PRIMERA LECTURA
Profeta es el que siente la fuerza de Dios como palabra que ha de comunicar. Es alocución divina al mundo. Samuel fue portador de la palabra en un momento de crisis de su pueblo: el de la adaptación a una nueva existencia. Era un hombre de Dios, y su pueblo lo reconoció como testigo. No buscó él la palabra, sino que la palabra lo buscó a él, y lo encontró abierto, receptivo, vigilante. Por eso fue su mensajero.
Lectura del primer Libro de Samuel 3,3b-10. 19.
En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel y él respondió:
Aquí estoy.
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
Aquí estoy; vengo porque me has llamado.
Respondió Elí:
No te he llamado; vuelve a acostarte.
Samuel volvió a acostarse.
Volvió a llamar el Señor a Samuel.
El se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo:
Aquí estoy, vengo porque me has llamado.
Respondió Elí:
No te he llamado, vuelve a acostarte.
Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor.
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel y él se fue a donde estaba Elí y le dijo:
Aquí estoy; vengo porque me has llamado.
Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho y dijo a Samuel
Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha.»
Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes:
¡Samuel, Samuel!
El respondió:
Habla, Señor, que tu siervo te escucha.
Samuel crecía, Dios estaba con él, y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.
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