NOTAS SOBRE EL DOMINGO DE RAMOS

1.

- UNA CELEBRACIÓN ESPECIAL: PERO UNA EUCARISTÍA DOMINICAL

La de hoy es una celebración especial, pero no demasiado. Es una Eucaristía dominical en la que se subrayan dos momentos: la procesión de entrada y la proclamación de la Pasión.

La procesión, con cantos en honor de Cristo que empieza su subida a la Cruz, es ya la entrada de la misa (aunque el Misal ponga el título de "Misa" para lo que sucede en la iglesia). En cada Eucaristía acompañamos con el canto la entrada del presidente, representante de Cristo, el auténtico Presidente y Sacerdote de la comunidad. Hoy, de manera especial, el sacerdote visibiliza al Cristo que entra en Jerusalén, dispuesto a dar cumplimiento pleno a su misión. Todo está centrado en Cristo. Lo aclamamos en tono de victoria: él entra en su semana decisiva como el Siervo que se entrega, pero la terminará resucitado por el Espíritu a una nueva existencia. Hoy, caminando de un lugar a otro, mostramos que también nosotros le seguimos y nos dirigimos a la Pascua con él.

En la celebración de la Palabra, la nota especial es la Pasión, este año según Mateo. Su proclamación hay que cuidarla muy bien. Se trata de que el mensaje de estas páginas dramáticas llegue en las mejores condiciones posibles a todos los fieles y en todas las misas. Si parece que favorecerá la escucha más atenta, se puede invitar a la comunidad a que se siente. Del mismo modo, si va a ayudar a asimilar la mejor, se pueden intercalar unas breves aclamaciones cantadas.

En esta Semana Santa tenemos que preparar con un cuidado mayor las celebraciones: los ministerios, el repertorio de cantos, los varios ritos que van a ser especiales y también los que son los de siempre, pero que en estos días tienen particular sentido.

- EL SIERVO DE DIOS SE ENTREGA POR TODOS

Las lecturas nos centran en el modelo del camino pascual, CristoJesús, que va a pasar, a través de la muerte, a la nueva vida: el Siervo de Yahvé, solidario con sus hermanos, que se entrega hasta la muerte, y así salva a toda la comunidad.

La 1a lectura nos hace escuchar el tercer canto del Siervo de Yahvé. Sin detenernos mucho en la exégesis de este poema, debemos hacer ver las actitudes del Siervo que anuncia Isaías y que cumple perfectamente Jesús: las dificultades, persecución, golpes e insultos que encontrará en su camino, y su confianza en Dios, que le permite ser fiel hasta el final. Para que aprendamos también nosotros y tengamos ánimos: "Ofrecí la espalda a los que me golpeaban... para saber decir al abatido una palabra de aliento". En la 2a lectura, san Pablo nos presenta con otro "himno" cómo Cristo ha bajado, en su solidaridad con nosotros, hasta la renuncia total y la humillación de la muerte (movimiento descendente), pero ha sido elevado por el Padre hasta la gloria (movimiento ascendente). Pascua significa eso: el "paso" por la muerte a la vida. Pablo nos lo dice para animarnos a que nuestro programa de vida sea el mismo que el de Jesús.

El evangelio de Mateo es la cumbre del mensaje de hoy: la comunidad escucha una vez más, desde la fe y la admiración, el camino que ha seguido Jesús a la cruz y a la resurrección. Un camino serio, solidario, prototipo de todo el dolor de la humanidad y también del estilo con que Dios ha asumido nuestro mal y nos ha querido salvar por el perdón y el amor. Volveremos a escuchar la Pasión -esta vez según Juan-, el Viernes, el primer día del Triduo Pascual.

- ACOMPAÑAR A CRISTO EN SU PASCUA

Las tres lecturas nos muestran la seriedad del dolor de Cristo, y de su aceptación de la cruz. El salmo nos ha hecho decir juntamente con él: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?", expresión dramática de la soledad y del dolor de un moribundo que se siente olvidado incluso por Dios. Cristo se ha solidarizado con nuestra condición humana hasta la profundidad de la misma muerte.

