SAN
AGUSTÍN COMENTA LA SEGUNDA LECTURA
1 Cor 1,10-13.17: Un único bautismo, el de Cristo, y muchos servidores
De haber querido, nuestro Señor Jesucristo hubiera podido conferir a un siervo suyo la potestad de otorgar su bautismo en vez de él, transmitir el poder de bautizar e investir de esa potestad a alguno de sus siervos y otorgar a ese bautismo, transmitido al siervo, la misma eficacia del bautismo conferido por el Señor. Mas no quiso esto, con el fin de que los bautizados pusieran su esperanza en aquel por quien sabían que habían sido bautizados. No quiso, pues, que el siervo pusiese su esperanza en un siervo. Por esa razón levantaba su voz el Apóstol cuando veía que había hombres que querían poner en él su esperanza: ¿Acaso fue crucificado Pablo por vosotros, o habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? (1 Cor 1,13). Pablo, pues, había bautizado como ministro, no como teniendo autoridad propia. Sólo el Señor bautizó con potestad propia.
Prestad atención. El Señor pudo haber conferido esa potestad a sus siervos, pero no quiso. Si hubiese dado a sus siervos esa potestad, es decir, que fuese propio de ellos lo que era propio del Señor, habría tantos bautismos como siervos, y al igual que se habla del bautismo de Juan, se hablaría del de Pedro, del de Pablo, del de Santiago, Tomás, Mateo, Bartolomé. Pero quizá alguien oponga resistencia y diga: Demuéstranos que aquel bautismo fue llamado bautismo de Juan. Lo probaré con las mismas palabras de la Verdad, cuando preguntó a los judíos: ¿El bautismo de Juan de dónde viene, de Dios o de los hombres? (Mt 21,25). Luego, para que no haya tantos bautismos cuantos son los siervos que bautizan en virtud del poder recibido del Señor, el Señor se reservó la potestad de bautizar, confiando a los siervos el ministerio. El siervo dice verdad cuando afirma que bautiza. De hecho, así dice el Apóstol: Bauticé también a la casa de Estefanía (1 Cor 1,16), pero como ministro. Supongamos que uno de los que han recibido el ministerio es malo. Aunque los hombres no lo sepan, Dios lo sabe; y con todo, Dios permite el bautismo por medio de él, reservándose la potestad.
Comentarios sobré el evangelio de San Juan 5,7
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