Señor
Una de las realidades fundamentales de la existencia humana es que unos pocos
tienen
poder o capacidad para dirigir a los demás. El griego se sirve de dos vocablos
para
designar esta realidad, según que ese poder se adquiriera o transmitiera con
consentimiento
o que se tratara de una usurpación. El grupo lingüístico de óeanÓTrig [despótéq]
califica al Señor como poseedor y dueño en el terreno familiar y público, cuando
se trata
de un dominio duro y arbitrario. El grupo de Kvpiog [kyrios], usado con más
frecuencia,
resalta el hecho de que el dominio goza de legalidad y representa una autoridad
reconocida. Cuando a Dios, por acomodación a realidades humanas, se le llama el
señor
normalmente se le designa como kyrios y sólo raramente como despótes. En la
antigüedad
al señor se contrapone el siervo (óovhoq [doúlos], -> esclavo).
Ó£onóxr\Q [despótes] amo (de casa), dueño; oÍKo5mnózr\<; [oikodespotes] amo de
casa;
oÍKo5eanozéa> [oikodespotéó] dirigir, administrar (la casa)
I Despótes (se compone de óópoc, [domos], la casa, y nóóiq [póclis],
primitivamente nóxv; [pótis] amo)
significa a) el amo de la casa (que casi siempre poseía poder absoluto sobre
ella), b) el señor (por contraposición con el esclavo), c) el dueño, el
propietario, d) como consecuencia del desarrollo y aplicación de lo familiar a
lo político, el término adquiere el significado de soberano, que se distingue
por la plenitud de su poder y por la arbitrariedad (en especial respecto de
pueblos sometidos). Despótes, partiendo del concepto de posesión ilimitada,
tiene a veces el matiz de lo duro y arbitrario, mientras que -» tcúpioq [kyrios]
se distingue por el carácter de legalidad con que uno
actúa.
Oikodespotes, el amo de casa, etimológicamente representa un pleonasmo y en la
terminología profana de la
literatura griega es terminus technicus de la astrología: los planetas son
owoSsonóvxi [oikodespótai] dentro de un determinado signo del zodíaco.
II Despótes se emplea en los LXX sólo unas 60 veces; cuando hay texto original
hebreo, traduce normalmente
el término 'adónay. Esta traducción no se usa, ni muchísimo menos, tanto como -»
KÚpwq [kyrios]. Ello se debe
con toda seguridad a que despótes tenía que ser extraño a la idea que Israel se
había formado de Dios, puesto que el
término expresa la potestad arbitraria, ilimitada, sin determinación concreta en
el ejercicio de ese poder. En
realidad Israel experimentó el señorío de Dios precisamente en su actuación
amorosa, liberadora, es decir,
histórica. Cuando, no obstante, se emplea el término que analizamos (ante todo,
en escritos más recientes),
entonces es para destacar, en especial, la omnipotencia de Dios. Por tanto, ese
pasar a segundo término de despótes frente a -» KvpwQ [kyrios] es importante
desde el punto de vista teológico. Oikodespotes se desconoce totalmente en los
LXX.
III 1. En el NT el vocablo aparece 10 veces; a) a Dios se le llama despótes 3
veces
al invocarlo en la oración (en Le 2,29 por contraposición con doülos; Hech 4,24;
Ap 6,10,
citando a Zac 1, 12 y al Sal 79[78], 5, donde los LXX traducen Kvpw [kyrie]).
b) 2 veces se llama despótes a Cristo: 2 Pe 2, 1 (Cristo nos ha rescatado; en
el
trasfondo se encuentra la imagen del rescate del esclavo) y Jds 4 que depende de
él
(despótes al lado de kyrios). En ambos pasajes el término se encuentra en el
contexto de
afirmaciones antiheréticas. Los herejes niegan a Jesús como despótes. ¿Se piensa
aquí en
«la función de mando de Jesús, función que ejerce influjo y poder» y en que los
herejes
«no reconocen a Jesús tampoco prácticamente como aquél, por cuya voluntad ellos
se
han de regir»? (así Rengstorf, 48). Teniendo en cuenta el contexto y 2 Pe 2, 1,
esta
interpretación es más probable que la que piensa que hay que ver aquí a Jesús
como el
omnipotente junto a Dios.
(KÓpioc) Señor
c) Dicho de los señores temporales y con la significación de amo o dueño se
encuentra en 1 Tim 6, 1 s; Tit 2, 9 (contrapuestos doüloi y despótai; cf. Ef 6,
5; Col 3, 22:
doúloi y kyrioi); 1 Pe 2, 18 (contrapuestos OÍKÉVXI [oikétai] y despótai). A los
esclavos se
les exhorta a ser obedientes a sus señores, para que la fe no sea maldecida a
causa de su
desobediencia. En un modo de hablar figurado y con el significado de amo de casa
lo
encontramos en 2 Tim 2, 21: el que se limpia de falsas doctrinas, es un
utensilio para usos
nobles, consagrado y útil a su despótes, a su dueño, aquí despótes hay que
referirlo a
Cristo.
2. Oikodespótes aparece en el NT 12 veces, espec. en Mt (10, 25; 13, 52; 24, 43;
en las
parábolas despótes sirve para hacer asequible la actuación de Dios, comparándola
con la
del amo de casa: 13, 27; 20, 1.11; 21, 33; cf. Le 14, 21), donde corresponde al
hebreo ba'al
habbayit, dueño de casa, de la hacienda. Con frecuencia va junto con avBpcuKoq [ánthrópos],
el amo, que dispone de su «casa». En Me 14,14 se llama oikodespótes al dueño de
la
casa donde Jesús envía a dos de sus discípulos para preparar allí la cena
pascual.