Pero en las tres hay también un tono de esperanza. El Siervo se siente apoyado por Dios: "Mi Señor me ayudaba... y sé que no quedaré avergonzado". En el poema de Pablo se asegura: "Dios lo levantó sobre todo...". La pasión que leemos tendrá su complemento en la gozosa proclamación del evangelio en la Vigilia Pascual, en la noche del 3 al 4 de abril.

Tres aclamaciones marcan esta semana: desde el "hosanna" de hoy, pasando por el "crucifícale", hasta el gozoso "aleluya, ha resucitado" de la noche pascual. Tres palabras que retratan el camino de Jesús y que nos dan ánimos a nosotros para el nuestro. Acompañar a Cristo en su Semana Santa supone los dos aspectos: la muerte y la resurrección, el dolor y la alegría, la entrega y el premio. Somos invitados, desde hoy, no sólo a meditar y orar este misterio de la Pascua, sino a vivirla en nuestra existencia, aceptando con fidelidad lo que pueda comportarnos de esfuerzo el ser cristianos y alimentando una confianza absoluta en el Dios que es Padre lleno de amor, y cuyo última palabra no es la muerte, sino la vida, como en Jesús. Si le acompañamos a la cruz, también seremos partícipes de su nueva vida de Resucitado.

J. ALDAZÁBAL
MISA DOMINICAL 1999, 5, 7-8


2.

No habría que considerar a la procesión y a la Misa como dos celebraciones sucesivas, una más festiva y otra más contenida y triste. Son una única celebración, una Eucaristía: una Eucaristía dominical, que en este día de "entrada" en la última semana de Cuaresma y en la inminencia de los días del Triduo Pascual, que empezará el jueves por la noche, tiene dos particularidades. (En el Misal hubiera sido tal vez mejor que no se hubiera reservado la palabra "Misa" para lo que sucede dentro de la iglesia: la procesión es ya Misa, precisamente su rito de entrada). 

La primera característica especial es la procesión más o menos solemne. Así como en cada Eucaristía acompañamos con nuestro canto la entrada del presidente (representante de Cristo), hoy subrayamos de un modo especial la entrada de Jesús en Jerusalén, como Mesías y Siervo dispuesto a dar cumplimiento a su misión: el gran misterio de su muerte y resurrección. La procesión de hoy está centrada en Cristo. Lo principal es nuestra actitud de alabanza entusiasta en ese Jesús que camina a la cruz y a la salvación de la humanidad. Caminando de un lugar a otro -también nosotros nos dirigimos a la Pascua con Él- entonamos nuestros mejores cantos de gloria al Salvador de todos. Las palmas en la mano son un símbolo de esta alabanza.

Sigue después la celebración con su liturgia de la Palabra, en la que la nota especial es la proclamación de la Pasión. Es un momento que hay que cuidar bien pastoralmente. Se trata de que el mensaje de estas páginas dramáticas llegue en las mejores condiciones posibles a todos los fieles, y eso en todas las Misas, no sólo en aquellas en las que ha habido procesión. La proclamación se puede hacer dialogada entre tres lectores, o bien -y a veces resulta menos distraída y más concentrada- por uno solo, el presidente, si la hace bien, destacando el diálogo y el relato en sus tonos de voz. Este es un día en que las escenificaciones y los apoyos visuales deberían ceder a la actitud de escucha (sentada la comunidad, para facilitar más esta actitud). 

Las aclamaciones intercaladas, si se decide cantarlas, pueden dar fuerza a los diversos momentos o "secuencias" del relato. -El Siervo de Dios que se entrega por todos Las lecturas de hoy nos centran en el gran modelo del camino pascual, Cristo Jesús. Hoy no tenemos simbolismos bautismales y morales. El mensaje único es Cristo que va través de la muerte a la Nueva Vida: el Siervo de Yahvé, solidario con sus hermanos, que se entrega hasta la muerte, y así salva a toda la comunidad. 

