SAN AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO

Mt 4,12-23: Mucho dejó quien no sólo dejó lo que poseía, sino también lo que deseaba poseer

Allí anidarán los pájaros. La casa de la gallina de río es guía para ellos (Sal 103,17). ¿Dónde anidarán los pájaros? En los cedros del Líbano. Ya hemos oído qué son los cedros del Líbano: los nobles del mundo, los preclaros por su linaje, riquezas u honores. También esos cedros se sacian, pero los que plantó el Señor. En ellos anidarán los pájaros. ¿Quiénes son los pájaros? A decir verdad, son pájaros las aves y los animales que vuelan por el cielo; pero se suelen llamar pájaros a los voladores pequeños. Hay, pues, ciertos espirituales que anidan en los cedros del Líbano; es decir, hay ciertos siervos de Dios que escuchan las palabras del evangelio: Deja todas tus cosas, o vende todos tus bienes y dalos a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; y ven y sígueme (Mt 19,21).

Esto lo oyeron no sólo los grandes; lo han escuchado también los pequeños; y también los pequeños quisieron cumplirlo y hacerse espirituales: no se unen en matrimonio, no se consumen con la preocupación de los hijos, no tienen morada propia que les ligue, sino que eligen una forma de vida común. Pero ¿qué abandonaron estos pájaros? En efecto, los pájaros parecen los seres más pequeños del mundo. ¿Qué abandonaron? ¿Qué dejaron que fuera grande? Un hombre se convirtió, dejó la pobre casa paterna, apenas un lecho y un arca. Pero se convirtió, se hizo pájaro, buscó los bienes espirituales. Bien, muy bien; no le insultemos ni le digamos: «No has abandonado nada». Sabemos que Pedro era pescador; cuando siguió al Señor, ¿qué pudo abandonar? Dígase lo mismo de su hermano Andrés, de los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, también ellos eran pescadores (Mt 4,18.21).

Y, con todo, ¿qué le dijeron? He aquí que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido (Mt 19,27). El Señor no les replicó: «¿Has olvidado tu pobreza? ¿Qué dejaste a cambio de recibir el mundo entero?». Mucho dejó, hermanos míos, mucho dejó, quien no sólo dejó lo que poseía, sino también todo lo que deseaba poseer. ¿Qué pobre, en efecto, no se exalta con sus esperanzas mundanas? ¿Quién no desea a diario aumentar lo que posee? Tal ambición ha sido cortada: crecía desmesuradamente y se la ha contenido dentro de unos límites, ¿y no ha dejado nada? En verdad, Pedro dejó el mundo entero y el mundo entero recibió. Como quien nada tiene y lo posee todo (2 Cor 5,10). Son muchos los que lo hacen; lo hacen quienes tienen poco, y vienen y se convierten en pájaros útiles. Parecen pequeños porque no poseen la altura de las dignidades seculares, pero hacen sus nidos en los cedros del Líbano.

Mas he aquí que también los cedros del Líbano, los nobles y los ricos y los encumbrados en este mundo oyen con temor: Dichoso quien mira por el necesitado y el pobre (Sal 40,2); ponen la mirada en sus bienes, sus posesiones, todas sus riquezas superfluas que les hacen parecer encumbrados y las entregan a los siervos de Dios: donan campos, donan huertos, edifican iglesias, monasterios, recogen pájaros, para que éstos aniden en los cedros del Líbano. Así, pues, se sacian los cedros del Libano que plantó el Señor y en ellos anidan los pájaros. Echad una mirada a la tierra entera y ved si no es así. Al decir todo esto, no me guiaba sólo por lo oído sino también por lo visto: la experiencia me lo ha hecho comprender. Preguntad a las extensas fincas que poseéis y considerad en cuántos cedros del Líbano anidan aquellos pájaros de que he hablado.

Comentario al salmo 103 111,16