NEWMAN
obras en castellano

por José Morales

 

El Renacimiento de Newman y de sus escritos ha sido un hecho patente en la segunda mitad del siglo XX. Newman es cada vez más conocido y estudiado en la teología y en el pensamiento cristianos, y muchas de sus ideas son objeto de una silenciosa recepción en ámbitos de la cultura. Puede afirmarse, a pesar de todo, que las obras del gran converso inglés son todavía poco leídas entre nosotros.

Con algún retraso, nuestro país se suma paulatinamente a la acogida creciente del pensamiento newmaniano, que desborda el terreno puramente teológico y se extiende, entre otros, al campo de la educación, de la filosofía, y de las pautas de acción cristiana en la sociedad y en el mundo.

Con motivo de la celebración del bicentenario de su nacimiento (Londres, 21 de febrero de 1801) nos proponemos presentar y comentar brevemente las traducciones españolas de algunas obras de Newman que se han publicado a partir de 1990. Forman un grupo considerable por la cantidad y la calidad, así como por el trabajo editorial (introducciones, notas, comentarios), que manifiesta el progreso de los estudios newmanianos en España.
Las obras de Newman pueden distribuirse en tres grupos, que corresponden a I) ensayos teológicos y educativos; II) escritos autobiográficos; III) obra homilética y devocional.

La fe y la razón. Sermones universitarios
Contiene quince sermones que fueron pronunciados por Newman ante la Universidad de Oxford entre 1826 y 1843, hasta dos años antes de su conversión. Puede decirse que la relación entre la razón y la fe es un asunto central en la entera obra newmaniana, presente ya en sus primeros escritos de 1826 en adelante y desarrollada de modo sistemático en la Gramática del Asentimiento de 1870. Fiel a la mejor tradición cristiana, que ha sabido manifestarse siempre acogedora hacia la razón humana, Newman replantea y resuelve en el siglo XIX el gran tema del conocimiento religioso, y argumenta lúcidamente el principio de que la no-evidencia de la fe cristiana no implica sentimentalismo y mucho menos irracionalidad. El creyente tiene siempre razones para creer, aunque no sea capaz de formularlas discursivamente; y la fe implica verdadero conocimiento, lo que permite considerarla razonable sin detrimento de su carácter sobrenatural. La fe supone un don divino gratuito, pero representa a la vez un aspecto de la vida total de la inteligencia.

Los sermones universitarios llevan en su conjunto la huella de la personalidad religiosa de Newman. El lector es introducido en el núcleo del Cristianismo, que viene aquí detrminado por la conciencia del mundo invisible y la veneración del misterio trascendente. Lo objetivo y lo subjetivo dejan de ser polos llamados a entrar en conflicto. El horizonte del misterio cristiano, que no es creación de la subjetividad creyente, confiere fundamento, sentido y dirección a la religiosidad individual, que permanece receptiva y libre en su ámbito de experiencia. El creyente es un ser abierto a lo absoluto. Su vida espiritual, al igual que su conciencia, no posee luz propia, la recibe de lo alto.

En estos sermones late la convicción de que la verdad y el bien no se han mantenido en el mundo por la inercia de una vez para siempre ni por medio de textos escritos y argumentos intelectuales. La Verdad se abre paso entre los seres humanos a través de la influencia moral de otros hombres, que no han sido únicamente sus anunciadores, sino sobre todo sus vivos y tangibles ejemplos. La Verdad ha vencido y vence mediante la santidad convertida en imagen personal y entrega sincera a Dios. Es difícil exagerar la autoridad moral que un solo individuo acostumbrado a practicar lo que enseña puede adquirir en el círculo de personas donde se mueve.

Los discursos sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria
Desarrollan las ideas educativas de Newman y constituyen la primera parte de la Idea de la Universidad (1859). Se trata de nueve discursos dirigidos para captar la atención de los católicos de Dublín y preparar el terreno hacia la fundación de la Universidad Católica de Irlanda (1852). [Una Universidad que] ha cumplido su misión [es la que] ha educado al intelecto para razonar bien todo asunto, para dirigirse hacia la Verdad íntegra y hacerse con ella.

La Carta al Duque de Norfolk
Publicada en 1875, contiene la versión más extensa de la doctrina newmaniana sobre la conciencia. Iba dirigida a rebatir las acusaciones que el ex-primer ministro británico Gladstone hacía de algunos decretos promulgados por el Concilio Vaticano I, donde decía que el «ejercicio de las convicciones católicas exigía en la práctica la renuncia a la libertad moral e intelectual y el abandono de la lealtad ciudadana en manos de autoridades extrañas al país». Newman muestra que los ciudadanos católicos son fieles y leales en cualquier Estado justo y la obediencia debida al Papa en cuestiones de fe y moral y en asuntos de disciplina y régimen de la Iglesia no es una cobertura a la arbitrariedad.