La primera lectura nos ha hecho escuchar el tercer canto de Siervo de Yahvé (los otros tres los escuchamos estos días: sobre todo el cuarto el Viernes Santo). No se trata de dar una lección exegética sobre esta figura del Siervo: pero sí hacer ver sus actitudes características (dificultades, persecución, golpes e insultos, y su confianza en Dios, que le permite ser fiel hasta el final), y su cumplimiento pleno en Cristo Jesús. Los diversos momentos de la Historia de la Salvación que hemos ido contemplando en las primeras lecturas de estos domingos culminan en el Siervo. 

En la segunda lectura Pablo nos presenta con un "himno" cómo Cristo ha bajado, en su solidaridad con nosotros, hasta la renuncia total y la humillación de la muerte (movimiento descendente), pero ha sido elevado por el Padre hasta la gloria (movimiento ascendente), completando así los dos aspectos de la única "Pascua=Paso". Estamos en el corazón mismo de la fe cristiana. Y Pablo trae este himno para animarnos a que nuestros sentimientos sean los mismos que los de Cristo Jesús. 

El evangelio es la cumbre del mensaje de hoy: la comunidad escucha una vez más, desde la fe y la admiración, el camino que ha seguido Jesús a la Cruz y la resurrección. Un camino serio, solidario, prototipo de todo el dolor de la humanidad, y también del estilo con que Dios nos salva y la respuesta que ha dado a su Hijo en su entrega total. Ya es el prólogo de la Pasión que volveremos a escuchar el viernes, el primer día del "triduo" pascual. 

Tres aclamaciones marcarán esta semana: desde el "hosanna", pasando por el "crucifícale", hasta el gozoso "aleluya, ha resucitado" de la noche pascual. 

-Invitación a vivir la Pascua en serio 

Hay días en que la homilía queda todavía más relativizada por la importancia de las lecturas a las que "sirve" y "obedece". Hoy la homilía, que tendría que ser más breve, adquiere un tono de contemplación. El mensaje de las tres lecturas es tan denso que lo mejor es no distraer a la comunidad con derivaciones extrañas, de orden erudito o moral. Lo que más hay que cuidar es que suene bien este mensaje en las tres lecturas (hoy sí que hay que escoger bien los lectores y asegurarse de la megafonía). Y si alguna aplicación aparece coherente, es recomendar a todos a que participen en los días sucesivos en las varias celebraciones, desde la Reconciliación penitencial hasta la Vigilia pascual. No se trata de anunciar horarios -eso se debe hacer con los oportunos medios de hojas y folletos- sino de poner de relieve la importancia significativa que tiene el que los cristianos participemos en las celebraciones del Triduo Pascual, sobre todo en la Vigilia Pascual, la más importante de todo el año. Para que celebrando la Pascua -muerte y resurrección- de Cristo ya desde hoy, entremos también nosotros en ella y sea también Pascua nuestra: muerte a lo viejo, novedad de vida, liberación profunda, vida pascual según el estilo de Cristo. 

J. ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1987, nº 8


3.

LA CELEBRACIÓN

I. El contenido de la celebración. Hoy celebramos una Eucaristía marcada por dos peculiaridades: por una parte, la aclamación a Jesucristo, que empieza su misterio pascual y al que nosotros reconocemos ya como Señor; por otra, la contemplación del camino de este Señor que aclamamos, un camino que es de dolor y de abandono, el camino de la cruz. De hecho, pues, podríamos decir que hoy contemplamos la pasión del Señor con la fe de los que creemos en su resurrección.

II. Las asambleas masivas de hoy. En las misas del mediodía de hoy, los asistentes que se reúnen acostumbran a ser en buena parte gente que no asistirán a ningún acto de la Semana Santa.

