A la fundación Bizot

Sala Clementina
Vaticano, 10 octubre 2026

Damas y caballeros, me complace reunirme con ustedes, miembros del grupo Bizot, que representan a algunos de los museos más prestigiosos del mundo. Saludo a su presidente, el doctor Dibbits, y a cada uno de ustedes.

Gracias a su trabajo y pasión, cada museo es un lugar de memoria, belleza e historia, que fomenta el encuentro entre generaciones y promueve la cultura y la creatividad humana. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha cultivado una relación especial con la dimensión artística, apreciando todas sus formas. El arte, en efecto, es el modo en que el hombre, con su ingenio, valoriza y transfigura la materia, es decir, la creación que habita a imagen y semejanza de Dios.

El tema de su encuentro, la materialidad, reviste especial interés no sólo para explorar la relación entre el objeto y la interpretación de la obra de arte, sino también para reflexionar sobre la cualidad específica de la materia, como lugar que Dios mismo eligió para revelarse.

En este sentido, me gustaría compartir con ustedes algunas breves reflexiones.

En primer lugar, la materia es un don que se nos ha concedido. Con su maestría, el artista transforma lo que sostiene en sus manos, convirtiéndolo, a su vez, en un regalo para los demás. Así es como el desarrollo de la cultura realza la belleza de la creación. Como dijo Francisco I, «Jesús mismo trabajó con sus manos, en contacto diario con la materia creada por Dios, para darle forma con su destreza artesanal» (Laudato Si, 98).

En segundo lugar, la materia es maleable, y puede moldearse según la visión del artista para expresar su intuición, dando cuerpo o sonido a emociones, sueños y palabras. El arte, en efecto, es un proceso creativo mediante el cual el hombre, imitando la obra de Dios, da forma a la materia para infundirle un significado trascendente. Se convierte así en signo de esa belleza que despierta los ojos del corazón y la mente, elevando al ser humano.

En tercer lugar, la materia es memoria. Las obras conservadas en los museos son testimonios de una historia que interpela a cada persona, de generación en generación. Los objetos de museo ofrecen así la sabiduría del pasado al presente. La Iglesia, peregrina a través del tiempo, ha entendido el arte precisamente de esta manera: no como mero esteticismo, sino como una forma de proclamación evangélica a través de la belleza.

Les felicito a todos por la labor de gestión y administración de los museos a los que se dedican, salvaguardando un patrimonio compartido por la humanidad. Deseo a su grupo el mayor de los éxitos en sus iniciativas, e invoco la bendición del Señor sobre ustedes, sus seres queridos y sus colaboradores.

León XIV

 Act: 10/10/26    @audiencias papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A