes temía perder, ahora era un deleite dejarlo ir. Tú los expulsaste y entraste para ocupar su lugar, más grato que cualquier placer» (Confesiones, IX, I, 1).

El Espíritu Santo les ha permitido saborear la dulzura de Cristo. Para ustedes, la vida ha cambiado desde ese momento, y Dios dejó de ser una mera idea y se convirtió en la expresión real y suprema de la paternidad. Su Espíritu ha traído reconciliación interior, paz y liberación de los apegos mundanos y la opresión del pecado.

También ha hecho posible el Espíritu Santo en ustedes una nueva perspectiva, caracterizada por la apertura y la esperanza hacia los demás y el futuro, con la certeza de que nada podrá separarnos jamás del amor de Cristo (Rm 8,38-39). De esta experiencia del Espíritu Santo surge el deseo interior de ser testigos y heraldos de su amor, llevando su consuelo a quienes sufren de vacío y soledad.

Oración de alabanza. Fue a partir de una cautivadora experiencia del Espíritu Santo como comenzó una nueva vida de oración, que se manifestó en una nueva capacidad para el diálogo sincero con Dios y en una nueva apertura a la alabanza. La adoración y la alabanza, tan características de sus encuentros, son aspectos esenciales de la oración cristiana, y ustedes han contribuido a redescubrirlas y a que vuelvan a ocupar un lugar central en los últimos años.

Palabra de Dios. El renovado derramamiento del Espíritu Santo les ha llevado a un encuentro vivo con la Sagrada Escritura. El Espíritu Santo inspiró la palabra de Dios revelada, y es quien la mantiene siempre viva y activa en la Iglesia, haciendo que resuene en los corazones de los creyentes (especialmente en la liturgia). Por lo tanto, la Escritura se ha convertido para ustedes en una maravillosa fuente de alimento espiritual (que ilumina y consuela), discernimiento (para guiar sus decisiones diarias) y oración comunitaria (permitiéndoles dirigirse al Señor con palabras inspiradas por él mismo).

Comunión. En diversos documentos, León XIII animó a los católicos a rezar una novena al Espíritu Santo cada año, entre las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, con la intención de la unidad cristiana. Sin duda, ustedes comprenden la importancia de esta invitación, pues han visto que la unidad en la Iglesia es fruto del Espíritu. Como afirma San Agustín, «el Espíritu Santo es una comunión inefable del Padre y del Hijo» (Sobre la Trinidad, V, XI, 12). El Espíritu Santo es quien crea armonía entre los diversos carismas y componentes de Renovación Carismática, así como con nuestros hermanos y hermanas de otras denominaciones cristianas.

Caridad. San Agustín escribió que «el Espíritu Santo ha sido dado al hombre para inflamarlo de amor a Dios y al prójimo», pues «el hombre no puede amar a Dios si no le es dado por Dios» (Sobre la Trinidad, XV, XVII, 31). Esto es lo que también ustedes han experimentado. La renovada presencia del Espíritu ha despertado en ustedes una nueva capacidad de amar, inspirada por la caridad divina misma. Este amor se dirige a Dios y a sus hermanos, e inspira cercanía y compasión por los que sufren. Muchas obras de caridad para los necesitados, tanto espiritual como físicamente, han surgido de Renovación Carismática.

Queridos amigos, les agradezco su compromiso y les animo a continuar su misión. Pónganse al servicio de las diócesis y parroquias, ofreciendo su experiencia y métodos de evangelización. Sigan fielmente la guía de sus sacerdotes y, en su discernimiento comunitario, escuchen las voces de las personas sabias, aunque no pertenezcan a sus grupos. Cultiven la armonía y la cooperación entre las comunidades a las que pertenecen, procurando no ceder jamás al deseo de autopromoción ni a la búsqueda de poder o prestigio personal.

Que el Espíritu Santo sea siempre luz y fuente de fortaleza en su camino personal y comunitario, y que la Virgen María, madre de la Iglesia, les proteja. Con estos sentimientos sinceros, les imparto con gusto mi bendición apostólica. Gracias.

León XIV

 Act: 30/05/26    @audiencias papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A