Este hecho puede ser una invitación a convertir la bendición, la procesión y la misma misa en un acto de anuncio y proclamación de lo que creemos los cristianos: seguimos a Jesucristo, porque creemos que de su muerte, su entrega, nace la Vida. Estas celebraciones más masivas es preciso que tengan, más bien, un tono popular, con cantos vibrantes y conocidos, sin pretensión de muchos silencios, asegurando mucho la megafonía y la buena lectura (lo mismo en la bendición que en la lectura de la pasión)...

III. Las asambleas de asistentes habituales. Algunas misas de este día (las vespertinas del sábado y domingo, las del domingo a primera hora de la mañana) tendrán, a diferencia de las otras, una asamblea más habitual, de gente que ha ido siguiendo el camino de la Cuaresma y que ahora vivirá los próximos días santos con intensidad. Convendría evitar que, ocupados por el atolondramiento de las misas masivas, estas misas de gente más habitual quedasen poco preparadas. Cuando podría ser precisamente al revés: vivir, en estas misas, todos los ritos del día (incluyendo la entrada solemne con los ramos), con una profundidad que en las misas masivas no será tan posible.

IV. Dejar hablar a la Palabra. Hoy, todos los elementos de la celebración, si se hacen bien y adaptados al tipo de asamblea, resultan más expresivos que muchas reflexiones muy elaboradas.

Para ello hay que procurar una buena realización de la celebración . En la bendición, en la procesión, en la Liturgia de la Palabra. Concretamente, en la Palabra, es preciso atender especialmente dos elementos: el salmo responsorial (Hay que aprender la música del "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" que resonará en el evangelio, y no sustituirlo por otra antífona; e intentar cantar las estrofas del salmo), y la lectura de la Pasión (con tres lectores con el texto fotocopiado para cada uno, con una aclamación a Jesucristo antes de comenzar, con interrupciones con breves antífonas, haciendo sentarse a la asamblea antes, por ejemplo, de "El primer día de los ázimos" y haciendo que se levante desde "Y llevaron a Jesús al Gólgota" hasta el final, y acabando la lectura con el canto de la antífona "Victoria"; si no se sabe otra, puede cantarse también el "Victoria" antes de comenzar la lectura).

LA HOMILÍA

Precisamente porque hoy hablan muy claro los signos y la Palabra, la homilía tendrá que ser sobre todo "interpretativa", y no irse por las ramas en temas que salen de lo que es central. Y tendrá que ser también, desde luego, breve.

I. Mirar los gestos y las palabras. Una homilía posible hoy sería repasar (¡brevemente!) los gestos y las palabras que hemos vivido y escuchado y los que viviremos en la segunda parte de la misa.

Hemos aclamado al Señor uniéndonos a una gente débil como nosotros que no será capaz de mantener la adhesión a él a la hora de la verdad; hemos visto a Jesús entrando como Señor victorioso pero de la manera más poco "guerrera" imaginable, montado en un pollino; hemos escuchado un anuncio profético que nos habla de un Siervo con unas actitudes dignas de ser reflexionadas (se pueden repasar brevemente); hemos oído cómo Pablo nos explicaba aquello que es central en nuestra fe, la fidelidad de Jesús hasta anonadarse, hasta morir en la cruz, y cómo esta fidelidad hace que él sea para nosotros el único camino, y viva ahora victorioso para siempre; hemos escuchado, finalmente, con emoción, el relato tan detallado de los últimos momentos de Jesús, la culminación de su amor, hasta aceptar el sentirse abandonado del mismo Dios, y nos hemos quedado contemplando, con las mujeres, el sepulcro, llenos de una confusa y difícil esperanza. Y ahora celebraremos la eucaristía. Se nos hará presente Jesús.

Será la afirmación de la fe en la espera de celebrar, con toda la alegría, la Eucaristía de Pascua.

JOSÉ LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1988, 7


4.

