A la Asociación de Municipios Italianos

Sala Clementina
Vaticano, 29 diciembre 2025

Eminencia, queridos hermanos y hermanas, buenos días y bienvenidos.

Me es grato encontrarme con todos ustedes, que representan a la Asociación Nacional de Municipios Italianos. Vivimos este encuentro en el tiempo de Navidad y al término de un año jubilar. La gracia de estos días ilumina también, sin duda, su servicio y sus responsabilidades.

La encarnación del Hijo de Dios nos hace encontrar a un niño, cuya mansa fragilidad se enfrenta a la prepotencia del rey Herodes. En particular, la matanza de los inocentes que él ordenó no sólo significa la pérdida del futuro para la sociedad, sino que es manifestación de un poder inhumano, que no conoce la belleza del amor porque ignora la dignidad de la vida humana.

El nacimiento del Señor, por el contrario, revela el aspecto más auténtico de todo poder: la responsabilidad y el servicio. Para que cualquier autoridad pueda expresar estas características, es necesario encarnar las virtudes de la humildad, la honestidad y el compartir.

En su compromiso público, en particular, son conscientes de lo importante que es la escucha, como dinámica social que activa estas virtudes. Se trata, en concreto, de prestar atención a las necesidades de las familias y de las personas, cuidando especialmente de los más frágiles, por el bien de todos.

La crisis demográfica y las dificultades de las familias y los jóvenes, la soledad de los ancianos y el grito silencioso de los pobres, la contaminación del medio ambiente y los conflictos sociales son realidades que no les dejan indiferentes. Mientras tratan de dar respuestas, saben bien que nuestras ciudades no son lugares anónimos, sino rostros e historias que hay que custodiar como tesoros preciosos. En este trabajo, se convierten en alcaldes día tras día, creciendo como administradores justos y fiables.

A este respecto, sirva de ejemplo el venerable Giorgio La Pira, que en un discurso a los concejales de Florencia afirmaba:

«Ustedes tienen un solo derecho frente a mí: el de ¡negarme su confianza! En cambio, no tienen derecho a decirme: Señor alcalde, no se preocupe por las personas sin trabajo (despedidos o desempleados), sin hogar (desahuciados), sin asistencia (ancianos, enfermos, niños). Es mi deber fundamental. Si hay alguien que sufre, tengo un deber preciso: intervenir de todas las maneras posibles, con todos los recursos que el amor sugiere y que la ley proporciona, para que ese sufrimiento se reduzca o se alivie. No hay otra norma de conducta para un alcalde en general y para un alcalde cristiano en particular» (Escritos, VI, 83).

La cohesión social y la armonía cívica requieren, en primer lugar, escuchar a los más pequeños y a los pobres. Sin este compromiso, «la democracia se atrofia, se convierte en nominalismo, una formalidad, pierde representatividad, se va desencarnando porque deja afuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad, en la construcción de su destino» (Francisco I, Discurso, 5-XI-2016). Tanto ante las dificultades como ante las oportunidades de desarrollo, les exhorto a convertirse en maestros de la dedicación al bien común, favoreciendo una alianza social por la esperanza.

Comparto gustosamente con ustedes este importante tema, que mi amado predecesor, el papa Francisco, señaló cuando dijo: «Todos necesitan recuperar la alegría de vivir, porque el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, no puede conformarse con sobrevivir o subsistir mediocremente, amoldándose al momento presente y dejándose satisfacer solamente por realidades materiales. Eso nos encierra en el individualismo y corroe la esperanza, generando una tristeza que se anida en el corazón, volviéndonos desagradables e intolerantes» (Spes non Confundit, 9).

Lamentablemente, nuestras ciudades conocen formas de marginación, violencia y soledad que deben ser abordadas. Quisiera llamar la atención, en particular, sobre la lacra del juego, que arruina a muchas familias. Las estadísticas registran un fuerte aumento en Italia en los últimos años. Como subraya Cáritas Italiana en su último informe sobre pobreza y exclusión social, se trata de un grave problema educativo, de salud mental y de confianza social.

No podemos olvidar tampoco otras formas de soledad que padecen muchas personas, como trastornos psíquicos, depresiones, pobreza cultural y espiritual, abandono social. Éstas son señales que indican la necesidad que hay de esperanza. Para dar testimonio de ella de manera eficaz, la política está llamada a tejer relaciones auténticamente humanas entre los ciudadanos, promoviendo la paz social.

Don Primo Mazzolari, sacerdote atento a la vida de su pueblo, escribía que «el país no sólo necesita alcantarillado, casas, carreteras, acueductos y aceras, sino una forma de sentir, vivir, mirarse y fraternizar» (Discursos, Bolonia 2006, p. 470). La actividad administrativa encuentra así su plena realización, porque hace crecer los talentos de las personas, dando profundidad cultural y espiritual a las ciudades.

Queridísimos, tengan el valor de ofrecer esperanza a la gente, proyectando juntos el mejor futuro para sus tierras, en la lógica de una promoción humana integral. Mientras les agradezco su disponibilidad para servir a la comunidad, les acompaño en la oración, para que, con la ayuda de Dios, puedan afrontar eficazmente sus responsabilidades, compartiendo el compromiso con sus colaboradores y conciudadanos.

A ustedes y a sus familias les imparto de corazón la bendición apostólica, y les deseo lo mejor para el nuevo año. ¡Gracias a todos!

León XIV

 Act: 29/12/25    @audiencias papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A