En el Domingo XXI Ordinario

Plaza San Pedro
Vaticano, 23 agosto 2026

Queridos hermanos, el evangelio de este domingo (Mt 16,13-20) plantea una pregunta que nos interpela a cada uno en el camino de nuestra fe: ¿Quién es realmente Jesús para mí?

Del relato evangélico se desprende lo decisiva que es esta pregunta para la experiencia del discipulado. De hecho, a pesar de que los doce apóstoles ya habían compartido gran parte de la vida y del ministerio del Maestro, Jesús no quiso dar por sentado que realmente lo conocieran y que hubieran comprendido el misterio del reino de Dios. Entonces, tras preguntar qué opinaba la gente sobre él, les dijo directamente a ellos: «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?» (v.15).

Hermanos y hermanas, éste es un paso fundamental para los discípulos de todos los tiempos y para cada uno de nosotros. La fe no se nos da de una vez por todas, sino que siempre necesitamos redescubrir el rostro de Cristo y su evangelio, profundizar en su mensaje y renovar las decisiones de nuestra vida. Así seremos coherentes con lo que profesamos, venciendo la tentación de creer que ya lo sabemos todo y de convertir la fe en una mera costumbre.

La pregunta que nos hacemos cada día (quién es Jesús para mí, y cuál es el significado de su presencia en mi vida) surge especialmente en la oración y cuando meditamos sobre el evangelio; pero también cuando nos enfrentamos a las heridas y las necesidades de nuestros hermanos, o en las relaciones y situaciones que más interpelan nuestra conciencia.

En el ámbito de nuestra vida podemos comprobar si, para nosotros, el Señor Jesús es sólo un gran personaje de la historia que dijo e hizo cosas importantes, o bien el Cristo de Dios, aquel que fue enviado para hacernos partícipes del amor del Padre y transformar nuestra vida y el mundo en el que vivimos.

Queridos hermanos, aprendamos a no encerrarnos en nuestras convicciones y certezas religiosas, para permanecer abiertos a una relación auténtica con Cristo.

A veces, en lo que respecta a la fe cristiana, nos conformamos con "lo que se dice", con los tópicos, con lo que nos han transmitido, quizá incluso con buenas intenciones. No obstante, Jesús nos llama a una respuesta personal, a conocerlo de cerca, a dejarnos transformar por la amistad con él, en un encuentro siempre nuevo que tal vez podría exigirnos recorrer caminos inéditos y tomar decisiones diferentes a las que habíamos imaginado.

Esto vale tanto para nuestro camino personal como para el camino de la Iglesia y para las decisiones pastorales, en las que a veces pensamos que basta con seguir como siempre hemos hecho. En cambio, es importante preguntarnos con frecuencia: ¿Quién es el Señor para mí? ¿Lo conozco realmente? ¿Qué me pide hoy su evangelio? ¿Qué pasos y qué decisiones debería tomar?

Invoquemos a la Virgen María, que en su corazón buscaba la voluntad de Dios a través de su Hijo, para que nos guíe siempre en el camino de la fe.

León XIV

 Act: 23/08/26    @ángelus papales       E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A