Tal vez fuera oportuno no abundar hoy en palabras y dejar sitio a la Palabra. Pasear primero el signo profético de palmas y ramos: Este hombre que "sube a Jerusalén" es el Señor. Que nadie sienta derrumbarse su Fe por el fracaso aparente; que nadie viva de sentimientos superficiales la escucha de la Pasión. Lo que vamos a celebrar es el Señorío de Jesucristo en la Cruz. Y a modo de gran monición ambiental de la Semana, acompañamos con ramos de victoria y de paz al que camina hacia la muerte: ¡Es el Señor! ¡Hosanna! Escuchar hoy la Pasión. Proclamarla con solemnidad. Darle protagonismo. No ser fáciles en concesiones a paréntesis tolerados. Vivir el crudo realismo de la Pasión de Lucas. Y como única homilía, pudiera ser la de Jesús: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oir".

Hoy: porque en esta Eucaristía anunciamos la muerte del Señor y proclamamos su resurrección.

Hoy: en el hoy prolongado de la Gran Semana que llamamos Santa.

Aunque la paganía, en retroceso de siglos, torne a las fiestas de primavera. Ya Israel, nuestro padre en la Fe, había pensado que importaba más celebrar la libertad de Egipto que el paso a la primavera. Y Jesús avanzó lo infinito, haciéndonos celebrar la victoria sobre todos los poderes de muerte.

Entramos en la Gran Semana. Vamos a vivir el Misterio Salvador. La Pascua se acerca a nosotros con la invitación a sumergirnos en ella resucitados.

MIGUEL FLAMARIQUE VALERDI
ESCRUTAD LAS ESCRITURAS
COMENTARIOS AL CICLO C.Pág. 64


5. PALMAS/MARTIRIO

La liturgia de hoy se abre con la procesión de Ramos. Más que la bendición de los ramos mismos, lo importante es la participación de la comunidad agitando los ramos en esta procesión. Se trata de un homenaje a Cristo, que entra en Jerusalén como Rey de los mártires. La procesión expresa de manera sensible lo que ha sido nuestro peregrinar de Cuaresma: es la culminación de subir con Cristo a Jerusalén para vivir con él la Pascua. Por eso la segunda lectura de la misa (Filipenses 2, 6-11) es una llamada a compartir los sentimientos y actitudes de Cristo que actuando como un hombre cualquiera se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz.

La liturgia del domingo de Ramos incluye los dos polos del Misterio Pascual: rechazo y aceptación, sombra y luz, muerte y vida. De la alegría de la procesión, pasaremos a la contemplación de la Pasión. Estos dos polos encuentran su expresión más completa y perfecta en el altar de la eucaristía que, al mismo tiempo que sacrificio, es banquete festivo de los hijos de Dios. En el Oficio de Lecturas de hoy, la segunda, de san Andrés de Creta, nos propone muy bien los sentimientos espirituales con que debemos participar en la celebración hoy:

"...Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros.

.. Y si antes, teñidos como estábamos de la escarlata del pecado, volvimos a encontrar la blancura de la lana gracias al saludable baño del bautismo, ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria".

-PARA PARTICIPAR MEJOR EN LA LITURGIA DE HOY

Si es preciso, la procesión de Ramos puede hacerse en la Misa vespertina del sábado o del propio domingo por la tarde. Para evitar el desorden, conviene repartir los ramos a la entrada de la Iglesia, pues los fieles deben tenerlos en sus manos cuando se bendicen. Así se evitará también bendecir ramos que no se utilicen por los fieles en la procesión porque sobren. Los ramos que se lleven a lasa casas, son más importantes porque recuerden la procesión que porque estén bendecidos. En esta línea estará muy bien que el párroco haga llegar a las casas de los enfermos de la feligresía algunos ramos que se hayan utilizado en la procesión.

Al elegir los cantos para la procesión, lo mejor es cantar el salmo 23 y el 46 y otros en honor de Cristo Rey. Será muy oportuno ensayarlos mientras se va congregando la asamblea.

ÁNGEL GOMEZ
MISA DOMINICAL 1992, 5


6. 

Hermanos: Una vez más en nuestra vida, nos disponemos a revivir el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo en esta semana mayor del año litúrgico, o semana santa.

