A la Red de Legisladores Católicos

Sala Clementina
Vaticano, 21 agosto 2026

Eminencias, distinguidas damas y caballeros, queridos Hermanos y hermanas en Cristo, es un placer saludarles, miembros de la Red Internacional de Legisladores Católicos, y en particular al cardenal Schonborn y al cardenal Bo, patronos de esta red.

El tema de su reunión anual, "dignidad humana e inteligencia artificial: desafíos, oportunidades y control", les brinda la oportunidad de reflexionar sobre una de las cuestiones fundamentales de nuestra época. El extraordinario progreso de la inteligencia artificial está abriendo horizontes que las generaciones anteriores difícilmente podrían haber imaginado. Sin embargo, todo logro tecnológico también plantea a la humanidad una cuestión moral: no sólo qué podemos hacer, sino qué debemos hacer.

En efecto, nuestra familia humana se enfrenta hoy a una elección decisiva. Como escribí en mi reciente encíclica, podemos sentir la tentación de construir una nueva Torre de Babel, donde el poder, la eficiencia y el control oculten el rostro de la persona humana; o podemos construir una civilización en la que la tecnología sirva al desarrollo integral de cada persona (Magnifica Humanitas, 7-10).

La pregunta crucial sigue siendo la misma: ¿Ayuda la tecnología a las personas a ser más fraternas y responsables consigo mismas y con los demás? En este sentido, los principios de la Doctrina Social de la Iglesia (la dignidad inviolable de toda persona, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la solidaridad) proporcionan los criterios seguros para el discernimiento.

Estimados legisladores, su vocación les sitúa en el centro de este desafío. Responsables de formular políticas para la administración de la tecnología en pro del bien común, «su tarea no es obstaculizar la innovación, sino guiarla con sabiduría» (Francisco I, Discurso, 27-VIII-2021).

Una legislación sólida debe fomentar la creatividad científica y tecnológica, salvaguardando al mismo tiempo los derechos y libertades fundamentales. Debe proteger a los usuarios de la explotación, preservar la privacidad personal, garantizar la transparencia en el uso de las tecnologías emergentes y asegurar que estas fortalezcan las instituciones democráticas.

Para ello, se requieren «marcos jurídicos sólidos, supervisión independiente, usuarios informados y un sistema político que no eluda su responsabilidad» (León XIV, Magnifica Humanitas, 106). Dicha supervisión puede operar en múltiples niveles (local, nacional e internacional) facilitando el debate abierto sobre «los marcos éticos implicados y sometiéndolos a estándares compartidos de justicia social» (Ibid, 107), y garantizando que ninguna ideología o interés particular dicte los valores inherentes a los sistemas de inteligencia artificial.

Al mismo tiempo, el rápido desarrollo de la inteligencia artificial conlleva el riesgo de generar nuevas formas de dependencia tecnológica, con las naciones más pobres cada vez más dependientes de las más ricas. Debemos permanecer vigilantes en este sentido, para que la innovación no se convierta en otro vehículo de colonialismo ideológico o económico (Ibid, 178-179).

Lamentablemente, nos encontramos ante una sutil forma de dominación cuando los algoritmos deciden quién es visible y quién permanece invisible, cuando las plataformas digitales moldean el discurso público sin rendir cuentas y cuando la dignidad de los trabajadores se subordina a la optimización de los sistemas (Ibid, 95.150.171). Estos desarrollos revelan una nueva faceta de la antigua tentación de la dominación y el dominio sin servicio.

Frente a esta cultura del poder, la Iglesia propone la "civilización del amor" (Pablo VI, Regina Caeli, 17-V-1970), una que gobernaría la inteligencia artificial con sabiduría, cultivando corazones capaces de caridad, compasión y responsabilidad.

En una sociedad así, la primera escuela de la humanidad sería la familia. En efecto, en la familia es donde aprendemos primero la confianza antes que el cálculo, la generosidad antes que la competencia, el diálogo antes que la división y el amor antes que el poder.

Jamás se debe permitir que la IA erosione esta célula primordial de la sociedad, ya sea reduciendo a las personas y las relaciones a datos y simulaciones, inundando las mentes jóvenes con contenidos que distorsionan el deseo o mediante modelos económicos que hacen que la vida familiar sea económicamente precaria. Por ello, les animo a promover políticas que fortalezcan el matrimonio y las familias, apoyen a los padres en su misión educativa y permitan a los jóvenes mirar al futuro con confianza.

Queridos amigos, el mundo no necesita una inteligencia artificial que menoscabe a la humanidad. Más bien, necesita inteligencia humana iluminada por la sabiduría, autoridad política guiada por la conciencia e innovación tecnológica dirigida por la caridad. Sólo así la IA dejará de ser una rival para la humanidad y se convertirá en una servidora del bien común.

Con estos pensamientos, ruego que sus deliberaciones den abundante fruto para sus naciones y para toda la humanidad. Que la santísima Virgen María, madre del buen consejo, les acompañe siempre. Sobre ustedes, sus familias y todos aquellos confiados a su servicio, invoco con fervor las abundantes bendiciones de Dios. Gracias.

León XIV

 Act: 21/08/26    @audiencias papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A