Pleonásticamente se usa oikodespótes en Le 22, 11. En Mt 13, 52 el letrado
entendido en
asuntos del reino de Dios es comparado a un oikodespótes que saca de su arcón
cosas
nuevas y antiguas. Mt 24, 43 dice: si el oikodespótes supiera a qué hora de la
noche va a
llegar el ladrón, estaría en vela. En la parábola de Le 13,25 ss es Jesús el
oikodespótes que
les cerrará la puerta a los retrasados: a Jesús se le presenta como señor del
reino de Dios,
echando mano de la imagen del oikodespótes. En otra frase de estilo metafórico (Mt
10,
25) habla Jesús de sí mismo como oikodespótes y añade que si sus enemigos lo
han
llamado Belcebú (Mt 12, 24; cf. 9, 24), con tanta más razón van a ser
desprestigiados los
de su casa, o sea, sus discípulos y seguidores. Oikodespótes está aquí en
paralelismo con
SidáoKoiÁoc; [didáskalos] y kyrios (v. 24 s), presentando la relación entre
Jesús y los
discípulos como seguimiento de vida.
Oikodespotéó, administrar casa y familia, se encuentra nada más que en 1 Tim 5,
14
como recomendación a las mujeres jóvenes que se casan y tienen que desempeñar
las
tareas domésticas.
H. Bietenhard
KÓpiog [kyrios] señor, soberano, poderoso; Kupia [kyría] señora; KvpiotKÓq [kyríakós]
propio del señor; Kvpióxnq [kyriótes] señorío; Kvpieóco [kyrieúó] reinar;
K(ziu.Kvpieúio
[katakyrieúó] dominar, someter, vencer
Kyrios (documentado desde Píndaro; forma adjetiva de TÓ Kvpog [tó kyros],
potestad, poder) significa
poderoso, fuerte; sustantivado quiere decir señor, soberano, aquél que puede
disponer sobre algo (sobre hombres,
cosas, sobre sí mismo). Kyrios implica siempre el aspecto de lo legal y de la
autoridad. Kyrios se halla con mucha
frecuencia junto a -» óeanórn; [despótes], que designa, ante todo, al dueño (con
el carácter secundario de
arbitrariedad). Posteriormente se llamó kyrios al dirigente en general, al que
se le dio el tratamiento de Kvpis
[kyrie] (el femenino es kyriaj. Como extranjerismo se introdujo en el hebreo del
Talmud y de los escritos
midrásicos, así como en el arameo (cf. p. ej. en Tgjob 5, 2 y TgSal 53, 1, como
designación de Dios).
1. En la literatura griega de la época antigua no se emplea kyrios para designar
a dioses, puesto que falta con
mucho la fe en un Dios personal y creador; los dioses no son creadores y señores
del destino, sino que le están
sometidos lo mismo que los hombres. En definitiva, dioses y hombres pertenecen a
la misma realidad (cf. el
comienzo de la oda de Píndaro a Alkímidas). Por eso el griego de aquella época
no se considera -> esclavo
(doúlosj que dependiera de algún dios. Ni tampoco se siente personalmente
responsable frente a los dioses. Se les puede llamar 4¿¿rioi sólo en cuanto que
los dioses mandan sobre un determinado sector del mundo.
2. Otra es la situación del oriente a este respecto. Aquí son «los dioses
señores de la realidad, tienen el destino
en la mano» (Foerster, ThWb III, 1047). Fueron dioses los que.crearon al hombre,
el cual tiene también respecto de Señor {Kvpioq) 204 ellos una responsabilidad
personal. Los dioses pueden intervenir en la vida de los hombres salvando,
castigando y juzgando; son los que establecen el derecho y la ley, que dan a
conocer a los hombres, p. ej. mediante el rey. Por eso se les llama señores».
3. Sólo en el s. T a. C. se encuentran ejemplos, en los que, en la época
helenística, se aplica el título de kvrios a
dioses u hombres. El título de KÚpwg ¡¡aai/xÚQ [kyrios basileús], señor (y) rey
está documentado varias veces para el tiempo que media entre 64-50 a. C. Al
César Augusto se le llamó Seóc Ktxi Kvpioq [theós kai kyrios], dios y señor en
Egipto el año 12 a. C; en el Alto Egipto se llamó a la reina Candaces (cf. Hech
8, 27) f¡ Kopíx [laci/joeoí [he kyría basilíssa], la señora (y) reina. El título
de kyrios se aplica también a Herodes el Grande, a Agripa I, y a Agripa II.
Además de los
soberanos, el título podían recibirlo también altos dignatarios (p. ej. un
estratega ptolomaico). Y lo
que se dice de Egipto parece que vale para Siria: sólo a partir del s. I a. C.
se le llamó kyrios al señor oriental. Se
emplean títulos tales como kyrios theós, señor (y) dios; kyrios basileús, señor
(y) rey; KvpwQ OTpoanyÓQ [kyrios strategós], señor (y) estratega. Kyrios se
aplica a los dioses allí donde también se les llama «señor» en la
nación respectiva y en su correspondiente lengua. En tal caso kyrios traduce los
equivalentes semíticos correspondientes (p. ej. adon, mará; femenino: rabbat).
Estos calificativos llevan siempre sufijo personal (mío, nuestro, etc.) y
se anteponen al nombre de un dios. Allí donde se emplea kyrios, el hombre que es
denominado «siervo» (-» esclavo, art. bovloQ [doülos]) se encuentra en una
relación y responsabilidad personales respecto del dios, que ejerce, por su
parte, una autoridad personal. Cuando p. ej. el semítico 'adon designaba al
señor, que poseía poder y autoridad, en griego le correspondía de suyo kyrios.
Había dioses a los que se veneraba como «señores» de sus comunidades de culto y
de cada uno de los participantes en él. Venerar a uno de estos hyrioi no excluía
de por sí la existencia ni siquiera la veneración de otros «señores». Pero a
ninguno de ellos se le considera o venera como dominador del mundo.
4. Los
emperadores romanos Augusto y Tiberio, en consonancia con la mentalidad legal de
los romanos,
rechazaron la forma oriental de la monarquía y rehusaron igualmente la majestad
aneja al título de kyrios. Pero a
Calígula le agradó el kyrios. Desde Nerón, a quien en una inscripción se le
llama ó roC Ttavtóc KÓopov Kvpwg [ho toú pantos kósmou kyrios], señor de todo el
mundo (universo), el título de kyrios aparece de nuevo con frecuencia.