El domingo de Ramos abre esta semana entre gritos de júbilo y cánticos de esperanza, mientras el pueblo sale a la calle para aclamar a su mesías rey. Sin embargo, ¡cuánta confusión y cuánta contradicción en esta expectativa mesiánica que no logra comprender el proyecto del Reino, reino de amor y de justicia! El mesianismo fue para los judíos el signo de contradicción, hasta el punto de que no pudieron reconocer al Cristo crucificado como a su mesías esperado.

Y el mesianismo sigue siendo para los cristianos un concepto oscuro, bivalente y confuso. ¡Cuántas cosas se esconden detrás de nuestros vítores a Cristo rey! En este domingo procuraremos acercarnos un poco más al concepto evangélico de mesianismo, para que sepamos en quién creemos y a qué nos comprometemos cuando aclamamos a Jesús como a nuestro mesías, el enviado de Dios.

SANTOS BENETTI
EL PROYECTO CRISTIANO. Ciclo B.2º
EDICIONES PAULINAS.MADRID 1978.Págs. 99


7.

EL SENTIDO DE ESTE DOMINGO

El sexto domingo de Cuaresma recibe el nombre especial de Domingo de Ramos o de Pasión, y constituye el pórtico solemne de la Semana Santa, que culminará en la celebración del Triduo Pascual. En su estructura litúrgica, encontramos una a modo de anticipación de lo que celebraremos en el referido Triduo.

Efectivamente, la celebración del misterio pascual contiene los dos aspectos de muerte y vida, fracaso y triunfo. De la misma manera, los ritos del Domingo de Ramos se estructuran alrededor de dos ejes: la procesión aclamatoria en honor de Cristo y la lectura solemne de su Pasión en la misa. Estos dos aspectos no son contemplados independientemente uno de otro, sino íntimamente entrelazados: en el cortejo triunfal aclamamos a Cristo redentor, que se dispone a iniciar el camino que le conducirá a la cruz, y la lectura de la Pasión se inserta en la celebración de la Eucaristía, memorial de la resurrección del Señor. Daremos unas breves indicaciones para hacer resaltar ambos aspectos, tanto en el modo de organizar los ritos como en la predicación (que forzosamente hoy tiene que ser muy breve).

DOMINGO DE RAMOS

La bendición de los ramos continúa siendo para mucha gente el elemento más típico de este domingo, que algunos llaman el "Día de la Palma". Conviene hacer un esfuerzo pedagógico para hacer comprender que la verdadera importancia recae en los gestos comunitarios de aclamación en honor de Cristo Rey, más que en el hecho de la bendición y, menos aún, en los ramos, palmas o palmones en sí mismos.

Sea cual sea la forma que se escoja (procesión, entrada solemne, entrada sencilla), de acuerdo con las posibilidades del lugar de celebración, hay que hacer vivir la actitud de homenaje a Cristo Rey, que se dispone a entrar de una manera decidida y voluntaria en el camino que le llevará, primero, al sufrimiento y a la muerte, y, después, al triunfo y a la vida.

Para conseguir esta finalidad, no hace falta necesariamente atacar con dureza ciertas prácticas que, en estricta pureza litúrgica, deberían considerarse espúreas (como la ornamentación extravagante de palmas y palmones, agitarlos con excesiva vehemencia, golpearlos contra el suelo hasta dejar el extremo inferior convertido en "escoba", etc.). Más bien, se tendría que hallar la manera de reconducir todas estas prácticas a fin de que puedan convertirse en signos alegres de la aclamación popular a Cristo. Personalmente, no me parece mal que, como un elemento más de la aclamación, se invite al pueblo a dirigir un fuerte aplauso a la cruz de Cristo, a modo de rúbrica final de todo el rito conmemorativo de la entrada de Jesús en Jerusalén: así es como acostumbramos a homenajear a los victoriosos .

DOMINGO DE PASIÓN

La lectura solemne de la Pasión de Cristo -precedida por las otras dos lecturas y el salmo responsorial (que sólo se tendrían que suprimir en casos muy excepcionales)- constituye el otro polo de la celebración de este domingo.

