PRIMERA LECTURA

El primer mártir cristiano rogó por sus perseguidores. Su oración fue atendida, y su verdugo Saulo se convirtió en el gran propagador del Evangelio. Las comunidades cristianas dedican demasiado tiempo a denunciar a sus perseguidores, y muy poco -o ninguno- a orar por ellos.


 


Lectura de los Hechos de los Apóstoles- 7,55-60.

En aquellos días Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:

-Veo el cielo abierto y al Hijo del Hombre de pie a la derecha de Dios.

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y como un solo hombre se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los presentes, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Sáulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:

-Señor Jesús, recibe mi espíritu.

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito:

-Señor, no les tengas en cuenta este pecado. Y con estas palabras expiró.

Y Saulo aprobaba aquel asesinato.