Uno de los
ejemplos más antiguos de ello es Hech 25, 26. El titulo de kyrios se volvió de
nuevo comprometido a
causa de Domicíano, que se llamó a sí mismo dominus ac deus noster, nuestro
señor y dios. Tras la muerte de
Domiciano junto con su memoria (damnatio memoriae; se evitó también este
tratamiento. Pero se volvió a
imponer más tarde. De por sí el título de kyrios no presenta al emperador como
dios; pero al gozar de honores
divinos, entonces el título de «señor» resulta también un predicado divino. Los
cristianos rechazaron una
pretensión religiosa de esta índole, que forzaba y oprimía las conciencias,
rechazaron el estado totalitario.
II 1. En los LXX kyrios se emplea más de 9.000 veces. En primer lugar, el
término traduce a 'adón(ay), y se
refiere a hombres de 190 casos; sólo 15 veces traduce a ba 'al. Mientras que ba
'al designa en el derecho matrimonial y de propiedad al dueño de una mujer o de
un inmueble (p. ej. Os 2, 18; Jue 19, 22.23), el 'adonai tiene un matiz social y
se refiere al «jefe» que dirige y es responsable de un grupo (así en 1 Sam 25).
Es raro que a Jahvé se le llame «dueño» (Os 2, 18); con más frecuencia se le
designa como «señor» de la societas que le pertenece (Sal 123, 2).
Kyrios puede, además, corresponder al g'bir, amo (Gn 27, 29.37), (arameo) mará,
señor o"salín,soberano. Pero en la inmensa mayoría de los casos (6.156 veces)
kyrios traduce el nombre propio de Dios, YHWH (el tetragrámaton divino). Es
decir, los LXX intensificaron la tendencia de evitar la pronunciación del nombre
propio de Dios, acabando por suprimirla totalmente. La sustitución del nombre
propio «Yahvé» por el título de adónay es consecuencia del desarrollo por el que
Israel pasó, al dejar de ser la mera religión nacional de la época preexílica
y convertirse en la religión «internacional» de la época alejandrina. Si al
principio se puso en primer plano la proeza del éxodo de Egipto, después del
exilio el acento se carga sobre la creación del mundo. Por tanto, siempre que kyrios
corresponde a 'adon o 'adónay, tenemos ante nosotros una verdadera traducción,
mientras que cuando traduce a Yahvé, se trata de un circunloquio que tiende a
explicar todo lo que el texto habreo asocia con el nombre propio de Dios: Yahvé
es creador y señor de todo el cosmos, es señor de los hombres, señor de vida y
muerte. Ante todo, es el Dios de Israel, del pueblo de su alianza. Al elegirse
el término kyrios como sustitutivo de Yahvé, en el texto griego se realza
especialmente el aspecto legal: Yahvé es el legítimo señor de Israel, porque
rescató a su pueblo de Egipto, eligiéndolo para propiedad suya. Como creador del
mundo es también su legítimo señor, que dispone de él sin limitaciones.
2. Nuevos descubrimientos textuales hacen dudoso el que los autores de los LXX
tradujeran ya con kyrios el
tetragrámaton divino. Los manuscritos más antiguos de los LXX de que ahora
disponemos (fragmentos) escriben
incluso en los primeros siglos de la época cristiana. (Un manuscrito de los LXX
de la comunidad de Qumrán
traduce el tetragrámaton por IAQ [IAO]). Basándose en estos ejemplos se ha
defendido la tesis de que el empleo
constante de kyrios en vez del tetragrámaton en el texto de los LXX es obra,
ante todo, de copistas cristianos del
texto (Kahle, The Cairo Geniza, 222). Pero cuando el texto bíblico griego se
leía en reuniones, incluso los judíos
leían el tetragrámaton como kyrios.
(/ciip/oc) Señor
3. En la literatura judía ya tardía kyrios aparece por primera vez para designar
al Dios de Israel en Sab (27
veces) y luego, ante todo, en Filón de Alejandría y Josefo. Parece que Filón no
sabía que kyrios era traducción del tetragrámaton, porque para él el término
théos, Dios, recuerda el «poder misericordioso» de Dios, mientras que kyrios
indica su «poder regio» (así en Som. I, 163). Puesto que las pruebas
documentales egipcias y sirias más antiguas en pro de la designación de dioses
como kyrioi, señores, son del s. I a. C, la traducción del tetragrámaton por
kyrios debe de relacionarse con esta terminología extrajudía. Por este tiempo
hay manuscritos bíblicos hebreos de los esenios de Qumrán que escribían el
hebreo 'adonay, señor en lugar del tetragrámaton (algunos fragmentos de las
cuevas hacen resaltar el tetragrámaton poniéndolo en escritura hebrea antigua,
mientras que todo lo demás del texto viene en escritura cuadrada). Los textos no
bíblicos de Qumrán nos muestran que 'adonay se usa, ante todo, en las fórmulas
oracionales de tratamiento, por lo que aparece espec. en contextos litúrgicos
(1QM 12, 8.18;
1QH passim; lQSb; 1Q 34; 4QDib Ham).
4. En el rollo arameo del llamado apócrifo del Génesis (lQGenAp) se invoca a
Dios llamándolo man, mi
señor. Prescindiendo de este ejemplo no vuelve a aparecer en arameo esta
invocación. En el mismo texto se usa una vez al dirigirse una mujer a su marido.
Por lo demás, en arameo se llama mar, señor (con sufijos personales) sólo a una
personalidad con una autoridad especial, ante todo, jurídica o docente (Schulz,
134 ss).
III De las 718
veces en que se usa kyrios en el NT, la mayoría de ellas aparecen en
los escritos lucanos (210) y en las cartas paulinas (275). Esta frecuencia se
explica por el
marco vital griego y el terreno lingüístico helenístico en que se mueven los
destinatarios
de los escritos de Lucas y Pablo. En cambio, el evangelio de Marcos
profundamente
enraizado en la tradición judeocristiana, emplea el título de kyrios sólo 18
veces, y esto
casi siempre tratándose de citas. Los demás pasajes en los que se emplea kyrios
se
reparten por los restantes escritos neotestamentarios: en Mt 80 veces, en Jn 52,
en Heb 16,
en Sant 14 veces, en 2 Pe otras tantas y en Ap 23 veces. Al uso tan repetido de
los LXX
corresponde el que el término kyrios sea uno de los más frecuentes también en el
NT.
