COMENTARIOS A LA PRIMERA LECTURA
Hch 7, 55-60

 

1. ESTEBAN/SAN

Esteban fue uno de aquellos siete varones elegidos por la comunidad cristiana de Jerusalén para cuidar de los pobres y las viudas. Pertenecía al grupo de los "helenistas", es decir, al número de aquellos cristianos que procedían de la gentilidad. Su predicación elocuente, seguida por el éxito entre los gentiles y acompañada por el odio de los judíos, que veían en ella una amenaza a sus viejas instituciones religiosas, dio pie a la primera persecución de los cristianos y a su propio martirio. El autor recoge en este texto un documento, un acta martirial, sobre la muerte de San Esteban. Nos informa primero de su predicación y del escándalo que produce con ella, después de su acusación y de su proceso, para concluir con el relato de su muerte. Toda esta información se hace destacando el paralelismo con la pasión y muerte de Jesús. Con Esteban comienza el recto seguimiento de Cristo hasta la muerte, por eso es el Protomártir, o primer testigo.

Los "cielos abiertos" es una expresión simbólica frecuentemente utilizada en la Biblia para designar la manifestación de Dios a los hombres. Esteban, en medio de sus enemigos, tiene la experiencia de la comunicación divina. Entusiasmado, lleno del Espíritu Santo, ve la "gloria de Dios" (recuérdese la "nube luminosa" del Éxodo) y a Jesús de pie (exaltado a la derecha del Padre, presenciándolo todo y animando a su testigo). Y al proclamar lo que ve, confiesa Esteban ante los hombres que Jesús ha resucitado.

Los enemigos de Esteban interpretan esta confesión como una blasfemia (cfr. Mc. 14, 62), se tapan los oídos para no tener que oírle y se disponen a ejecutar la sentencia indicada contra los blasfemos por la ley (Lev. 24, 16). La narración destaca solamente, los detalles sobresalientes, por lo que puede dar lugar a pensar que no hubo un juicio formal y que se trató de un linchamiento; sin embargo, se inició un proceso legal contra Esteban (Hch 6, 12 ss.) y su muerte por lapidación ocurrió según lo prescrito: el condenado por blasfemo debía ser echado fuera de la ciudad, conducido a un alto y precipitado por el primer testigo de la acusación; si seguía con vida, el segundo testigo le arrojaba una piedra pesada al corazón, después podían ya apedrearle todos los hijos de Israel.

Esteban muere entregando su espíritu al Señor Jesús, lo mismo que Jesús murió poniéndose en las manos del Padre.

Y también como Jesús, muestra Esteban su grandeza de alma perdonando a sus enemigos y pidiendo al Señor que no tenga en cuenta su pecado (cfr. Lc. 23, 34). Saulo está presente como delegado del Sanedrín, del tribunal que había sentenciado la muerte de Esteban. Saulo cuida de que todo se ejecute según la ley (cfr. 22, 20).

Con la muerte de San Esteban se desencadena la primera persecución de los cristianos, que se cebaría especialmente en el grupo de los helenistas y se desarrollaría bajo la dirección de Saulo. Pero este hombre celoso de la ley y discípulo de los fariseos, llegaría a ser un día Pablo, el Apóstol de los gentiles y el paladín de la libertad de los hijos de Dios contra las pretensiones de los judaizantes. Pablo recibiría en herencia el espíritu de Esteban, su primera víctima.

EUCARISTÍA 1974/32