EVANGELIO

La profecía de Isaías, que hablaba de una luz aportada por el Mesías es referida por el evangelista a cosas muy concretas e inmediatas: la proclamación del Evangelio del Reino, hecha por Jesús iba acompañada de gestos operativos de liberación: curación de las enfermedades y dolencias del pueblo.

Bendecimos a Dios porque hemos sido liberados de nuestra «tierra y sombras de muerte» y vivimos la realidad plena y luminosa de la salvación que nos ha adquirido Cristo. Su palabra es gracia, es llamada, es liberación de todos nuestros enredos y dolencias.


El texto entre [ ] puede omitirse por razones pastorales.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 4,12-23.

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías:

«País de Zabulón y país de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra
y sombras de muerte,
una luz les brilló.»

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:

-Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.

[Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores.

Les dijo:

-Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.]