A la diócesis de Colonia
Sala
del Consistorio
Vaticano, 30 abril 2026
Queridos hermanos, les saludo cordialmente con motivo del 50 aniversario de la fundación Weltkirche & Dialog, hoy conocida como Oficina Diocesana para la Iglesia Universal y el Diálogo.
Su visita tiene lugar durante el tiempo pascual, cuando toda la Iglesia se regocija en la resurrección del Señor y renueva su esperanza en la nueva vida que brota del misterio pascual. Esta es una ocasión propicia, por tanto, para reflexionar sobre la universalidad de la Iglesia y la importancia del diálogo.
A la luz de la resurrección de Cristo, la Iglesia se reconoce enviada a todos los pueblos. Enviada, sí, mas no para imponerse sino para dar testimonio de la verdad en la caridad. El diálogo, en este sentido, puede fortalecer la comunión, abrir caminos de entendimiento y contribuir a la causa de la paz. De este modo, Cristo podrá atraer a todos hacia sí, y hacer de la Iglesia un signo de unidad y esperanza para el mundo.
Estos elementos están profundamente arraigados en la historia de su arquidiócesis, que ha demostrado una apertura profética a la dimensión universal de la Iglesia a través del encuentro, el intercambio mutuo y el diálogo entre pueblos y culturas.
Bajo la guía del cardenal Frings y del vicario general Teusch, la arquidiócesis de Colonia estableció una alianza con la arquidiócesis de Tokyo (ca. 1954), la primera de su tipo en Alemania. También fue su diócesis pionera en iniciativas de ayuda fundacional, como Misereor y Adveniat, sentando así las bases para la creación del Weltkirche-Weltmission (ca. 1976). Esta visión de la Iglesia, como verdaderamente universal (llamada a la solidaridad más allá de los límites de Europa, y sostenida por una cultura de diálogo) permanece en el corazón mismo de la identidad de su organización.
Impulsada por este mismo espíritu, la arquidiócesis de Colonia se convirtió en miembro fundador del Encuentro de Agencias de Ayuda para las Iglesias Orientales (ROACO), y durante muchos años ha brindado asistencia a regiones afectadas por hambrunas, inundaciones, guerras y otras crisis.
Además, la arquidiócesis mantiene relaciones de apoyo con iglesias en más de 100 países, con especial atención a Oriente Medio y las iglesias orientales, al tiempo que otorga becas para la formación sacerdotal y asistencia a sacerdotes ancianos. Cabe añadir que, cuando fui obispo en Chiclayo (Perú), la arquidiócesis de Colonia también apoyó activamente diversas iniciativas, incluyendo la compra de máquinas de oxígeno que salvaron la vida de muchas personas. De hecho, la gente aún hoy agradece ese apoyo.
Ante este rico legado, les expreso mi sincera gratitud por las numerosas iniciativas en las que siguen participando. Gracias a su generoso servicio, la dimensión universal de la Iglesia se hace visible y concreta, fomentando la solidaridad, fortaleciendo los lazos de unidad y dando testimonio del evangelio de la paz en un mundo tan a menudo marcado por la división y la aflicción.
Este testimonio es hoy más necesario que nunca. Muchos de nuestros hermanos y hermanas cristianos se han visto obligados a abandonar sus tierras a causa de la guerra, la violencia y la pobreza, y muchos dependen directamente de su compromiso y bondad para sobrevivir. Por ello, les animo a perseverar en esta misión de caridad, para que puedan seguir experimentando la cercanía de la Iglesia universal.
En particular, les pido que continúen apoyando la presencia de los cristianos en Oriente Medio, para asegurar que estas venerables tradiciones de las iglesias orientales se conserven, se protejan y se den a conocer más ampliamente.
Con estos sentimientos, ruego que estos días de retiro en Roma les fortalezcan y animen. Les encomiendo a ustedes y a sus seres queridos a la protección maternal de María, madre de Dios y madre de la Iglesia. Como muestra de mi cercanía, les imparto con alegría mi bendición apostólica. Gracias.
León XIV
Act:
30/04/26
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