1. El uso profano de kyrios
El kyrios se contrapone al -> esclavo (Mt 10,24 s; 18, 25.27; 25,19; Le 12, 36
s.46; Ef 6,
5.9; Col 3, 22). Kyrios designa al dueño (Me 12, 9; Le 19, 33; Mt 15, 27; Gal
4,1), al patrono
(Le 16, 3.5). Como kyrios, es decir, superior, aparece el marido frente a su
mujer (1 Pe 3, 6;
cf. LXX Gn 18, 12). A influjo semítico (palestino) se debe el que kyrios se vea
determinado
por un genitivo (Me 12, 9; Le 10, 2 y passim). Kyrios al dirigirse como
tratamiento a uno
puede resaltar la autoridad que posee sobre el subordinado, pero también puede
ser una
mera cortesía (Mt 18, 21 s; 25, 20 ss; 27, 63; Le 13, 8; Jn 12, 21; 20, 15; Hech
16, 30).
También se encuentra al dirigirse a ángeles (Hech 10, 4; Ap 7, 14) y al ser
celeste
desconocido que se aparece ante Damasco (Hech 9, 5; 22, 8.10; 26, 15). Dos
kyrios
seguidos corresponden al uso semítico (Mt 7, 21 s; 25, 11; Le 6, 46). A esta
influencia se
debe igualmente el empleo del nominativo con artículo en vez del vocativo (Jn
20, 28; Ap
4,11), así como agregar un sustantivo en genitivo en lugar de un adjetivo (1 Cor
2, 8; 2 Tes
3, 16).
2. Dios como el kyrios
Siguiendo la terminología de la sinagoga helenística, a Dios se le llama
frecuentemente
kyrios, sobre todo en las numerosas citas del AT en las que kyrios sustituye a
Yahvé,
pues, según se estilaba, al leer había que pronunciar kyrios en lugar del
tetragrámaton
(Rom 4, 8; 9, 28 s; 10, 16; 11, 3.34; 14, 11; 15, 11; 1 Cor 3,"20; 14, 21 y
passim). Es frecuente
kyrios para designar a Dios en el evangelio lucano de la infancia (Le 1, 32; 2,
9 y passim).
A influjo de la terminología del AT se debe el que a una palabra se le junte el
kyrios en
genitivo: la mano del kyrios (Le 1, 66; Hech 11, 21), el ángel del kyrios (Mt 1,
20; 2, 13; 28,
2; Le 1, 11; 2, 9; Hech 5, 19; 8, 26; 12, 7), el nombre del kyrios (Sant5,
10.14), el espíritu del
kyrios (Hech 5, 9; 8, 39), la palabra del kyrios (Hech 8, 25; 12, 24; 13, 48 s;
15, 35 s).
Veterotestamentaria es también la fórmula «lo dice el kyrios» (Rom 12, 19; 2 Cor
6, 17;
Señor (Kvpioq)
206
Ap 1, 8). El autor del Ap agrega a veces a la fórmula del AT KÚpiog ó 9EÓQ [kyrios
ho
theós] un nccvTOKpáxcop [pantokrátór], omnipotente, que refuerza y da solemnidad
(Ap
1, 8; 4, 8; 11, 17; 16, 7; 19, 6; 21, 22). La fórmula ó KÓpioc Kai ó SEO? r\pü\
[ho kyrios kaího
theós hemón], nuestro señor y Dios (Ap 4, 11; cf. Jn 20, 28) hace pensar en el
título que a
sí mismo se daba Domiciliano. Son raras las fórmulas litúrgicas de Ap 11,15; 22,
6. Jesús
se acomoda al estilo rabínico (ribbonó sel 'olam, en arameo: mare 'áTma, señor
del
mundo), cuando invoca a Dios Padre llamándole «kyrios del cielo y de la tierra»
(Mt 11,
25; Le 10, 21). Dios es el kyrios de la cosecha (escatológica: Mt 9, 38). Dios
es el único
soberano, el rey de reyes y el kyrios de los señores (cf. Dn 2, 47), que hará
aparecer a
nuestro kyrios Jesucristo (1 Tim 6, 15). Dios es creador y, en cuanto tal, es
señor del
universo (Hech 17, 24). Al llamar el NT a Dios kyrios y al profesar que lo es,
con esto lo
que hace es expresar así de un modo especial su fuerza creadora, su poder sobre
la
historia y su legítimo y universal señorío sobre el universo.
3. Jesús como el kyrios
a) El Jesús terreno como kyrios
En primer lugar, la designación de Jesús como kyrios corresponde al tratamiento
que
al Jesús terreno, como a otras personas, se le daba. Esta manera de dirigir a él
debe
remitir al título de rabbi (quizás también a mñri, mará): compárese Me 9, 5 (pafífií
[rabbi]) con Le 9, 33 (éniaxixa [epistáta], señor) y Mt 17, 4 (kyrie; cf. Jn 4,
14 s; 5, 7; 6,
34; 13, 6 y passim). Este tratamiento implica también el reconocimiento de Jesús
como
señor, así como la disposición de obedecerle (Mt 7, 21; 21, 29 ss; Le 6,46). En
cuanto hijo
del hombre (-> hijo de Dios, art. víóq XOV ávüpámov [hyiós toü anthrópou] )
Jesús es, al
mismo tiempo, kyrios del sábado, es decir, está por encima y dispone del día
santo del
pueblo de Dios (Me 2, 28 s). Lo que el Jesús terreno dijo tiene autoridad
incuestionable
para la comunidad incluso después de su muerte y resurrección: Pablo se apoya
en
palabras del kyrios, que dan respuesta definitiva a una cuestión (1 Cor
7,10.12.25; 1 Tes 4,
15; cf. Hech 11, 16; 20, 35).
