A la Liga Municipal de Illinois

Sala Clementina
Vaticano, 30 marzo 2026

Queridos hermanos y hermanas, bienvenidos al Vaticano y a Roma.

Me complace encontrarme con todos ustedes y su Liga Municipal de Illinois. Están de visita en el Vaticano durante la Semana Santa, cuando los católicos de todo mundo, junto con muchos otros cristianos, conmemoran la pasión, la muerte y la resurrección de Jesús, cuya amorosa obediencia al Padre hasta la muerte obtuvo el don de la redención para toda la humanidad (Flp 2,8). A través del misterio pascual, el Señor nos muestra que las circunstancias más difíciles y complicadas se pueden transformar desde dentro, gracias a la fuerza del amor.

El sufrimiento no siempre puede evitarse ni eliminarse, pero sí que se le puede encontrar un significado redentor que no sólo devuelve la dignidad perdida, sino que también abre la puerta a una nueva vida. De hecho, la resurrección de Jesús es la fuente última de esperanza para todos aquellos que creen en Cristo y esperan la promesa de la vida eterna.

La victoria del Señor resucitado sobre la muerte revela también que el eje de la autoridad auténtica es el servicio, pues Jesús no vino «para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20,28). Su servicio y su obediencia a la voluntad del Padre han conducido a una esperanza segura y a una paz duradera para toda la humanidad. De este modo, la victoria nacida del don de sí mismo de Cristo se erige como un faro y un desafío para nosotros hoy.

Como hombres y mujeres investidos del papel de gobernar, ustedes están llamados a descubrir y encarnar el don del servicio. En particular, están llamados a estar atentos a las necesidades de los más débiles y vulnerables, con el fin de ayudarlos a alcanzar un desarrollo humano integral.

Como observó el antiguo alcalde de Florencia, Giorgio la Pira, los alcaldes «están llamados a reducir y aliviar los sufrimientos y las dificultades de sus ciudadanos de todas las formas posibles, con todas las medidas que el amor sugiere y la ley prevé» (Escritos, VI, 83).

Los alcaldes deben comprometerse, ante todo, a conocer las aspiraciones de las personas, así como sus dificultades. La dignidad de cada individuo debe ser reconocida y protegida, porque sus municipios no son lugares anónimos, sino que tiene rostros e historias que custodiar como tesoros preciosos (León XIV, Audiencia, 29-XII-2025).

Cada día son muchas las tareas que requieren su atención. Por ello, les animo a seguir escuchando a los pobres, a los inmigrantes y a todos los más desfavorecidos, tratando de acompañarlos en su labor de promover el bien común en beneficio de todos. De este modo, cada uno de sus municipios podrá ser un lugar de auténtico encuentro entre todos los ciudadanos, ofreciendo a cada persona la oportunidad de realizarse.

Queridos amigos, les aseguro mi oración y les expreso mi gratitud por el servicio devoto que ofrecen diariamente a aquellos a quienes gobiernan. Continúen esta importante labor diaria con alegría, celo y amor, recordando que quienes tienen autoridad son también servidores de Dios (Rm 13, 6). En este sentido, imitar la docilidad de Cristo a la voluntad del Padre les abrirá aún más al verdadero dinamismo del servicio y les permitirá llevar a sus conciudadanos la paz que nos ha sido donada por Cristo resucitado.

Les encomiendo a ustedes y a sus seres queridos a la intercesión de Santa Francisca Cabrini, quien durante muchos años sirvió con gran amor y devoción a los más vulnerables en Chicago. Les bendigo de corazón a cada uno de ustedes. Gracias.

León XIV

 Act: 30/03/26    @audiencias papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A