SEGUNDA LECTURA

La fornicación, sobre todo como se practicaba en tiempos de San Pablo, es un capítulo de la explotación del hombre por el hombre. El cuerpo cristiano está consagrado al Señor; por eso comerciar con él es un doble pecado: contra la dignidad humana y contra la representación divina. Esto tendría que aplicarse a todo tipo de explotación humana.


 

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 6,13c-15a. 17-20.

Hermanos:

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo.

Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros.

¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?

El que se une al Señor es un espíritu con él.

Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre, queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica, peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios.

No os poseáis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros.

Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!