b) El Jesús exaltado como kyrios
La invocación con carácter de profesión de fe: KÚpiog 'InaoSg [kyrios ¡esoús],
Jesús
(es) señor, cuyo ambiente hay que situarlo en el culto, proviene, sin duda, de
la
comunidad helenística prepaulina. Esta profesión de fe es una de las más
antiguas, si no la
más antigua de las profesiones cristianas. Con esta aclamación la comunidad
neotestamentaria
se somete a su señor, confesando, al mismo tiempo, que es el soberano del
mundo (cosmocrátor; cf. Rom 10,9 a; 1 Cor 12, 3; Flp 2,11); Dios resucitó a
Jesús de entre
los muertos y lo elevó a la dignidad de kyrios universal. Al hacerlo le «dio el
nombre que
sobrepasa a todo nombre» (Flp 2, 9 ss; cf. Is 45, 23 s), es decir, su propio
nombre de señor y,
en consecuencia, el puesto correspondiente a tal nombre. El kyrios exaltado,
Cristo, domina
sobre toda la humanidad (Rom 14, 9). Todas las potestades, todos los seres del
cosmos
doblarán la rodilla ante él, con lo cual se honra a Dios Padre (cf. Ef 1, 20 s;
1 Pe 3, 22).
Esto culmina en la denominación de Cristo como soberano de todos los reyes de la
tierra,
señor de los señores y rey de los reyes (Ap 1, 5; 17, 14; 19, 15 s). De esta
forma Jesucristo
recibe los mismos títulos que Dios (1 Tim 6, 15; cf. Dn 2, 47). Conforme a la fe
judía de
aquel tiempo los distintos sectores del mundo, tanto naturales como históricos,
son
regidos por ángeles. Mas, una vez que Jesús fue exaltado como kyrios, le han
sido
sometidos todos los poderes y éstos tienen que servirle (Col 2, 6.10; Ef 1, 20
s). Cuando
Cristo haya vencido a todos los poderes (1 Cor 15, 25), se someterá él mismo a
Dios
Padre. Es así como alcanza su meta el señorío de Jesús, y Dios será todo en todo
(1 Cor
15, 28): el único Dios y el único kyrios, Jesús, se contraponen a los numerosos
dioses y
señores del mundo gentil (1 Cor 8, 5 s; cf. Ef 4, 5 s). Cf. -> reino.
(Kvpioc) Señor
Fue en Sal 110,1 (cf. Hech 2, 34 ss; Heb 1,13; Mt 22, 24 y passim) donde se
encontró la
prueba de Escritura en apoyo de la exaltación de Jesús y de su rango como señor.
Lo que
los judíos, apoyados en este pasaje escriturístico, esperaban para el futuro
mesiánico
(téngase en cuenta que la explicación mesiánica quedó desplazada largo tiempo en
el
judaismo por su antagonismo con la iglesia), eso mismo se ha hecho presente para
la fe de
los cristianos: el señorío del mesías Jesús está ya aqui; de manera oculta
ejerce ya en el
mundo el poder y el señorío de Dios, y los llevará a plenitud en el futuro
escatológico. La
profesión de Tomás (Jn 20, 28): ó Kvpióg fxoi) Kod ó 9sóg fiov [ho kyrios mou
kai ho theós
mou], señor mío y Dios mío, constituye la coronación y el punto culminante de
esta fe en el
Cristo exaltado. En el puesto que Jesús tiene como señor el cristianismo
primitivo no vio
ataque alguno al monoteísmo, sino su confirmación (1 Cor 8, 6; Ef 4, 5 s; Flp 2,
11). Es
Dios el que exalta a Jesús como señor (Hech 2, 36), haciéndolo eso respecto de
todas las
cosas.
En la medida en que podemos constatarlo, hay que decir que en la época
neotestamentaria
no se reflexionó sobre la relación del Cristo exaltado con Dios Padre, tal y
como lo hará la doctrina eclesiástica posterior. Quizás pueda decirse que en el
NT falta
una doctrina trinitaria desarrollada, pero que se pensó trinitariamente —al
menos en los
estratos más tardíos.
c) Kyrios y eucaristía
Es en el contexto de la -> cena del Señor donde con más frecuencia se habla del
kyrios.
Encontramos las siguientes expresiones prepaulinas en parte: «mesa del kyrios»
(1 Cor
10, 21), «la muerte del/cyn'os»(l Cor 11, 26), «copa del kyrios» (1 Cor 10, 21;
11, 27), «dar
celos al kyrios» (1 Cor 10, 22), «no querer al kyrios» (1 Cor 16, 22), «el
kyrios Jesús la
noche en que iban a entregarlo» (1 Cor 11, 23), «venir del kyrios» (1 Cor 11,
23), «cena del
Señor» (1 Cor 11, 20), «ser juzgado por el kyrios» (1 Cor 11, 32), «tener que
responder del
cuerpo y de la sangre del kyrios» (1 Cor 11, 27). Todas estas formulaciones
muestran que
la eucaristía es el lugar en que la comunidad se somete de manera especial a la
actuación
salvadora del kyrios, participando, tanto de su cuerpo como de su poder.
d) Kyrios y espíritu
En 1 Cor 12, 3 enseña Pablo a la comunidad a distinguir qué cristiano habla en
el
Espíritu santo y cuál no: únicamente estando lleno del Espíritu santo, es como
uno puede
gritar: «Jesús es señor». Quien pertenece a la nueva -> alianza proclamando a
Jesús como
el kyrios, ése pertenece a la esfera del -> espíritu y no al ámbito de la
alianza antigua, y de
la letra, ése se encuentra en la libertad: «Donde hay espíritu del señor hay
libertad» (2 Cor
3, 17).
e) Kyrios en el formulario epistolar
En el saludo inicial (y no en la despedida) de las cartas paulinas se menciona
al «señor
(nuestro) Jesucristo» juntamente con Dios Padre (Rom 1, 7; 1 Cor 1, 3; 2 Cor 1,
3; Gal 1, 3;
Flp 1, 2; 2 Tes 1, 2; 1 Tim 1, 2; 2 Tim 1, 2; Flm 3). La expresión: «la gracia
de nuestro (del)
kyrios Jesucristo esté con vosotros (con vuestro espíritu, con todos vosotros)»
recoge una
tradición prepaulina, que, en definitiva, debe de hundir sus raíces en la cena
del Señor (1
Cor 16, 20; 2 Cor 13, 13; Flm 25 y passim; cf. Ap 22, 17-21). El llamar a Dios
«el Padre de
Jesucristo» quizás proceda de la comunidad cristiana helenística (Rom 15, 6; 2
Cor 1, 3;
11, 31; cf. 1 Pe 1, 3; Ef 1, 3.17; Col 1, 3): la fórmula se introdujo en un
contexto
originariamente judío (como alabanza a Dios). Al único Dios que proclamaba el
judaismo en su fe y que predicaba en su misión a los gentiles, corresponde el
único kyrios
Jesucristo, que se contrapone a los numerosos kyrioi del paganismo, y al que se
reconoce
como mediador de la creación (1 Cor 8, 6). De modo que los misioneros cristianos
invitan
a creer no sólo en Dios Padre, sino también en el kyrios Jesús (Hech 5, 14; 18,
8), cf.