En el capítulo V de la Carta, Newman observa que los Papas nunca se han pronunciado contra la conciencia. Si la Iglesia ha condenado la “libertad de conciencia” no ha puesto en tela de juicio la conciencia rectamente entendida, sino a una concepción oportunista y falsa que vincula indebidamente ese sentido interior del hombre para distinguir entre el bien y el mal con el indiferentismo y la negación de los derechos inalienables del Creador.

La autoridad significa para la conciencia del hombre lo mismo que la Revelación para la naturaleza humana. Viene a consolidarla y a procurarle plenitud. No la elimina, ni la sustituye ni la ignora. La autoridad que realmente lo es, fortalece la conciencia y no se afana simplemente en someterla. Hace posible así una verdadera libertad, que no es la “Libertad de Conciencia”, sino la de tender hacía el único fin previsto por Dios creador, con la ayuda y la elección sabia de los medios humanos y sobrenaturales adecuados.

Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana
El ensayo (1843) marca un punto álgido en la trayectoria de adhesión a la Iglesia romana del teólogo protestante. Es el fruto de sus averiguaciones sobre si la Iglesia romana podía ser la única y verdadera Iglesia de Jesucristo. Aunque, en realidad, en Ensayo no contenía la plena respuesta a las cuestiones vitales que tenía planteadas, ya que se trataba de preguntas que tenía ya contestadas en lo sustancial, tramos de un recorrido que se presentaba como irreversible. La obra representa un paso fundamental en la incorporación del sentido de la historia a la metodología teológica. En ella, el autor no se limitó a describir la tradición como sujeto, es decir, no habló solo de la Iglesia como lectora del pasado, sino justificó además la tradición como objeto, como un conjunto de lecturas que forman un organismo doctrinal en desarrollo histórico. La idea del Cristianismo nos presenta, según Newman, un objeto real, una realidad viva que viene de Dios a través de la Revelación, existe en la Iglesia, y se desarrolla inseparablemente de la conciencia de los individuos creyentes a lo largo del curso histórico. En esta perspectiva, la Revelación, su idea-realidad en los cristianos, y su desarrollo en el tempus Ecclesiae son aspectos de un conjunto global cuyos elementos no deben escindirse.

Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana
Se trata de una novela de conversión(1847), en la que el autor describe el clima religioso de Oxford, y narra artísticamente y mediante personajes supuestos, los episodios y situaciones que desembocaron en su abandono del anglicanismo y consiguiente recepción en la Iglesia católica. La seriedad del relato no impide la presencia en la obra de un elemento satírico, que el autor usa para resaltar las incongruencias de la visión religiosa anglicana.

Cartas y Diarios
La selección de reúne un conjunto de documentos de gran interés y significado para el conocimiento de la personalidad de Newman. Las cartas eran para Newman el principal medio para la comunicación. Tendía en ellas a expresar sus planes, ideas y sentimientos; las consideraba el cauce más efectivo y normal para ejercer influencia de persona a persona. La gran extensión y variedad del epistolario newmaniano lo hacen representativo del carácter de su autor y de las circunstancias de su larga vida. Los diarios parcialmente recogidos en estas páginas manifiestan admirablemente el drama de una existencia que hubo de atravesar vados profundos, pero indican sobre todo la heroicidad cristiana de un hombre educado por Dios desde joven en la escuela de los santos.

Apología Pro Vita Sua. Historias de mis ideas religiosas
Publicada en 1864, contiene la historia de la evolución religiosa del autor durante sus años anglicanos (1801-1845). No se trata propiamente de una autobiografía, pero sí de un libro autobiográfico centrado en la personalidad de Newman, y lleno de elementos perennes que desbordan la ocasión histórica que dio origen a la composición. La Apología pide justicia contra acusaciones que el autor juzga insidiosas y falsas, pero sin adornar su pasado con el fin de justificarse; su historia se desvincula más bien del destino de la sociedad circundante, y es considerada casi únicamente como acción de Dios. En ella Newman proclama indirectamente la grandeza divina, la debilidad humana y el misterio de la vocación personal. Se vuelve hacia los hombres, es decir, hacia su acusador, hacia sus jueces, que forman parte de la opinión pública inglesa, hacia los amigos y adversarios de otro tiempo, y hacia lectores nuevos y desconocidos que se han asomado a la discusión y han sido captados por ella. Si la Apología ha tenido consecuencias apologéticas se debe al elocuente mensaje de credibilidad que contiene.

Sermones
Los sermones parroquiales son probablemente la parte más importante de toda la formidable producción newmaniana. Sobrepasan los cuatrocientos, de los cuales se han publicado más de la mitad. Han sido seleccionados no solamente por su calidad y hondo sentido espiritual, sino porque resultan representativos de otros tantos aspectos del carácter y pensamiento religioso de Newman. Se descubre en ellos el pastor de almas, el teólogo dogmático, el creyente comprometido, el contemplativo del más allá, el crítico de una religión rutinaria y el pensador escatológico.
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*Profesor de Teología Dogmática en la Universidad de Navarra.
Extracto del Anuario de Historia de la Iglesia Vol. VII, 1998 del Instituto de Historia de la Iglesia, de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra