Al Centro Italiano de Trasplantes

Sala Clementina
Vaticano, 26 marzo 2026

Excelencia, señor ministro, señoras y señores, ¡bienvenidos y gracias por su paciencia!

Estoy contento de recibirles con motivo de los estados generales de la Red Nacional de Trasplantes, y agradezco a la pontificia Academia para la Vida que acompañe este importante sector. Su presencia da testimonio del compromiso de tantos trabajadores de la salud, profesionales y voluntarios, que, con competencia y dedicación, están al servicio de la vida humana en los momentos de mayor fragilidad.

Ustedes conmemoran un hecho importante: que hace 70 años tuvo lugar la primera donación en Italia, cuando don Carlo Gnocchi pidió que sus córneas fueran extraídas tras su muerte y trasplantadas a dos jóvenes a quienes asistía, quienes pudieron volver a ver. Ese gesto, realizado en un contexto aún carente de una normativa específica, suscitó una amplia reflexión en la sociedad italiana y contribuyó a iniciar un proceso de definición legislativa.

Justo unas semanas después de ese gesto del don Gnocchi, Pío XII ofreció una primera orientación moral sobre estos temas, reconociendo la licitud de la extracción con fines terapéuticos, respetando la dignidad del cuerpo humano y los derechos de las personas involucradas (Discurso, 14-V-1956). Desde el principio, por lo tanto, la reflexión de la Iglesia ha acompañado el desarrollo de la medicina de los trasplantes, reconociendo su valor e indicando los criterios éticos necesarios.

Desde entonces, un gran avance en la investigación científica y la dedicación humana ha llevado a la Red Italiana de Trasplantes a resultados de gran relevancia grande, reconocidos a nivel internacional. Detrás de estos resultados hay un patrimonio de competencias y una cultura de responsabilidad y confianza que pide ser cuidada y apoyada.

Juan Pablo II recordó que, entre los gestos que alimentan la cultura de la vida, «merece especial reconocimiento la donación de órganos realizada de manera éticamente aceptable» (Evangelium Vitae, 86). Se trata, de hecho, de una acción que une la generosidad del don a la responsabilidad moral que lo acompaña. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que «la donación de órganos después de la muerte es un acto noble y meritorio, que debe ser alentado como manifestación de solidaridad generosa» (CIC, 2296), recordando la necesidad del consentimiento y el respeto a la dignidad de la persona.

Por supuesto, hay que estar siempre atentos para evitar cualquier forma de mercantilización del cuerpo humano, así como garantizar criterios justos y transparentes en los trasplantes (Juan Pablo II, Discurso, 29-VIII-2000).

La medicina de los trasplantes nos recuerda también que la relación de cuidado, de confianza y de responsabilidad mutua, constituye una condición indispensable para que el trasplante pueda realizarse. La posibilidad misma de salvar vidas a través de los trasplantes depende, de hecho, de la generosidad de los donantes (Benedicto XVI, Discurso, 7-XI-2008).

Francisco I subrayó que la donación no se agota en su utilidad social, por muy importante que sea, sino que se configura como expresión de la fraternidad universal. Además, reiteró que debe seguir siendo un acto gratuito, capaz de dar testimonio de una cultura de la ayuda, del don, de la esperanza y de la vida (Audiencia, 13-IV-2019). Esta es una llamada más que valiosa, en una época en la que todo corre el riesgo de ser evaluado según la lógica del precio, de la eficiencia o del interés.

Aprovecho esta ocasión para alentar la investigación científica, que sigue abriendo perspectivas importantes para la medicina de los trasplantes. Ésta está llamada a desarrollar soluciones cada vez más eficaces para responder a la necesidad de órganos y a las necesidades de los pacientes, en un contexto en el que la demanda sigue superando con creces la disponibilidad. Es necesario que ese compromiso vaya siempre acompañado de una reflexión responsable, para que el progreso científico siga orientado al bien integral de la persona y al respeto de su dignidad.

A todos ustedes les expreso mi gratitud. Su trabajo es exigente y a menudo escondido, y requiere competencia y rigor, conciencia, equilibrio y un vivo sentido de la humanidad. En él se entrelazan responsabilidades clínicas, decisiones delicadas y relaciones que tocan la vida de las personas en los momentos más difíciles. Sigan desempeñándolo con fidelidad y dedicación, teniendo siempre como referencia el bien del paciente.

Animo a las instituciones y al mundo del voluntariado a continuar con la labor de información y sensibilización, para que pueda crecer una cultura de la donación cada vez más consciente, libre y compartida, capaz de reconocer en este gesto un signo de solidaridad, de fraternidad y de esperanza.

Les deseo todo lo mejor por su compromiso asociativo, e invoco sobre ustedes y sobre sus seres queridos la bendición del Señor. ¡Gracias otra vez y mucha suerte en el trabajo!

León XIV

 Act: 26/03/26    @audiencias papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A