-> uno, art. elq [eís]).
Señor (fcúpiog)
4. El señorío del kyrios
a) La actuación de la comunidad (-• iglesia) ante el kyrios Jesús
La comunidad se encuentra en todas las manifestaciones de su vida ante el kyrios,
que
tiene autoridad y la ejercita respecto de la comunidad (1 Cor 4, 19; 14, 37; 16,
7). Es él
quien la hace crecer (1 Tes 3, 12 s), quien da poder al apóstol (2 Cor 10, 8;
13, 10) y quien
reparte a los cristianos las distintas funciones y condiciones de vida (1 Cor 3,
5; 7, 17; 12,
5). El kyrios concede visiones y revelaciones (2 Cor 12, 1). La vida toda de la
comunidad
lleva la impronta de la pertenencia al kyrios (Rom 14, 8). El cuerpo, o sea, la
totalidad de
la existencia terrena de los cristianos, pertenece al kyrios (1 Cor 6, 13), lo
que excluye la
relación con una prostituta. Es el kyrios quien da a cada uno la medida de la ->
fe (1 Cor
3, 5; 7, 17; Ef 4, 7; cf. Rom 12, 3, donde se dice lo mismo de Dios: «según el
cupo de fe que
Dios haya repartido a cada uno» NB). El es el kyrios de la paz que da -> paz (2
Tes 3,16).
misericordia (2 Tim 2, 16) y comprensión (2 Tim 2, 7). Hasta la relación terrena
amo-
esclavo recibe una nueva perspectiva a partir de la fe en el kyrios: el servicio
fiel para con
los kyrioi terrenos se presta al kyrios de la comunidad (Col 3, 22 ss; cf. 1 Pe
2, 13).
b) Las fórmulas «por» (dii [diá]J y «en» (év [en]) kyrios
La fórmula «por el Señor (nuestro) Jesu(cristo)», que bien puede ser prepaulina,
aparece en los más diversos contextos: agradecimiento (Rom 7, 25; 1 Cor 15, 57),
orgullo
(Rom 5, 11: estar orgulloso de Dios), exhortación (Rom 15, 30; 1 Tes 4, 2). En
todas estas
expresiones se empleó la palabra kyrios para vincular el poder del Señor
exaltado con la
vida de la comunidad y de cada individuo.
Es frecuente, ante todo en Pablo, la expresión «en el Señor» que equivale a év 'Inaov
Xpiaxm [en Iésoü Christó]; en Jesucristo se abrió una puerta a la misión (2 Cor
2, 12),
Pablo testifica y exhorta (Ef 4, 17; 1 Tes 4, 1), está convencido (Rom 14,14;
Gal 5, 10; Flp
2, 24), alguien es recibido (Rom 16, 2; Flp 2, 29), se debe alegrar la comunidad
(Flp 3, 1),
debe mantenerse (Flp 4,1), trabajar (Rom 16,12), saludar (Rom 16,22; 1 Cor
16,19). En el
kyrios uno ha de casarse, o sea, ha de contraer matrimonio cristiano (1 Cor 7,
39), ha de
ser fuerte (Ef 6, 10), caminar (Col 2, 6), recibir un encargo (Col 4, 17). «En
el señor» se
encuentra Pablo prisionero (Ef 4,1), en él se es elegido (Rom 16,13), se es
amado (Rom 16,
8; 1 Cor 4, 17), el trabajo no resulta baldío (1 Cor 15, 58), en él tiene el
cristiano vida
eterna (Rom 6, 23) y la comunidad es luz (Ef 5, 8). Toda la vida actual y futura
se
encuentra determinada por la realidad de Cristo, expresada en esta fórmula:
Pablo y sus
comunidades se encuentran en la presencia y bajo el poder del kyrios.
c) Afirmaciones referentes a la parusía
En la vida presente el cristiano se halla separado del kyrios, ansiando llegar a
él (2 Cor
5, 6.8). Según la escatología paulina, los cristianos que vivan cuando la
parusía serán
arrebatados para ir al encuentro del kyrios (1 Tes 4, 17). De la misma manera
que toda la
vida actual de las comunidades y de cada uno de los cristianos lleva la impronta
del
poder oculto del kyrios, así espera en un futuro la comunidad neotestamentaria
la vuelta
visible de Cristo y la definitiva reunión con el señor de la vida y de la
muerte, puesto que
la comunidad no cree únicamente en el señor presente, sino también en el que ha
de venir.
Se habla del «día del kyrios» (1 Cor 1, 8; 5, 5; 2 Cor 1, 14; 1 Tes 5, 2; 2 Tes
2, 2), de la
«llegada del kyrios» (1 Cor 1, 7; 2 Tes 2, 1), de la «aparición del kyrios» (1
Tim 6, 14).
Otros pasajes hablan de la venida del kyrios, del encuentro con él, de su
cercanía y de su
revelación celeste (1 Cor 4, 5; 1 Tes 4, 16 s; Flp 4, 5; Sant 5, 7 s). Tales
afirmaciones
referentes al kyrios están ligadas al papavaM [maranathá] (-> parusía), grito
escatológico
en la plegaria por parte de la comunidad primitiva arameo-parlante. El exaltado
es el
juez (2 Tes 1, 9; 2, 8) y libertador (Flp 3, 20) precisamente en cuanto que es
el que ha de
venir.