La homilía debe ser muy breve, a fin de inculcar al pueblo que el relato de la Pasión es suficiente por sí mismo para hacernos sintonizar con la actitud profunda de Jesús ante el sufrimiento y la muerte.

Todos los relatos evangélicos de la Pasión -y de manera especial el que leemos este año, de san Marcos- sobrecogen por su sobriedad, sinceridad y emoción contenida. De hecho, constituyen el punto álgido del Evangelio: algunos exegetas dicen que cada uno de los evangelios no es más que un relato de la Pasión precedido de una introducción, más o menos larga. Estos relatos, sin embargo, no son una mera crónica de los hechos ocurridos: forman parte de la Buena Nueva del Evangelio, aunque se distingan -en estilo y contenido- del anuncio pascual propiamente dicho. Como dice Bernardo Sesboué (Les récits du salut, París 1991, p. 187), "hablando con propiedad, la resurrección no es objeto de un relato, sino de un anuncio. Eso no introduce ninguna exterioridad entre las dos caras del acontecimiento pascual. Al contrario, se da una interpenetración entre el relato de la pasión del Resucitado y el anuncio de la resurrección del Crucificado. Efectivamente, la pasión es narrada por unos testigos que creen en la resurrección y que justifican el anuncio que hacen de ella mediante el relato de los sufrimientos de Jesús. Únicamente los testigos de la pasión pueden convertirse en los apóstoles del mensaje de la resurrección".

JOAN LLOPIS
MISA DOMINICAL 1994, 5


8.

Tiempo fuerte de esperanza

Comenzamos hoy la Semana Santa. Tendrá sus días llenos de manifestaciones religiosas, las más diversas, pero todas ellas en relación con el misterio de la pasión y resurrección del Señor.

La primera parte de la liturgia de hoy -bendición y procesión de ramos- es una celebración litúrgica que actualiza un momento decisivo en los últimos días de la vida de Jesús: su entrada triunfante en la Ciudad Santa. Participar en esta liturgia hace posible que también nosotros formemos parte de la muchedumbre que lo acompañó aquel día. Vivamos esa procesión litúrgica como expresión de nuestro deseo y compromiso de vivir en comunión con Él durante estos días en los que se nos invita a participar en los Sacramentos Pascuales.

La lectura de la Pasión según san Lucas y las oraciones de la liturgia eucarística nos meten de lleno en la contemplación de los misterios dolorosos de la Pascua del Señor.

Pidamos al Padre con la oración colecta: "concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio, y que un día participemos en su gloriosa resurrección".

ANTONIO LUIS MARTÍNEZ


9.

La liturgia del Domingo de Ramos puede parecer desconcertante. Comienza con una procesión jubilosa y tiene una segunda parte en la que la comunidad cristiana es invitada a meditar la Pasión de su Señor. Esta aparente paradoja es una invitación a vivir esta Semana Santa dedicados a contemplar todo el misterio de Cristo.

Efectivamente, la liturgia que inicia la Semana Santa nos invita a desentrañar el misterio de Cristo que ya en la misma entrada triunfal en la Ciudad se presenta como rey pero cabalgando sobre un borrico. Ante Pilatos Jesús lo aclarará: 'Mi Reino no es de este mundo'.

En el relato de la Pasión que se lee en la misa de hoy encontramos, en el momento menos esperado, cuando todo se hundía con la muerte del Señor, una confesión de fe en boca de uno de sus verdugos: 'Realmente este hombre era Hijo de Dios'. Es un rasgo más del misterio de Cristo que, aunque propone el camino de la cruz, sigue cautivando corazones que le siguen profesando su amor, aún en medio de las mayores dificultades.

Antonio Luis Martínez


10. Para orar con la liturgia

Cristo, siendo inocente,
se entregó a la muerte por los pecadores,
y aceptó la injusticia
de ser contado entre los criminales.
De esta forma, al morir,
destruyó nuestra culpa,
y, al resucitar,
fuimos justificados.

Prefacio Domingo de Ramos