A la Iglesia Armenia de Cilicia

Capilla Urbano VIII
Vaticano, 18 mayo 2026

Santidad Aram I, katolikós de la Iglesia Apóstólica Armenia con sede en Cilicia, queridos hermanos, «gracia y paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (Ef 1,2). Doy la bienvenida a su santidad, y a los distinguidos miembros de su delegación, al inicio de su visita a la Iglesia de Roma.

¿Podría existir un vínculo espiritual más fuerte entre nuestras iglesias que el del apóstol Pablo de Tarso, nacido en Cilicia, sede de vuestra Iglesia, y que recibió la corona del martirio aquí en Roma? A San Pablo, apóstol por excelencia de la comunión entre las iglesias, encomiendo su peregrinación a Roma.

¿Cómo no mencionar también a los grandes santos de la Iglesia que trabajaron por la unidad cristiana? Pienso en San Nerses el Gracioso, katolikós de Cilicia, pionero del ecumenismo y cuya reciente inclusión en el Martirologio Romano es un ejemplo más de ese "ecumenismo de los santos" que ya une a nuestras iglesias.

Situado en la encrucijada de diferentes pueblos y culturas, el katolicosado de Cilicia se ha caracterizado desde hace mucho tiempo por su vocación ecuménica, especialmente con respecto a la Iglesia de Roma. Esta relación especial entre nuestras iglesias, que fue particularmente intensa en la Edad Media, experimentó nuevos desarrollos en el siglo XX, y sobre todo después del Concilio II Vaticano. En concreto, el katolikós Khoren I fue el primer primado de una Iglesia Ortodoxa Oriental en visitar Roma, en mayo de 1967.

Usted, santidad Aram I, destaca por su incansable celo ecuménico, tanto a nivel local, como uno de los fundadores del Consejo de Iglesias de Oriente Medio, como a nivel internacional dentro del Consejo Mundial de Iglesias, donde ha ocupado puestos destacados. Estoy profundamente agradecido por sus esfuerzos para fomentar las relaciones con la Iglesia Católica y por su cercanía a la Iglesia de Roma, que visitó por primera vez como katolikós durante la Semana de Oración de 1997, y a la que ha honrado con su presencia en numerosas ocasiones desde entonces. Le agradezco especialmente su compromiso personal con la promoción del diálogo teológico entre nuestras iglesias, que se lleva a cabo desde 2003 en el marco de la Comisión para el Diálogo entre la Iglesia Católica y las iglesias ortodoxas orientales.

Este diálogo, que se beneficia de la valiosa contribución de los delegados armenios, ya ha publicado tres documentos importantes sobre la naturaleza y la misión de la Iglesia, la comunión en la Iglesia primitiva y los sacramentos. Espero sinceramente que, a pesar de las dificultades recientes, este diálogo continúe con renovado vigor, pues no puede haber restauración de la comunión entre nuestras iglesias sin unidad en la fe.

Su presencia entre nosotros me trae a la memoria el amado país del que provienen, y que tuve la alegría de visitar en diciembre de 2025. Esta tierra del Líbano, tan querida para mí, y que durante tanto tiempo ha demostrado al mundo entero que es posible que personas de diversas culturas y religiones convivan como una sola nación, sigue enfrentando duras pruebas.

En un momento en que la unidad e integridad de su país se ven nuevamente amenazadas, nuestras iglesias están llamadas a fortalecer los lazos fraternos que unen a los cristianos entre sí y con los hermanos de otras comunidades. Les aseguro mis oraciones diarias y la profunda preocupación que siento por el pueblo del Líbano y por las iglesias de Oriente Medio.

En estos días previos a la solemnidad de Pentecostés, y mientras nos preparamos para revivir el misterio y milagro del descenso del Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente, me siento agradecido de poder orar tras esta reunión, junto con su santidad, al Espíritu Santo, Señor y dador de vida, para que nos conceda el don de la unidad, nos otorgue una paz duradera y renueve la faz de la tierra.

León XIV

 Act: 18/05/26    @audiencias papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A