(Kvpioc) Señor
5. Derivados de kyrios
a) Kyría (femenino de kyrios), señora, soberana, dueña, ama. En el NT el
término
aparece solamente en 1 Jn 1, 5 referido a la comunidad: cf. el paso de la 3.a
persona
singular a la 2.a plural en el v. 6; según el v. 13 las comunidades son
«hermanas» entre sí y
sus miembros son los «hijos», cf. vv. 4.13. Al llamar a la comunidad señora, el
autor
expresa la estima que por ella siente y la honra como obra del kyrios.
b) Kyriakós (adjetivo derivado de kyrios), del señor, peteneciente al kyrios. En
el
griego profano aparece: npóz, TÓV KvpizKÓv Áóyov [pros ton kyriakón lógon], a
cuenta del
propietario; como expresión del lenguaje administrativo significa: imperial.
En el NT la KvpiaxY] ñpépa [kyriaké heméra] se refiere al domingo como día en
que
resucitó el kyrios (cf. Mt 28, 1; Hech 20, 7; 1 Cor 16, 2) y que la comunidad
honra
reuniéndose el día del señor. Juan recibió la revelación un «día del señor» (Ap
1, 10). El
KvpiotKÓv ótinvov [kyriakón deípnon] (1 Cor 11, 20) es la comida del kyrios, la
-> eucaristía. La expresión es paralela de xpanela, tcupíov [trápeza kyriou] (1
Cor 10, 21):
quien participa de la cena, se sienta a la mesa del kyrios, recibe de él la
comida, uniéndose
así con él. Y del que participa de las comidas paganas vinculadas a los
sacrificios hay que
decir, en consecuencia, que entra en comunión con los demonios.
c) Kyriótes, señorío, mando. En el NT el término se encuentra
preponderantemente
en plural y se refiere a un grupo de -> ángeles. Lo que se acentúa es que el
Cristo exaltado
domina sobre ellos (Col 1,16; Ef 1, 20 s). En singular aparece kyriótes en Jds
8; 2 Pe 2,10.
Entonces no se piensa en ángeles, sino en el señorio de Dios. Los herejes
desprecian ese
señorío, puesto que no hacen la voluntad de Dios.
d) Kyrieúó, ser kyrios, actuar como señor; estar capacitado para. En los LXX se
emplea más de 50 veces en la mayoría de los casos como traducción de másal,
dominar; en
el NT aparece 7 veces en total, 6 de ellas en Pablo y una en Lucas. Los reyes
dominan
ambiciosamente (Kvpwúovoiv [kyrieúousin]) sobre los pueblos (Le 22, 25),
empleando mal
el poder en provecho propio. Pablo emplea kyrieúó para expresar las relaciones
de poder.
Como Cristo resucitó, la muerte ya no domina sobre él, o sea, ya no tiene poder
alguno
sobre él (Rom 6,9). Jesús murió y resucitó para tener señorío sobre vivos y
muertos (Rom
14, 9). Dios es el señor de los señores (1 Tim 6, 15). Puesto que los cristianos
han sido
bautizados en la muerte de Jesús, siendo resucitados con él (Rom 6, 3 s), el
pecado ya no
debe tener dominio sobre ellos (Rom 6, 14), porque ya no están en régimen de -»
ley (art.
vópoQ [nomos]), sino en régimen de -> gracia, es decir, quedan exentos de la ley
y bajo el
dominio del kyrios, de aquél que ha resucitado y es capaz de hacer participante
de su
propia existencia (cf. Rom 7, 1-6). Pablo no quiere enseñorearse de la fe de los
corintios,
sino ayudar a su alegría (2 Cor 1, 24). Después de que Cristo se ha mostrado
señor sobre
el pecado y la muerte, los cristianos no deben ya dejarse dominar por estos
poderes ni
tienen por qué hacerlo.
e) Katakyrieúó, dominar, vencer, tiranizar. Los LXX utilizan el verbo sobre
todo
para referirse a un dominio extraño; refiriéndose al dominio ejercido por Dios
sólo
aparece en Jer 3, 14. En el NT el término se usa 4 veces. Los príncipes dominan
a los
pueblos: KOLTCC-[kata-] tiene un claro matiz negativo y viene a decir que el
señorío se
ejerce para el provecho de los príncipes y contra los intereses y el bienestar
de los pueblos
(Mt 20, 25; Me 10, 42). A los presbíteros se les exhorta, por el contrario, a
que ejerciten su
ministerio no tiranizando a la comunidad, sino haciéndose modelos del rebaño (1
Re 5,
2s).
H. Bietenhard
Para la praxis pastoral
PARA LA PRAXIS PASTORAL
Quien lea el AT en las traducciones de nuestras Biblias castellanas, tropezará
una y
otra vez con la palabra «Señor», refiriéndose a Dios. Lo que hacen las
traducciones no es
otra cosa que acomodarse a un modo de leer determinado por parte del judaismo;
no se
han guiado por el texto original. En éste se encuentra siempre el nombre propio
de Dios,
Yahvé, con el que se reveló a su pueblo y con el que debía ser invocado (->
nombre). Por
temor a profanar o a faltar al respeto debido al nombre de Dios, el judaismo de
lengua
hebrea no leía «Yahvé», sino «Adonay», que significa «señor». Al ponérsele
vocales al
texto bíblico, se conservaron las consonantes de la palabra Yahvé, pero con las
vocales de
Adonay o las de la palabra aramea s"ma', que quiere decir nombre. De la
vocalización de
Adonay y por ignorancia sobre su origen resultó el nombre híbrido «Yehová o
Jehová»,
un término y un apelativo divino que jamás existió. Los LXX se acomodaron al uso
del
judaismo hebreo y no dijeron Yahvé sino kyrios, señor, con lo que se fue
perdiendo la
noción de que Dios tiene su nombre. Esta traducción del hebreo Yahvé resultó
luego
definitiva para las posteriores traducciones bíblicas.
No hay por qué atacar la traducción de Yahvé por «Señor», mientras la sustancia
bíblica se mantenga en el término «señor», mientras se sea consciente de que,
dondequiera
que se lea «señor», hay que pensar en el Dios viviente. Pero el desarrollo de
nuestro
castellano ha llevado a algo totalmente distinto e imprevisible: no se llama
«señor»
únicamente a Dios, sino que lo propio ocurre con toda clase de superiores y
potentados,
tanto civiles como eclesiásticos, sin dejar de mencionar expresamente eso de
«señor
párroco», nomenclatura que —naturalmente— no tiene que ver absolutamente nada
con
el NT y que valdría la pena que desapareciera del todo. Es indiscutible que el
término
«señor» hace mucho tiempo que perdió su significado originario y la plenitud de
su
sentido. Se nos ha quedado en mera fórmula de cortesía para con cualquiera de
nuestros
contemporáneos, cuando usamos su apellido. El título de «señor» está entre
nosotros tan
desdibujado y ha venido tan a menos como el «don», que todavía ponemos delante
de los
nombres de algunas personas mayores o en las direcciones de las cartas, y que,
como es
sabido, es lo que queda del latín dominus, señor. Es indiscutible que si
cualquiera es señor,
entonces nadie lo es en el sentido originario de la palabra; todos y cada uno
nos creemos
con derechos señoriales sobre todo y sobre todos. El lenguaje ha sufrido en este
punto un
vacío tan brutal de sentido y de sustancia, que irremisiblemente se refleja en
la predicación
de la iglesia. Algo del contenido original de la palabra se ha conservado
todavía en la
forma femenina «señora», la cual, incluso en el lenguaje ordinario, significa
una cosa
distinta a «señor».
Cf. EWiechert, Jerominkinder (citado por FMelzer, Das Wort in den Wórtern, 215):
«Me extraña, Jeromín, el
que losfilósofos atiendan tan poco a estas cosas. Antes sólo uno se llamaba
"señor": Dios. ¿Se puede Vd. imaginar siquiera que se hubiera dicho: "señor
Moisés" o "señor Abraham"? Pero la cosa no se quedó así y se le aplicó primero a
los reyes, luego a los nobles, y hoy hasta el conserje del Alma Mater es
señor... Jeromín, te digo yo que hay demasiados señores en la tierra. Por eso
resulta todo tan señorial que no puede terminar bien».
Hay que tener, pues, muy claro que, cuando en la predicación llamamos a Dios o
a
Cristo el «Señor», al hombre moderno esto ni le va ni le viene. La situación
terminológica
se agrava, cuando a Dios, con un modo de hablar medio o pseudo-religioso, se le
llama
«Señor-Dios». En realidad no se acaba de saber qué concepto de Dios es el que le
sirve de
base. Pero la expresión «Señor-Dios» debe de implicar toda una serie de ideas,
sentimientos
y emociones de tipo religioso o humanístico general, entre los que se hallan
recuerdos
o restos del mensaje cristiano. ¿O se trata de un nuevo ídolo pagano, por el que
cada uno
entiende algo distinto y la mayoría se queda en blanco? Sea como sea ese
«Señor-Dios»
tiene una clara y sospechosa proximidad con el «Baal» del AT, y «Baal» significa
también
«señor». Al desprestigio de la idea bíblica de «señor» ha contribuido, y no en
último
lugar, la expresión cristiana «Señor Jesús», aparentemente tan piadosa. De
hecho, bien
poco es lo que deja traslucir del contenido de la profesión neotestamentaria
«Jesucristo es
Señor». ¿No se nos ha quedado en mera palabrería de aparente confianza, falta de
fuerza,
dulzona y sentimentalista, que echa para atrás a quienes buscan seriamente y aun
a los
simples observadores?
Con todo, no hay duda de que el papel de la predicación es hacer asequible el
contenido biblico de ese llamar «Señor» a Dios o a Cristo: hay que hacer ver al
Dios que
en Jesucristo se revela como creador, soberano, juez y como aquél que lleva el
mundo, la
humanidad y la historia a su plenitud. Hay que presentar con claridad a
Jesucristo, el que
murió en la cruz y resucitó, como señor de su comunidad, que, con ojos
llameantes y
saliendo de su boca una espada aguda de dos filos (Ap 1, 14 s), le sale al
encuentro
mandando, juzgando y consolando. Hay que presentar a Cristo como soberano sobre
todos los poderes visibles e invisibles de la creación; a Cristo como el que
vuelve, como
quien perfecciona a su comunidad en el amor y como quien remata también el plan
salvífico de Dios para con el mundo. Consiguió este derecho de ser señor,
entregándose
hasta la muerte de cruz. En él es en quien vemos lo que verdaderamente es y
significa
«señor»: el señor como siervo y servidor de todos (Me 10, 45; Flp 2, 5-11).
Cuando
llamamos señor sea a Dios sea a Cristo, o cuando le damos cualquier otro título
de
majestad, lo importante es encontrar una terminología por la que se vea bien que
le
tributamos honor, que lo reconocemos como aquél de quien nuestra vida y la vida
del
mundo recibe su validez y legitimación. El nombre de señor establece una
relación,
fundamenta una vinculación y un compromiso entre el que honra y el honrado. La
predicación tiene que intentar por todos los medios posibles mostrar con toda
claridad
esta diferencia entre ambos, sirviéndose de expresiones nuevas también, y no dar
la
impresión de que se trata de una relación de mera camaradería.
Realzando estas líneas bíblicas, se aclaran los campos y se constata la
diferencia frente
a todo lo que hoy se nos presenta como «señor», es decir, frente a cuanto viene
con
pretensiones de ejercer un caudillaje y de disponer de los hombres:
pensamientos, ideas,
ideologías, filosofías, programas de partidos, empresas multinacionales y
tecnocracia, los
«ismos» de todo tipo y procedencia, que se presentan como medios de hacerse con
la
vida, sin dejar de mencionar los «líderes» políticos de toda especie, que surgen
con
promesas salvadoras. Todo esto hay que presentarlo, hay que desenmascarar su
carácter
caduco. Un peligro especial es el de las pretensiones de poderes impersonales y
suprapersonales.
Todo esto lleva en sí la tentación de la idolatría, cuando pretende hacerse
pasar
por algo absoluto y definitivo, embaucando al hombre con la promesa de
atribuirle y
darle más poder y posibilidades de lo que cabe, o sea, de hacerle más «señor»,
si todo el
poder de cielo y tierra está concentrado en una sola mano.